EXPEDICIÓN A LA ISLA TIBURÓN.

El 21 de diciembre de 1904, el gobernador de Sonora, Rafael Izabal, organizó y dirigió una expedición a la isla Tiburón, se tenían noticias de que los seris protegían a un grupo de yaquis que habían asesinado a un pápago.


Junto con algunos funcionarios del gobierno, además de Federico García Alva, autor del libro: La Expedición a la Isla Tiburón de 1904. “Las Manos Yaquis”, y 160 soldados al mando del comandante Luis Medina Barrón, abordaron “El Demócrata” en el puerto de Guaymas el día 22.


Desembarcaron en la Isla Tiburón el 24 de diciembre, rápidamente se ordenó un reconocimiento del lugar en busca de huellas que dieran indicio de la ubicación de los seris y yaquis.


La avanzada encontró un sendero que siguieron hasta muy entrada la tarde, levantaron el campamento cerca de un aguadero, donde pasaron la noche en medio de fuertes vientos.


Por la mañana, muy temprano, los hombres se dividieron en pequeños grupos, con la intención de cubrir terreno para localizar lo más pronto posible a los seris y yaquis.


Medina Barrón tuvo un enfrentamiento con un grupo de seris, al final pudo capturar a tres mujeres y dos niños seris ( foto 1), los prisioneros fueron llevadas a la presencia del gobernador Izábal para ser interrogados. Bajo la promesa de no dañar a los seris si entregaban a los yaquis, una mujer llamada Manuela, haciendo señas con las manos dio a entender que si los yaquis no acudían voluntariamente los llevarían atados de las manos, por lo menos fue lo que supusieron el gobernador y sus hombres.


Manuela salió feliz en busca de su tribu porque entregando a los yaquis los hombres blancos los dejarían en paz, quedaron como rehenes las otras dos mujeres y los niños.
Pasaron algunos días sin noticias de Manuela, el día 29, aparecieron dos mujeres agitando una tela blanca, entre ambas cargaban un palo de donde colgaban unos sombreros, las mujeres decían alegres que habían cumplido el trato y pedían su libertad, señalando los sombreros.

El gobernador ordenó a Medina Barrón que descubriera los sombreros, encontrándose con asombro primero y con gran espanto después, un racimo de manos atadas a la punta del palo (foto 2).

Los seris que habían protegido a los yaquis, decidieron entregarlos para salvarse a sí mismos de morir a manos de los soldados. Las manos cortadas fueron cuatro de hombres, tres de mujeres y una de niño, Manuela, en realidad les indico que si los yaquis no se presentaban voluntariamente serían asesinados y llevadas las manos como prueba.

Por Jorge Cabrera Vargas