La icónica fotografía que tomó Agustín Víctor Casasola el 6 de diciembre de 1914 mostró el momento en que Emiliano Zapata, Pancho Villa y otros revolucionarios tomaron el Salón Presidencial de la República.

Pancho Villa se sentó en la silla que fue símbolo del poder de Porfirio Diaz.

Solamente tres personas salieron sonriendo: Villa, Rodolfo Fierro (mano derecha del Centauro del Norte) y el niño junto al hombre con la cabeza vendada.

El resto salió con cierta expresión sombría, para nada acorde con el momento de gloria, tal vez porque no estaban acostumbrados a la cámara o probablemente por una cierta sensación de ansiedad.

De acuerdo a las crónicas de la época, tres días antes de la foto en Palacio Nacional, ambos líderes revolucionarios se preguntaron: ¿Y ahora qué?

Zapata y Villa se reunieron en Xochimilco el 4 de diciembre de 1914, donde comieron mole con guajolote, tamales y frijoles con epazote.

Ambos reafirmaron la intención de ambos ejércitos de impulsar el reparto agrario plasmado en el Plan de Ayala y confirmado en la Convención de Aguascalientes; insistieron en llevar a la Presidencia a un civil y mantener la guerra hasta cumplir estos preceptos.

El 5 de diciembre, tantos los ejércitos de Villa y Zapata organizaron el ingreso a la Ciudad de México con el jefe policiaco Vito Alessio Robles.

La madrugada del 6 de diciembre la División del Norte partió desde Tacuba y la Hacienda de los Morales (hoy Polanco) rumbo al Centro.

El Ejército del Sur partió desde San Ángel, Tlalpan y San Lázaro.

Alrededor de las 10:00 horas, los dos ejércitos iniciaron su entrada triunfal a la capital por la antigua avenida Tlacopan (hoy México Tacuba y Puente de Alvarado) hasta llegar a la Avenida Juárez.

Al ingresar al Zócalo, alrededor del mediodía, fueron recibidos por los repiques de las campanas de Catedral.

Desmontaron en la Calle Moneda y se dirigieron hacia los balcones para presenciar desde ahí la última parte del desfile.

En el Palacio Nacional los recibió el presidente convencionalista Eulalio Gutiérrez y embajadores.

A las 14:00 horas comieron el banquete de honor, después los dos jefes revolucionarios se dirigieron al Salón Presidencial donde se encontraba la silla presidencial y ambos debatieron si debían sentarse en ella o no, finalmente lo hizo Villa.

No solamente se tomó una, sino dos fotografías del momento. En una ven todos al frente a la cámara; en la otra parecen conversar Zapata y Villa.