Don Herculano de la Rocha fue un rico minero de Copalquín, Tamazula Dgo., que entró en la revolución junto con su hija Clarita y todo un grupo de serranos duranguenses cuando Juan M. Banderas y Ramón F. Iturbe se fueron a la sierra y tomaron el pueblo de Topia.

Participó activamente en la toma de Culiacán el 2 de mayo de 1911. Con su grupo de serranos encabezó el ataque a la Casa de Moneda lo mismo que en los combates de la catedral y en la batalla en la iglesia del Santuario donde los revolucionarios lograron la rendición de los federales.

Puso su cuartel general en Los Mezcales, para allá para el rumbo de La Loma de Rodriguera, y otro en la Redonda, el patio del ferrocarril.

El general Ángel Flores lo mandó a Navojoa para que Junto con Antonio Castro persiguiera las huestes de Felipe Misi Bachomo, líder de los rebeldes mayos, a quien atacó en Los Mochis, Canayaca y Choacahui, logrando dispersar a la mayor parte del ejército mayo.

Alcanzó el grado de general.

Durante la revolución se codeó con Juan M. Banderas, Ramón Iturbe y otros más. Acudió a la convención de Aguascalientes en donde entre otros muchos personajes del movimiento armado conoció a Felipe Ángeles y Eulalio Gutiérrez y viendo que don Herculano que era hombre de una sola palabra cayó tan bien que incluso, se dice que alguien pidió que se le propusiera para presidente de la república, cosa que él de inmediato desechó diciendo que un huarachudo como él no debería ser jamás presidente.

y bueno si era hombre de una sola palabra pero era bastante carajo, son muchas las anécdotas que de él existen principalmente en lo referente a la justicia, Simón, no le gustaban las injusticias y apoyaba pero machín a los más débiles, y en cuanto a los ladrones, uta canuta, los perseguía incansablemente, y esta me la platicó la maestra Angelina González de la Rocha en una entrevista que tuve con ella hace un par de años, y así me la platicó: “…Con decirle que en ese sentido no perdonó ni a su hijo, a quien mandó fusilar por defender a un amigo de el que se había robado una minucia, pero que para don Herculano era igual de grave que si se hubiera robado la catedral. El caso es que al defender el hijo al amigo, le preguntó que si él respondía por el ladrón y el muchacho dijo que sí, por lo que el general le dijo al ordenanza:

— Muy bien, suelten al otro y fusilen a este.

— Pero general, exclamó el ordenanza, es su hijo.

— ¡Es una orden!, gritó el general.

Claro que no lo fusilaron porque pues todos conocían al muchacho desde que era un chiquillo y lo traían a grupas, le dijeron: ¡Pélate!, y el muchacho se fue, y los soldados hicieron la faramalla con órdenes y disparos y todo que lo habían fusilado para que él oyera que se había cumplido su orden, ah bueno, pues dos años después que regresó el muchacho, ya el general en su lecho de muerte y llegó pues para despedirse de él, al decirle el muchacho.

— Apá, ¿Cómo está?, soy fulano.

El general contestó:

— Para mí, desde hace tiempo ya estás muerto.

Así que cómo la ven con el general y bueno, finalmente falleció en 1918 y fue enterrado en un Mausoleo en el camino a Molo viejo, pero al parecer después trasladaron sus restos al panteón civil de Culiacán.

Por otro lado de Clarita se dice que con su excelente puntería acabó con varios de los federales que se encontraban refugiados en la Catedral, aquel que se atrevía a asomar la cabeza caía herido de muerte por un tiro de su rifle.

Clara alcanzó el grado de coronel, después de la batalla se retiró a la vida privada y se quedó a vivir en Culiacán, su casa estaba ahí por el Blvd. Madero, casi enseguida del auditorio del PRI. Murió en 1970.

Son pocas las fotografías conocidas de él, esta que les pongo aquí es de antes de la batalla en la que perdiera un ojo.

Se dice que existe una fotografía además de la que aparece con un vendaje cubriéndole un ojo que hay otra foto que no me ha tocado ver en la cual aparecen: Felipe Ángeles, Eulalio Gutiérrez, Herculano de la Rocha y Martín Espinoza en una reunión.

Les aclaro que en la entrevista que tuve con la maestra Angelina tuve ocasión de ver un sinfín de fotos de la enorme familia de la Rocha, varias de Clarita, y de otros tantos personajes de la Rocha, pero ninguna de don Herculano, era raro que se tomara una foto.

Mario Alvarado