La máquina de Maruquita.

Quién más disfruto ver a nuestras abuelas coser mientras nos contaban sus vivencias.

Mi viejita remendaba mientras decía; Osiris no hagas esto, o alcanzame la tijeras que no se quien diablos se la llevo de aquí y no la volvió a dejar donde la encontró.

Ella sabía de perfección en cada puntada, y si, ella también tuvo uno que otro berrinche cuando su maquina se descompuso, y pobre de nosotras si eramos las culpables.

Hoy veo tu maquina así toda sola, y así la limpiemos o busquemos su mejor lugar no es igual, la magia de tus manos arrugadas no esta, la miro tantas veces buscando verte sentada ahí y ya ni cociendo telas, sino el corazón de tu nieta que nunca deja de extrañarte.

Osiris Sáenz