Por Víctor Orozco

Los personajes que aparecen en esta imagen, eran los hermanos González: Fidel, Joaquín, Jesús Antonio, José y el quinto cuyo nombre ignoro . Integraban la banda o “música” de San Isidro, Guerrero, antes de 1910.

Excepto Fidel, el primero, de izquierda a derecha, murieron en la batalla de Cerro Prieto librada el 11 de diciembre de ese año, junto con otros veinticinco jóvenes más, del mismo pueblo, donde protagonizaron el primer alzamiento armado de la revolución, apenas tres semanas antes.


Previo a esta fecha, estos músicos amenizaban bodas, serenatas y fiestas en el pueblo y rancherías aledañas.
¿Dónde fue tomada la fotografía y para qué ocasión?.

La indumentaria revela que estaban vestidos de manera formal, con saco, sombreros de fieltro y alguno de corbata. No era de seguro la habitual, pues a su oficio musical, agregaban el de labradores y arrieros, quienes en ese tiempo usaban pantalones de dril, calzaban “teguas” y se cubrían con amplios “huicholes”, sombreros de doble capa, tejidos en la sierra de Chihuahua, que resistían aguaceros y nevadas.


¿Que piezas tocaban?. Sabemos que una de ellas era “El Abandonado”, pues un sobreviviente de Cerro Prieto, Camilo Valenzuela a quien apodaron “El Resucitado” pues fue fusilado y después pasado a bayoneta, narró que era de las preferidas de Pascual Orozco, el jefe rebelde.

Los alegres hermanos González (pues para ser músico de oficio hay que poseer una buena dosis de alegría) abandonaron junto con la cohorte de jóvenes pueblerinos sus familias, sus pequeños patrimonios y trocaron la flauta, el clarinete, la corneta, el violín y la guitarra por las carabinas 30-30 o quizá por un pequeño rifle 22, para ir a la aventura de la revolución.


¿Por qué hicieron esto?. ¿Que hace a las gentes preferir la guerra a la paz y correr tan graves peligros?. Las respuestas desde luego son múltiples y variadas. Pero, por encima de todas ellas, destaca el poder que adquiere una idea, aspiración o anhelo: cuando de unos pocos vá expandiéndose y es asumida finalmente por los hombres y mujeres de la calle, los de a pié, las mayorías.

Se convierte así en una fuerza material, que permite superar las desventajas militares entre estos milicianos populares y los soldados profesionales. En 1910, las aspiraciones democráticas e igualitarias, habían cobrado adhesiones en todo el territorio nacional.

Tocó a los rancheros chihuahuenses, sobre todo a los del distrito de Guerrero, encender la llama de la lucha armada y mantenerla viva hasta que la dictadura fue derrocada a raiz de la batalla de Ciudad Juárez en mayo de 1911.


El pueblo de San Isidro durante muchas décadas ya no tuvo una banda musical que reemplazara a la de los hermanos González. Después de la revolución fue un pueblo de viudas, ancianos, niños y mujeres solteras, con escasos varones jóvenes.

En la ronda interminable de las generaciones, las nuevas poco a poco recuperaron las risas y los gustos por el vivir, como aconteció en tantos pueblos similares de la república. (Texto e imagen incluidos en la sección El Baúl del número 43 de la revista Cuadernos Fronterizos, de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, correspondiente a mayo-agosto de 2018.