ME VOY PARA EL NORTE PADRE


Escrito por Francisco Rodríguez.
La discusión estaba acalorada en la plaza de aquel pueblo. Todo había empezado como un comentario de Nicanor, diciendo que esa noche dos de sus hijos se iban para El Norte.

Su compadre Cándido Munguía se lo recalcaba, que el Norte era para traidores. Un verdadero campesino nunca abandona la tierra. En ese tiempo estaba mal visto que los jóvenes se fueran para Estados Unidos.


-¡Yo nunca voy a dejar que un hijo mío se vaya para el norte! -Decía Cándido- Somos campesinos, debemos trabajar la tierra. No existe ningún motivo para abandonarla.


-Estás mal compadre Cándido – respondió Nicanor furioso – el Norte es el futuro, mis muchachos se van para el Norte porque allá van a hacer fortuna.


-La fortuna está en la tierra. Si un día un hijo mío se va para el Norte y deja de sembrar, haga de cuenta compadre que ese hijo mío está muerto. Yo nunca lo voy a permitir, nunca, escuchó bien ¡Nunca! ¡Por ningún motivo! Sus hijos son unos traidores compadre Nicanor, unos traidores que abandonan la tierra que siempre les ha dado de tragar.


-¡Pues viéndola bien, a usted que chingados le importa!


-¡Pues viéndola bien, tiene razón! ¡Y aquí se acabó el compadrazgo! ¡Yo no quiero ser padrino de uno que abandona la tierra que lo vio nacer!


-¡Pues tizne a su madre compadre!
-¡Pues tizne a la suya! ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Un día voy a ver a sus hijos regresar con la cola entre las patas, muriéndose de hambre! ¡Un hijo mío, jamás se va a ir para el Norte!

Que lejos estaba de imaginar Cándido Munguía, que esa misma noche uno de sus hijos se iba a ir para el lugar que criticaba y él no lo podría evitar.


La charla de Cándido y Nicanor casi terminó en golpes. Sin despedirse uno del otro, fueron a sus casas. Cándido reía a carcajadas burlándose de su compadre porque sus hijos lo abandonaban.


-Lo estaba esperando padre – Dijo Fernando, el mayor de los hijos de Cándido al mirarlo llegar a casa – Tengo urgencia de hablar con usted.

  • ¿Para que soy bueno mijo?
    -Quiero que vaya a pedir a mi novia. Nos queremos casar.
    -Mira nada más, a que mi´jo. Está bien ¿Quién es la afortunada?
    -Es Maribel, la hija de doña Leonor. Sí me hace favor padre, ella y yo ya estamos apalabrados.
    Cándido cambió de color. Palideció al escuchar el nombre de la novia. Carraspeó y respiró hondo. Duró unos segundos en contestar.
    -Está muy fea esa muchacha mi´jo ¿Por qué no se busca otra? Hay muchas y más bonitas.
    -No apá, yo quiero a Maribel y ella a mí.
    Cándido se quitó el sombrero y rascó su cabeza. Miró a su hijo de tal modo que no encontraba las palabras para contestarle.
  • ¿Qué pasa padre?
    -No le conviene esa muchacha mi´jo ¿Cómo le diré? Ella no es lo que piensas.
    -No le entiendo padre ¿Sabe algo de Maribel? O me lo dice al tanteo. Yo la amo y le voy a pedir que la respete, no se le ocurra hablar mal de ella.
    La esposa de Cándido desde la cocina, donde calentaba la cena estaba atenta a la charla entre padre e hijo. Ya sabía de los planes de Fernando y esperaba la respuesta de su marido.
    Cándido bajó la voz y agregó.
    -Mi´jo, ¿Usted sabe lo que fue Leonor? ¿Qué le gustaba el tilingo lingo?
    -Pos eso dicen, pero qué tiene que ver que yo me quiera casar con Maribel. Ella no es igual que su madre.
    -Véngase para acá para afuera mi´jo. Tengo que hablar con usted de hombre a hombre.
    Salieron al patio. Cándido volteó para cerciorarse que no los escuchaba su esposa.
    -Es que, esa muchachita y yo… pues la mamá era bien pu… bueno, pues Mariano el esposo de Leonor era re cornudo y… pues…pues ¡Pues que la chingada! te voy a contar la verdad. Pero no le vayas a decir nada a tu madre. Ella no sabe nada. ¿Me prometes que no le vas a contar nada a tu madre?
    Se notaba mortificado. Su hijo estaba intrigado. No entendía la actitud de su padre.
    -Está bueno padre, cuénteme.
    Cándido duró algunos segundos pensando. Se le perló la frente de sudor. Se apretaba una mano con la otra, por fin empezó a hablar.
    -Te voy a contar desde el principio. Cuando Mariano se casó con Leonor, dicen que no le sirvió como hombre a cabalidad. Leonor era muy del gusto, no se conforma con una sola bailada ¿Usted me entiende, verdad mi´jo? – el muchacho movió la cabeza afirmativamente – pues dicen que la primera noche que pasaron juntos, Mariano le cumplió como hombre, pero solo una vez y Leonor quedó a disgusto, entonces que le dijo “Mira Mariano, yo quiero más, pero veo que tú ya no puedes y así no va a funcionar la cosa, yo creo que mejor aquí la cortamos, tú, tu camino, yo, por el mío”. Mariano se puso muy triste y le dijo que la amaba mucho, que no la quería perder, pero ella no tenía llena para eso del sexo pues. Entonces se le ocurrió una cosa; prestar a Leonor a otros hombres para que estuviera contenta. A final de cuentas le fue bien, porque hasta cobraba porque usaran a su mujer.
    Eso trajo consecuencias mi´jo, ¿Qué más se podía esperar? El hijo más grande si lo miras bien, has de cuenta la cara de los Aguilares, es hijo de Gerónimo. La otra Muchacha, la que está bien güera y tiene ojos verdes, ya sabrás de quien es, pues de Rómulo, igual de güera que él, y Maribel…pues ella…
    Cándido guardó silencio unos segundos. Sacó su paliacate y limpió el sudor de su frente, con el rostro agachado dijo.
    -Maribel tiene en la espalda, el mismo lunar que tú tienes en las corvas y yo en el hombro. Se lo vi recién nacida cuando Leonor me mandó llamar para que la conociera “Mira Cándido” me acuerdo que me dijo “Es hija tuya”.
    El silencio se hizo tenso. Cándido ya no dijo más. Su hijo le dio la espalda para que no viera las dos lágrimas que rodaban por sus mejillas.
    -Padre – por fin dijo el muchacho – Me voy para el Norte, al rato se van los hijos de mi padrino Nicanor, me voy con ellos. Yo creo que no voy a regresar nunca.
    El viejo también limpió sus ojos llorosos. Solo atinó a responder.
    -Está bien mi´jo, váyase, que Dios lo bendiga.
    Cándido tuvo que tragarse sus propias palabras. Su orgullo se hizo pedazos. El pasado le hacía un reclamo y lo pagaba con lágrimas de su alma.