20 de julio, 1923. Es asesinado Francisco Villa en Parral, Chihuahua.

Para el año de 1923, Francisco Villa, con 45 años de edad, ya no era aquel que, para despistar a propios y extraños, solía despertar por la mañana en un lugar distinto al cual se había acostado la noche anterior; tampoco era ya aquel magnifico jinete capaz de resistir largas jornadas arriba de su caballo como solia hacerlo durante la campaña militar en contra del huertismo. Se había alejado de la vida militar y de guerrillero. Al término de su vida, Villa sufría de sobrepeso y se le dificultaba subirse al caballo. Había cambiado una vida azarosa por una estable y tranquila. Se dedicaba a administrar la hacienda que le fue cedida, tres años atrás, por el Gobierno del presidente interino Adolfo de Huerta, mediante el llamado “Pacto de Sabinas”, con la condición de fijar su residencia en dicha hacienda y de no volver a empuñar un arma en contra del gobierno constituido ni de algún compatriota.

De visita en la ciudad de Parral, Chihuahua, por asuntos personales, Francisco Villa pasó la noche anterior a su asesinato, aquel 20 de julio de 1923, en la casa de la señora Manuela Casas, madre de su hijo Trinidad, y se preparó para viajar de regreso a su hacienda, aproximadamente a las 7:45 de la mañana.

Al abandonar la casa, Villa decidió tomar el volante del automóvil Dodge Brother que lo conduciría a las orillas de Parral acompañado por cuatro escoltas, su secretario, Miguel Trillo y Rosalío Rosales, su chófer. Trillo se sentó a su lado; Rosalio viajó en el estribo del automóvil, tomado de la parte superior del parabrisas; en el asiento trasero viajó el capitán primero, Ramón Contreras, jefe de la escolta, y Daniel Tamayo. En los asientos convertibles Claro Hurtado, asistente de Trillo, y el Mayor Antonio Medrano.

Hacia las 7:50 de la mañana, el automóvil en el que viajaban Villa y sus acompañantes avanzó por la calle Juárez, y tan solo 300 o 400 metros delante, en la esquina de un callejón llamado Meza, un sujeto de nombre Juan López Pardo, y que formó parte del plan para el asesinato de Villa, vio a su victima al volante y se quitó con una de sus manos su sombrero para limpiarse con un pañuelo el sudor de su frente, señal que sirvió para indicarle a sus cómplices, escondidos en una casa ubicada pocos metros adelante, en la calle de Gabino Barreda, que Villa venia abordo y manejando el automóvil.

Cuando el coche inicio un giro a la derecha para tomar Gabino Barreda, iba muy despacio, por que el camino estaba totalmente enlodado. El agua impedía ver una zanja y las ruedas delanteras se atascaron. Villa ordenó a sus escoltas que bajaran a empujar el automóvil, y tras unos instantes de esfuerzo, lograron sacarlo. Villa permaneció al volante hasta que la escolta se acomodó nuevamente en los asientos traseros y el estribo.

Al continuar su camino, unos metros delante, las puertas de la casa en la cual se escondían los pistoleros con la tarea de matar a Villa, se abrieron repentinamente, y Jesús Salas Barraza, José Barraza, Librado Martínez, Melitón Lozoya, Román Guerra, Librado Martínez, Ruperto Vera y José Sáenz Pardo abrieron fuego en contra de su victima y sus acompañantes. Las primeras ráfagas destrozaron el parabrisas y acribillaron a Villa, quien recibió 13 impactos; dos de ellos en ambos codos, uno en el abdomen, lastimando seriamente los intestinos; un cuarto a la altura del pecho que destroza los pulmones, otro impacto en el corazón, quedando éste severamente dañado al tratarse de una bala expansiva; el sexto disparo se impacta en su mano derecha, que de igual manera es destrozada y seis rozaduras de distintos calibres en diferentes partes del cuerpo.

No le había dado tiempo de sacar la pistola. Trillo intentó incorporarse para sacar el revólver y en ese momento lo hirieron en el pulmón, hizo un extraño arco y quedó con el cuerpo colgado de la ventanilla del coche, con una pierna atrapada bajo el muslo de Villa y la columna vertebral destrozada por las balas. Rosalío Rosales recibió un tiro en la frente y cayó muerto del estribo.

Daniel Tamayo recibió 13 impactos, muchos de los cuales habían hecho antes blanco en Villa; quedó con su rifle entre las piernas y un cigarrillo encendido en la mano.

El coche se detuvo al chocar contra un poste de telégrafos, rebotó y quedó a mitad de la calle mientras los disparos continuaban. Los tres supervivientes salieron del automóvil. Claro Hurtado, herido en el estomago por una bala expansiva, logró alejarse para llegar a un hospital y morir minutos después.

Ramón Contreras, herido en un brazo, el cual le será amputado posteriormente, pudo sacar la pistola y respondió disparando dos veces, logrando matar a Román Guerra. Antonio Medrano fue herido y se metió debajo del automóvil simulando estar muerto, falleciendo días después a causa de las heridas.

Al pistolero Salas Barraza se le encasquilló el rifle, tomó su pistola, avanzó hacia el auto y disparó a quemarropa en contra de la cabeza de Villa.

La sangre goteaba del piso del automóvil. La balacera había durado mucho tiempo. Se habían disparado en contra del coche aproximadamente 100 proyectiles; los cartuchos quedaron tirados por toda la escena. La gente de Parral no se atrevía a salir de sus casas.

El grupo de asesinos, con toda calma salió de su escondite. Se dirigió a la esquina llamada La Bajadita, como a cincuenta metros del lugar de los sucesos, sin la mas ligera precipitación, encendiendo algunos cigarrillos mientras se reían a carcajadas. Después tomaron con toda calma sus caballos, y salieron paso a paso de Parral.

Pelicula: La muerte de Pancho Villa. (fragmento sin audio)
Año: 1974.
Productor y protagonista: Antonio Aguilar.