La Foraneidad

El ser foráneo es una experiencia que no mucha gente tiene, y menos en las culturas latinas dónde “abandonar” a la familia es mal visto. El estar solo en una ciudad en dónde no tienes familiares ni amigos te obliga a crecer de una forma diferente a como lo haces en tu lugar de origen.

El día de ayer reflexionaba sobre las habilidades que tuve que desarrollar al mudarme a Chihuahua y pude destacar los siguientes puntos:

  1. Desarrollar un gran sentido de la diplomacia, porque descubrí que, en ocasiones, es mejor tener amigos que tener la razón.
  2. Aprender a confiar en la gente. En la CDMX, aprendes a desconfiar de todos los que no conoces, algo que te persigue a dónde vas. Aquí tuve que aprender que hay gente que no conoces y se acerca amablemente a ayudarte en lo que sea cuando estás en la calle.
  3. Generar tolerancia hacia los que son diferentes, aprendiendo a convivir con personas que crecieron en una cultura completamente diferente a la que estaba acostumbrado.
  4. Aprender que cuando vives en un lugar sus problemas se vuelven los tuyos, ya no existe esa separación entre “yo” y “ellos”, porque ahora somos “nosotros”.
  5. Conocer nuevas personas que se convierten en tu familia, incluso a veces siendo más cercanos y confiables que ellos.
  6. Aprender a amar un lugar nuevo como si fuera dónde naciste, porque, al final, tu decidiste vivir ahí, no fue el destino el que te puso ahí.