Ayer venía manejando y al bajar por la Diana en Gómez Morín tuve un flashazo. La iluminación del sol también hizo que me mente conectara con un recuerdo de hace muchos años, probablemente cuando estaba en la universidad. De muchas tardes que saliendo del Tec me iba a departamentos de amigos que vivían por ahí.

A tomar y tomar y fumar y fumar y oír música y a no estar. A encontrar en esos lugares (y en otros mucho peores) el único alivio para lo que sentía. Ese poder respirar solo cuando le daba el primer trago a mi whisky o Bacardi (porque tomábamos mucho bacacho).

Recordé ir con ellos por tachas y demás con un conocido dealer en Fuentes del Valle que era muy popular en aquella época. Recordé estar en algún décimo piso de varios edificios de departamentos, mirar por el balcón y desear tirarme al vacío y nunca poder hacerlo.

Recordé por segundos que duró en flashback lo horrendo que es estar atrapado en una enfermedad mental y no saber que la tienes, ni qué te pasa y esa inhabilidad de disfrutar la vida que me persiguió desde niña y hasta que entré en recuperación.

Hoy la vida es completamente diferente y la disfruto lo más que puedo. Nunca más estar atrapada en mi mente ni sentir y pensar cosas que no son realidad; ni buscar soluciones químicas a problemas emocionales.

Nunca más estar aislada del mundo con un dolor tan viejo como tu edad que no logras entender. Ese poder tiene la recuperación: te reintegra y te hace una con el universo. #RecoverLoudly

Por Karla Torres