Impera una gran confusión en el seno de la opinión pública a propósito de la gestión gubernamental de la pandemia en general, y de la vacunación en particular. La última encuesta GEA-ISA —de marzo— ilustra una serie de malentendidos de la gente, probablemente debidos a las mentiras sistemáticas del gobierno. GEA-ISA puede ser tildada de antilopezobradorista, pero no lo es más ahora que hace dos años, o hace veinte. Es una de las series más largas y constantes de las que disponemos; por el número de preguntas y la variedad de las mismas, es uno de los estudios demoscópicos más profundos. Veamos primero los números, para luego intentar explicarlos.

En la versión subida a la página de GEA el miércoles, a la pregunta “¿Usted aprueba o desaprueba las acciones tomadas por el gobierno federal para enfrentar la situación provocada por esta enfermedad?”, en noviembre de 2020, 58 % desaprobó y 42 % aprobó. En marzo, o sea hoy, 41 % desaprueba y 50 % aprueba. Los números negativos cayeron 17 puntos porcentuales en tres meses, sin que haya sucedido nada que lo explique, salvo el inicio del proceso de vacunación, que examinaremos. A la pregunta “En específico, ¿usted aprueba o desaprueba la manera como el Presidente López Obrador ha manejado los asuntos relacionados con la pandemia…?”, en marzo 40 % aprobó y 60 % desaprobó. Inexplicable diferencia, salvo por la confusión. En una versión posterior posteada por GEA, los números variaron, pero no para cambiar el sentido de este razonamiento.

El gobierno y López Obrador son uno mismo, y sin embargo los números se encuentran casi perfectamente invertidos. Motivo de preocupación para López Obrador, sin duda, pero extraña situación. La mayoría de las encuestas dan un resultado contrario, en general: la gente desaprueba al gobierno, aprueba al presidente.

Vamos a la vacunación. La pregunta “En general, ¿cómo califica el manejo del gobierno de López Obrador de la compra de vacunas …?”, 52 % responde bueno o muy bueno. A la misma pregunta, pero sobre la aplicación de vacunas, 50 % respondió “bueno o muy bueno”. Discrepo por completo de ambas apreciaciones, pero son las que arroja la encuesta.

Ahora bien, a la pregunta “¿La aplicación de vacunas… va muy rápida, rápida, lenta o muy lenta?”, 69 % responde “lenta o muy lenta”. Es decir, los mismos que aprueban la compra y aplicación de las vacunas —a los que se suman 20 % más— consideran que el ritmo es lento o muy lento, o sea, deficiente. Entienda quien pueda. 

Una posible explicación proviene de la confusión generada por las mentiras sistemáticas del gobierno. Tres ejemplos. Primero: la llamada de López Obrador con Putin fue el 25 de enero. Se anunció que Rusia vendería 24 millones de dosis Sputnik V a México. Al día de hoy, han llegado 400 000 dosis, dos meses después. Y obviamente la vacuna rusa no ha sido aprobada por ningún regulador autónomo de ningún país rico: ni la Unión europea, ni Estados Unidos, ni Reino Unido, ni Canadá, ni Japón, ni Australia. La revista Lancet no es un regulador.

Segundo: hasta ahora, una buena parte de las vacunas aplicadas en México —6.1 millones al día de ayer— han sido chinas: Sinovac y Cansino. Al igual que la rusa, ninguna de las dos ha sido aprobada por un regulador autónomo de algún país rico. Los mexicanos están siendo vacunados con inoculaciones que no se están utilizando en ningún país rico —salvo Hong Kong, ya protectorado chino. Los 700 000 vacunados japoneses y surcoreanos tampoco han recibido vacunas de su vecino.

Tercer caso. López Obrador anunció con bombo y platillo que, a cambio de nada, Biden le ofreció “prestar” 2.5 millones de vacunas AstraZeneca, aprobadas en Europa y Reino Unido, pero no en Estados Unidos. En días y semanas recientes, han surgido polémicas sobre la eficacia de dicha vacuna; sobre su validez para adultos mayores; sobre si produce coágulos letales, y sobre si los datos entregados por la empresa a la FDA eran actuales u obsoletos. Ayer AstraZeneca anunció que, con sus nuevos datos, su vacuna alcanzaba una eficacia de 76 %. Nada mal, pero 20 puntos porcentuales menos que Pfizer. El domingo llegarán a México 1.5 de las 2.5 millones de vacunas “for Mexicans” que nos manda Estados Unidos; de nuevo, a cuentagotas. A ver en México quién se la quiere poner. 

Con esta confusión en la información gubernamental, no sorprende que la gente no entienda, y adopte actitudes medio esquizofrénicas ante la pandemia, la vacuna y la gestión del gobierno. Es lógico, en un país donde la lógica no abunda.

Jorge G. Castañeda
Secretario de Relaciones Exteriores de México de 2000 a 2003. Profesor de política y estudios sobre América Latina en la Universidad de Nueva York. Entre sus libros: Sólo así: por una agenda ciudadana independiente y Amarres perros. Una autobiografía.