Felipe Ángeles fue el alma buena de Francisco Villa, se mostraba como un personaje humanitario que odiaba los excesos de crueldad con el enemigo y evitaba fusilar prisioneros. Ángeles pensaba que la educación era de una gran importancia para el desarrollo del país, lo que demostraba la preocupación que sentía por sus semejantes, él mismo era una persona educada que había trasmitido sus conocimientos en artillería y balística en su etapa como maestro en el Colegio Militar.

Rodolfo Fierro tenía fama de maldito, considerado uno de los hombres más fieles a Francisco Villa, capaz de dar la vida por su jefe. Era un hombre inteligente, pero eso no lo hacía respetar la vida de los demás, podía matar a sangre fría, lo mismo le daba fusilar a decenas de prisioneros o matar a gente indefensa en la calle por diversión.

Villa siempre respeto y hasta admiro a Felipe Ángeles, sin en cambio a Fierro lo trataba como al subordinado que era, lo regañaba constantemente por sus excesos y por su manera de beber, llegando al extremo de pensar en fusilarlo.

Felipe Ángeles y Rodolfo Fierro participaron junto a Villa en la batallas de Torreón, San Pedro de las Colonias, Paredón y Zacatecas en 1914. Entraron a la ciudad de México en diciembre del mismo año, pero aún así no se puede ubicar a los tres juntos en alguna fotografía, mucho menos una foto de Ángeles y Fierro. A Felipe Ángeles lo describen como un tanto tímido, probablemente por eso se apartaba para no ser fotografiado o no le gustaba ser visto con Fierro y lo evitaba lo más posible. Rodolfo Fierro se despegaba muy rara vez de Villa, aparece junto a Villa y Zapata en la vanguardia de la entrada de los ejércitos revolucionarios a la ciudad de México y en la famosa foto de la silla presidencial el 6 de diciembre, mientras Felipe Ángeles esperaba el momento de poder encontrar solo a Villa para cruzar impresiones. El bueno y el malo no podían estar ni juntos ni revueltos.

Por Jorge Cabrera Vargas