Los estudios antropológicos han evolucionado en gran medida durante el siglo XX, ya que han adoptado una postura más neutral y que trata de explicar a los diferentes procesos sociales y culturales con visiones desde esta perspectiva. Pero en siglos anteriores, los estudiosos tenían una perspectiva explicada de acuerdo a los valores y prejuicios de la cultura occidental, por lo que era muy común que las costumbres fuesen descritas como inferiores sin ninguna consideración por conocer el porqué de estos modos de vida midiendo con el mismo racero a todos los pueblos desde la perspectiva europea. En México no fue la excepción y los primeros investigadores usaban esa clase de designaciones para referirse a los indígenas.

En el marco de los festejos del centenario, se funda la Sociedad Indianista Mexicana de la cual se publicaba un boletín liderado por el científico Jesús Díaz de León (1851-1919) y el lingüista Francisco Belmar (1859-1926), del cual se publicaban diversos trabajos que se dedicaban a difundir el modo de vida de los indígenas del norte de México que estaban atravesando el proceso de “integración” que represento su derrota ante  el gobierno que los suma al “desarrollo” del país. De acuerdo a las diferentes experiencias que tuvieron con la integración de las etnias es que clasificaron su “capacidad” para adoptar las costumbres occidentales, siendo los apaches considerados como “belicosos, insumisos  y sanguinarios” puestos como el ejemplo del “indio salvaje y violento” los cuales superaban las fuerzas el Estado y no era posible su integración. El caso contrario ponen a los ópatas, pimas y seris que los clasificaban como “personas razonables” debido a que aceptaron mejor el proceso de asimilación a la cultura occidental y que hacia posible la idea del mestizaje cultural.

Uno de los principales colaboradores que tuvieron estos estudios estuvo de la mano del que fuera el gobernador y vicepresidente de Porfirio Díaz Ramón Corral, quien explaya sus experiencias desde la política local con el trato hacia los indígenas durante su gobierno. El describe la experiencia que pasó durante el levantamiento de los yaquis encabezado por Cajeme, a quienes describe como sujetos potencialmente benéficos, pero que el atraso de su modo de vida y sentimiento autonomista los hacía potencialmente peligrosos como supuestamente se demostró con las rebeliones. Los ópatas a diferencia fueron considerados como un caso ejemplar debido a su adhesión al gobierno y su disposición a prestar sus servicios en cuanto se necesitase imponer el orden.La Sociedad Indianista justificaba la violencia y atraso de los indígenas por el complicado ambiente serrano y desértico que tiene el norte de México, que su defensa contra los “blancos” los habían hecho proclives a la “barbarie”, que sumado al abandono que sufrieron durante años hizo que a pesar de que muchas veces participasen en los diferentes conflictos e invasiones que atravesó la región no eran bajados de “marginados y degenerados”. Si algunos miembros de la Sociedad apostaban por la guerra total para promover su extinción, la idea más aceptada para la mayoría fue el de la formación de un sistema educativo que los ayudasen a cambiar sus usos y costumbres para lograr su completa integración a la sociedad mexicana, así como la promoción de la colonización con la condición de que fundasen escuelas para los indígenas e incluso recompensar a los empresarios que “incorporen” a mas indígenas.Debido a los levantamientos revolucionarios que acontecieron por todo el país, la Sociedad Indianista Mexicana termina por disolverse para 1914, acabándose su labor de difusión científica que obedecía los patrones de su tiempo. Estos trabajos ayudaron a justificar las acciones del gobierno contra los indígenas rebeldes que intentaban por todos los medios de preservar sus modos de vida ancestrales, lo que profundizaron los prejuicios que tenía la sociedad mexicana desde tiempos coloniales. Existe una diferencia abismal entre los trabajos antropológicos del día de hoy con los producidos a principios de siglo XX y anteriores, afortunadamente la perspectiva de los estudios de las ciencias sociales han dejado de lado la idea de la “superioridad” de determinados pueblos para adoptar integrar en su labor las diferentes perspectivas de los pueblos del mundo, acercándonos más a las diferentes sociedades.Gracias por su atención y los espero en la siguiente lecturaFederico Flores PérezBibliografía: Gerardo E. García Rojas. Domesticar al salvaje. Los indígenas del norte según la Sociedad Indianista Mexicana, revista Relatos e Historias en México no. 88Imagen: Anónimo, Seris de la Isla del Tiburón. Guaymas, Sonora. 1880-1885