El destino de los habitantes de esta vieja casa abandonada continua siendo un misterio, la versión más popular, indica que toda una familia china que allí vivó, fue asesinada.

La Casa de los Chinos, una historia cuyo trasfondo lúgubre dio pie a una popular leyenda que se narra hoy en día, esa en la que se dice que, al subir a lo más alto del Cerro Grande, al mirar hacia el sureste durante el ocaso, aparecerán repentinamente en el horizonte unas banderas rojas, y si uno espera a que la puesta del sol coincida con ellas, se podrá apreciar un fantasmal e imponente templo chino en medio del escarpado terreno.

Cuentan que después de ver dicha arquitectura, aquellos quienes logran la hazaña del avistamiento, deberán bajar únicamente por el lado norte del cerro, y antes de que oscurezca, habrán de estar ya rumbo a la ciudad; de no hacerse correctamente lo descrito por la vox populi, dicha persona será atraída y sometida a la voluntad del templo… sin embargo, esta es sólo una versión romantizada de un violento crimen que tendría sus raíces en la época revolucionaria, en una casa ubicada al pie del Cerro Grande, donde según se dice, una familia de agricultores chinos, hombres, mujeres y niños por igual, fueron brutalmente masacrados por vándalos que, tras cometer el atroz acto, colgaron los cuerpos inertes de las víctimas, cual mortuorios frutos, de los árboles de la propiedad.

Éste hecho, aunque probablemente más “realista”, tampoco está comprobado, lo cierto es, que poco o nada se sabe sobre el paradero de los habitantes de aquella casa de la cual se desprende la leyenda… 

Otrora llena de vida y belleza, hoy la propiedad se encuentra envuelta por oscuras presencias que rondan sus nueve habitaciones y velan eternamente en los alrededores en forma de sombras y murmullos. Incluso las cristalinas aguas de manantial que antes emanaban hasta las piletas de la residencia, y donde peses y tortugas nadaban bordeados por caracoles y árboles, hoy brotan fétidas como oscura sangre, envenenada por la podredumbre y contaminación.

Ante la incertidumbre que la leyenda genera, sepultados entre la narrativa popular, es fácil dar con diferentes testimonios de personas que afirman haber tenido alguna experiencia sobrenatural en el lugar; este es sólo uno de los muchos relatos que se conocen sobre la casa: 

Un ahora anciano caporal jubilado, relata a sus hijos y nietos cómo cuando joven, no mucho después de la desaparición de los habitantes originales de la casona, mientras se encargaba de arrear el ganado, al pasar por los dominios de aquella abandonada propiedad, sintió repentinamente que su cuerpo era bombardeado por intensos dolores, como si desde el plano de los muertos estuviese siendo dilapidado y sin que sus esfuerzos sirvieran de algo para protegerse de aquél diabólico ataque. 

Aunque alarmado por lo ocurrido, no se permitió perder el valor, por lo que sus labores a cargo de aquel campo, continuaron bajo el asecho de la oscuridad que en el lugar se cierne, se volvió de pronto natural para él, sentir esas agresiones, así como escuchar lamentos y gritos espectrales que le ordenaban furiosos salir de la propiedad cada vez que por allí pasaba. 

Una tarde, mientras llevaba a los caballos a pastar, entre el escarpado terreno, un grotesco nudo palpitante compuesto por decenas de víboras apareció en su camino. La aberrante visión provocó que el caballo, presa del pánico, reparara haciendo caer de espalda a su jinete a pocos metros de donde aquella silbante maraña ponzoñosa se retorcía. 

Al intentar reincorporarse, el joven caporal buscó un apoyo para ponerse en pie, sin embargo, al mirar de nuevo hacia donde las serpientes, estas habían desaparecido, quedando en su lugar solamente un montón de ramas secas. A la fecha, sus descendientes continúan narrando lo ocurrido a amigos y familiares, como si entre sus genes hubiese quedado plasmada aquella horrible vivencia. 

Hoy en día, pese al avance tecnológico y el creciente escepticismo de la gente, las historias macabras en torno a este sitio están lejos de cesar, y aquellos quienes se atreven a explorar las cercanías e interior la casa, no vuelven jamás indiferentes ante la oscura presencia que afirman habita en el lugar. Aquella infame casona, continúa al pie del imponente Cerro Grande, rodeada de maleza y cubierta por las sombras y el misticismo, como si de un oscuro templo se tratase.