Carta para mi hijo:


No olvides que aunque existan sombras en ti (de hecho todos las tenemos) ellas nunca serán mayores que tu luz.


No olvides que eres amado incondicionalmente, que a veces tus acciones podrán ser no aceptables, pero tú siempre serás aceptado.


No olvides que desde que estabas formándote, estamos conectados, mediante un lazo, flexible, invisible e infinito.

Indudablemente tu destino te llevará por un camino diferente al mío, (debes escribir tu propia historia) y doy gracias a Dios por eso, ten en mente, que yo estaré siempre del otro lado de ese lazo.

Aunque a veces sientas que ese lazo está demasiado tenso, o quizá que es muy delgado, incluso si llegaras a pensar que no existe, no olvides que siempre estaré en el otro extremo, viendo tu evolución como ser humano, sin juzgarte, esperando por tu llamado si alguna vez necesitas un “yo creo en ti”, echándote mis mejores porras en tus momentos exitosos o dispuesta, para en el momento necesario sentarme a tu lado para escuchar todo lo que necesites desahogar.

O simplemente para decirte un sencillo pero genuino TE AMO, estoy para ti y mientras mi corazón lata en éste plano, contarás siempre conmigo.