Casi cuarenta y dos años habían pasado desde aquel día 1ro de Diciembre de 1909 en que fue inaugurado el primer hipódromo que tuvo Ciudad Juárez.

Un año antes de ese de 1909, Matt Winn y J. S. Fallasnbee anunciaban desde Nueva York su intención ya muy avanzada de construir y operar un hipódromo en Ciudad Juárez. Una oleada de restricciones a las carreras de caballos y apuestas en los Estados Unidos había llevado a ambos empresarios a madurar la idea de llevar las carreras de caballos a la ciudad fronteriza, al otro lado del Rio Bravo, frente a El Paso, Tx.

Los empresarios, reconocidos en el negocio de los hipódromos en la nación del norte, no estaban solos, se habían asociado con un prominente hombre de negocios mexicano, Alberto Terrazas, nada menos que el hijo de Don Luis Terrazas, el hombre más poderoso de Chihuahua, amigo de Porfirio Díaz y suegro del gobernador Creel. En realidad Luis Terrazas era el poder detrás del poder, era el “mandamás” del Estado de Chihuahua.

Dada las razones anteriores, no fue nada difícil conseguir los permisos del gobierno federal, con Don Porfirio Díaz a la cabeza. En poco más de un año la Compañía Jockey Club de Ciudad Juárez, cuyos socios principales eran Winn, Fallasnbee y Terrazas, construyo e inauguro el gran Hipódromo de Ciudad Juárez.

El Hipódromo de Ciudad Juárez se ubicaba a unos dos kilómetros al sur de Ciudad Juárez, que contaba con unos once mil habitantes, apenas.

1909 había sido un gran año para la Ciudad y la inauguración de aquel coloso hípico cerraría con “broche de oro” aquel fastuoso año. Ese año se había puesto la primera piedra para del Monumento a Juárez, se celebraban los veinte años de la inauguración de la Aduana Fronteriza, que se había remodelado fastuosamente para el máximo evento del año, la entrevista de los presidentes Diáz y Taft. El Patio de la Aduana fue puesto a nivel, se le doto de un gran techo y aquel gran espacio se transformó en un gran salón de recepción que fue decorado arquitectónicamente con influencia francesa, como lo era también el edificio.

Luego en Octubre se realizó la entrevista entre los dos mandatarios, que puso a Juárez en los “ojos del mundo”. La entrevista se convirtió en un hecho histórico.

Fue así como aquel año cerro con “broche de oro” con la inauguración del gran Hipódromo de Ciudad Juárez. El evento se había hecho coincidir con las “Fiestas de Ciudad Juárez”, las antiguas “Fiestas de Guadalupe” que se celebraban desde que la Ciudad era la Villa de El Paso del Norte, en todo el mes de diciembre y que atraían no solo a los propios, sino también a cientos de extranjeros del suroeste americano.

Ese día del 1ro de Diciembre de 1909 se inauguró el imponente edificio y demás instalaciones del Hipódromo de Ciudad Juárez que habían tenido un costo de $300, 000.00 Dlls. pero que habrían de ampliarse con la construcción de un gran hotel y llegarían al millón de dólares. El edificio se convirtió en emblemático y también, cabe decir, en el más grande de la Ciudad desde ese día y hasta día en que desapareció.

Más de siete mil personas llegaron por todos los medios de aquel tiempo, incluido por el tranvía que llegaba por un ramal que se había construido desde la Avenida Lerdo, para seguir por la calle Ramón Corona y luego por la Constitución para “agarrar” la recién abierta Avenida Hipódromo para llegar finalmente a su destino.
Miles de hombres de traje, bombín y abrigos de lana y casimir, así como decenas de damas con glamorosos vestidos llegaron ese día al Hipódromo.

Seis carreras de “una milla” se efectuaron, sin embargo la principal y la más emocionante fue la de la “milla y media” que arranco gritos de alarido a todos los asistentes y en la que resultó ganador el caballo “Pinkota” haciéndose acreedores sus dueños y el jinete a la gran bolsa de $2, 000.00 Dolares, para quien resultara ganador. Para la gente fue una gran tarde y un gran espectáculo que fue recordado por muchos años.

Sin embargo, ese año de 1909 fue el último de la “paz porfiriana” ya que en 1910 el país entero se levantaría en armas y Cd. Juárez, en 1911, sería el campo de batalla final y crucial para aquello que empezaba a llamarse como Revolución Mexicana del que el mismo Hipódromo fue testigo, participante y víctima.

En esa batalla de 1911, por esa parte entraron algunas de las fuerzas maderistas a atacar la Ciudad y hasta trataron de llevarse los “pura sangre” para engrosar su “caballada” cosa que una negociación con los jefes maderistas y el mismo Madero evitaron.
Luego por sus gradas pasaron Venustiano Carranza, en marzo de 1914 y el general Hugh Scott en 1915, como invitado personal del general Villa quien además era visitante regular al Hipódromo y del cual hasta se guardan “anécdotas” ligadas a su temperamento.

Fue el mismo Villa quien hizo “víctima de guerra” al Hipódromo cuando en 1919, en su etapa de guerrillero, trato de tomar Ciudad Juárez y eligió al Hipódromo como su “cuartel de avanzada”. Eran tiempos ya en que la gente y los Estados Unidos, estaban cansados de tanta guerra. Aquel día el ejército americano, sintiendo que el suelo americano y sus habitantes corrían peligro, disparo varios cañonazos hacia el Hipódromo, mas con el propósito de intimidar a Villa que de destruir el edificio. El “miedo no andaba en burro” ya que Villa y su tropa salieron huyendo del inmueble y de la Ciudad. Sin embargo el Hipódromo sufrió un “bombazo” en una de sus torres que dejo el techo afrancesado con un gran agujero que lo acompaño hasta sus días finales.

Diez años duro el periodo de la lucha interna que llevo al país a un gran caos del que el Hipódromo fue una gran víctima.

Oficialmente el Hipódromo cerro en el año de 1917 y a partir de ahí numerosos intentos se hicieron para revivirlo como hipódromo, pero cada intento fue inútil y financieramente resultaron un fracaso. Juárez y sus visitantes habían cambiado, ya no quisieron ir a “las carreras”.

Ni siquiera la Era de la Prohibición pudo traer de nuevo “el deporte de reyes”, las carreras de caballos. Los “gringos” eran atraidos por el “trago y la onza de whiskey”, pero no por las carreras de caballos.

El gran hipódromo se convirtió en pista de carreras de autos, en el lugar para ver peleas de box, en pista de acrobacias motociclisticas, centro de refugiados migrantes y “braceros” que fueron regresados de los Estados Unidos, luego como campos de “béisbol llanero”.

Y eso sí, como no recordar que su gran terreno y pista de carreras fue usada como pista de aterrizaje cuando aquel día 2 de Septiembre de 1927, el capitán piloto aviador Emilio Carranza, aterrizo de aquel histórico primer vuelo sin escalas en su avión “Quetzalcóatl II” y llamado “Coahuila”, entre la Ciudad de México y Ciudad Juárez, en el que hasta ese momento era el vuelo más largo realizado por un piloto mexicano.

Pero el Hipódromo era como un gran gigante herido de muerte, su último aliento lo había tenido en el año de 1950 cuando decenas de autos de carreras tipo “turismo”, pernoctaron en lo que habían sido caballerizas y que al día siguiente iniciaron, desde ahí, su rugiente y loca carrera hacia el Ocotal, Chiapas, en la frontera con Guatemala, en aquella Primera Gran Carrera Panamericana Cd. Juárez – Ocotal.

Las deudas fiscales se fueron acumulando tanto de la hacienda pública estatal como de la federal y su terreno de 74 hectáreas, instalaciones y enceres, fueron embargados en 1933 iniciándose un largo proceso de remate que culmino en 1937. Un poco antes, en 1935, el presidente General Lázaro Cárdenas, decretó la prohibición de los casinos, centros de juego y lugares de apuesta, entre ellos las carreras de caballos. Era el “tiro de gracia” para el hipódromo después de los fallidos intentos por “volverlo a la vida”.

Lo que fue su pista, ese gran terreno, fue vendido en partes, pero el adquiriente mayor y también del edificio y demás instalaciones fue la Compañía Fraccionadora Mexicana, S. A., cuyo apoderado legal era un Sr. Carlos Borunda.

Así se llegó a ese día 5 de Julio de 1951 en que la prensa informo que se habían iniciado los trabajos de demolición del Hipódromo, empezando por la desmantelar la gran tribuna. En pocas semanas casi todo fue derruido, quedando al final sus dos torres que fueron el último paso para la desaparición total del Gran Hipódromo de Ciudad Juárez.

La Compañía Fraccionadora Mexicana, construiría ahí la que conocemos como Colonia Ex Hipódromo, a un lado de la populosa Colonia Melchor Ocampo que desde los años treinta empezaría a formarse en terrenos colindantes al Hipódromo.

Esa fue la gran historia de un lugar y un edificio que fueron emblemáticos del Ciudad Juárez de principios del Siglo XX, un edificio que aún vive en los recuerdos de muchos juarenses mayores de setena años…

Las fotografías…

Dos tarjetas postales, la primera, en la parte superior una de 1909, “coloreada” en la que podemos ver el gran Hipódromo desde la parte de su entrada principal. Una tarjeta postal rara ya que desde este lado del edificio es raro ver una fotografía “coloreada” de la época en que se inauguró, con todo su esplendor, una plazoleta en el frente, bien cuidada y aquellos autos y tranvías que esperan a que la multitud termine de ver el gran espectáculo de las carreras de caballos.

Luego vemos una fotografía, tarjeta postal también, producida por la empresa “México Fotográfico”, en el año de 1933 aproximadamente. Al Hipódromo le han pasado ya sus “viejas glorias” y hasta luce el “histórico boquete” que le hizo el cañonazo del ejército americano en 1919, por culpa de Villa. Aunque se ven las vías, los tranvías hace buen tiempo que han dejado de dar servicio hasta el viejo Hipódromo y aquella plazoleta bien cuidada ha desaparecido, ahora aparecen ahí, en primer plano, las “potenciales” plantas que se convertirán en “rodadoras” y también algunos “chamizos”, mientras que algunas palmas se han sembrado en su frente inmediato al edificio. En estos años, el edificio “sobrevive” con esporádicos espectáculos de “segunda” y aunque sus días de existencia estaban contados aun pasarían casi veinte años para verlo caer.

Crónica por Jaime Federico Rico