Luis A. Arenal

La dinámica fronteriza ha sido la de una comunidad binacional desde hace décadas. En Juárez y en El Paso hemos vivido un “tratado de libre comercio” desde mucho antes de que México ingresara a lo que era el GATT (Acuerdo General sobre Tarifas y Aranceles, hoy sustituido por la Organización Mundial del Comercio).
El intercambio cotidiano entre Juárez y El Paso no es sólo comercial sino social.

Por pláticas con nuestros mayores hemos podido saber que hubo una época en que los juarenses cruzaban a la vecina ciudad sin necesidad de pasaporte alguno y podían circular automóviles con placas de Texas sin ningún riesgo en nuestra ciudad. Son las historias que nos hablan de una sociedad que lo mismo festeja el “Día de la Coneja” que la Pascua o el Halloween o el “Día de Muertos”.

Aquí tuvieron origen muchos de los americanismos que aquí usamos con mucha naturalidad. Y en nuestra región ocurren los mismos comportamientos del consumidor que se dan en cualquier parte bajo la lógica de las leyes naturales de la economía: cada quien busca comprar donde le resulta más barato.

Lo mismo ocurre con los empleadores: van a invertir donde su dinero tenga mejor tasa de retorno, lo que no solamente implica mano de obra barata, sino calificada y muchas otras condiciones para la inversión de las que ya hablaremos en otra entrega.


Es fácil de entender que en nuestro vecino país existe un miedo por todos los atentados terroristas que han tenido lugar en varias ciudades del llamado mundo occidental, y debemos aceptar que cualquier país tiene el derecho a proteger sus fronteras.

Pero si somos capaces de llevar la discusión más allá de este punto, nos preocupará entonces el impacto ecológico en caso de que se realice una obra de esa magnitud, además del desperdicio de recursos en que el gobierno de los Estados Unidos incurriría con ello. Cuando observamos que no existe la misma preocupación por proteger su frontera norte como su frontera sur, el prejuicio aparece y la discusión ya no es tan cordial.


Sin embargo, esas manifestaciones de odio o temor que hemos observado en muchas partes de lo que ahora se le conoce como “Retroamérica” tienen su contraparte en otros lugares (la llamada “Metroamérica”). Retroamérica serían los estados de la Unión Americana que optan por lo que George Friedman bautizó como el “Wall Party” (irónica coincidencia) y la “Metroamérica” la constituyen las regiones que suelen simpatizar con lo que el mismo autor denominó “Web Party”.

Ambas filosofías conviven por igual tanto en el Partido Republicano como en el Partido Demócrata y tienen más relación con la idea de cómo EEUU debe relacionarse con el resto del mundo. Sería interesante discutir cómo se presentan esas tendencias en el PAN, en el PRI, en el PRD y en MORENA.
Aquí en la frontera hemos disfrutado de varios eventos como los referidos en el párrafo anterior.

Dentro de las manifestaciones que puedo recordar está la de varias mujeres de ambos lados de la frontera que unieron sus cabellos en uno de nuestros puentes internacionales. También hay que mencionar el encuentro entre las familias que tienen integrantes a un lado y al otro de la frontera para darse un gran abrazo.


Con #HUGSNOTWALLS se enarboló dicha acción y nos informan que se reunieron cerca de 4 mil personas en un claro mensaje de rechazo a la propaganda de odio con la que Donald Trump logró el triunfo el pasado 8 de noviembre. Los organizadores expresaron temor de que la nueva administración federal de los EEUU impida manifestaciones como esa en el futuro. La verdad no lo creo, y más bien soy de la opinión de que los lazos entre los dos países pueden fortalecerse para bien de ambas comunidades si se toma como ejemplo la dinámica social de Juárez y El Paso.

Esa dinámica ha permitido tener una sociedad más abierta en esta zona y puede servir como laboratorio para explorar nuevas formas de convivencia pero también nuevas formas de coordinación interinstitucional y de cooperación binacional. Por citar una muestra simple: el efecto de los tiempos de cruce en los puentes internacionales sobre la calidad del aire que juarenses y paseños respiramos.

Tomada de El Diario.