Una evidencia clara del complot contra los chihuahuenses, intentando hacernos creer que la pandemia apenas nos ha tocado, está desvelándose aceleradamente en el gremio de la bata blanca. Ha trascendido que un neumólogo de nombre René Flores, con dos décadas de servicio en el Hospital General de ésta capital, atendió durante semanas a un paciente que presentaba el cuadro típico del coronavirus. Frente a la obviedad, el doctor pidió a la Secretaría de Salud aplicar el examen, quería confirmarlo, pero increíblemente rechazaron su pedido, sin ofrecer explicación.

El doctor, seguro de que el paciente era otra víctima mortal de la pandemia, como indicaban todos los síntomas, explicó en su cuenta de twitter lo sucedido, subrayando la negativa de la Secretaría al examen confirmatorio. Trágame tierra, jamás lo hubiese hecho, pronto habría recibido una llamada de importante funcionario “recomendándole” que bajase el mensaje a la de ya, apercibido que de no hacerlo perdería su plaza. El Dr. bajó el mensaje para evitarse más problemas.

¿Tanto así? Cómo dije, es una versión extendida entre médicos, usted tómelo con las reservas del caso, los médicos en el entorno del Dr. Flores, neumólogo respetado con limpia trayectoria, la tienen por verídica. El caso está comentándose también en redes, por compañeros de trabajo y amigos del médico que han brindado su apoyo solidario.

Agreguemos al contexto la negligencia criminal con que el gobierno de López Obrador, en cuya sintonía está el de Javier Corral al cien, ha tratado la pandemia, negándose a realizar exámenes masivos, como recomienda la OMS y los especialistas alrededor del mundo. Pretenden engañarnos como si fuésemos niños de pecho.

La estrategia de hacer pasar a la pandemia como asunto menor en nuestro país, la vimos desde que el Presidente la subestimó con aquellas invitaciones a los abrazos y besos, cuando ya la teníamos en nuestras puertas; después vino la burla de los tréboles y amuletos como defensa segura, una vez que nos asaltó, y hasta el lunes pasado transitó en complaciente displicencia, en vísperas de la fase más critica.

Apenas el lunes, durante la sesión del Consejo General de Salud, hicieron recomendaciones sensatas, con el plan general de guardarnos y la obligación de parar actividades no esenciales. Pero la obstinación de no hacer pruebas se mantiene, obligándonos a permanecer en cuarentena sin idea de lo que sucede en el entorno.

Quizás confían en que, como dice el Presidente, los mexicanos somos más resistentes que norteamericanos y europeos, ridícula versión sostenida en que si tenemos capacidad de alimentarnos con tacos de perro y ratas de alcantarilla, es por la fortaleza de nuestro sistema inmunológico.

¿Será? Habría que ver, los chinos cerraron una urbe de 15 millones de personas, Wuhan, el epicentro mundial, para contener las muertes y allá, además de perros y ratas, comen murciélagos, serpientes, pangolines y cuanto animal doméstico o salvaje tienen a la mano.  Pongamos, entonces, asterisco a eso de que nuestra fortaleza inmunológica es más poderosa que la de otros pueblos.

Con independencia de las motivaciones para minimizar institucionalmente la contingencia, es una perversidad criminal ocultar información o simular que la crisis en México es diferente a la de otros países. Encima torpe si, como afirman, en los próximos días los hospitales estarán saturados de pacientes.

Cuando la gente vea muertos diarios por cientos –En Estados Unidos ayer murieron 600- entrará en pánico y hasta los más fieles seguidores del Líder Amadísimo dudarán de su palabra. En ese momento será imposible negar la gravedad, como presumiblemente intentan hacerlo con el primer caso mortal de Chihuahua.

Y si no podrán ocultar una mortandad así –espero sinceramente que no suceda- menos cuando millones de mexicanos pierdan sus empleos por el colapso financiero que viene caminando a la par de la pandemia. Con bolsillos vacíos y aterrados por que los alcance el virus, no habrá recomendación que valga, así López Obrador y su gabinete de acólitos nos recuerde la fortaleza inmunológica propia de mexicanos e invoque el “detente” de las estampitas milagrosas. 

Froylan Castañeda