La muerte de Benito Juárez.

Un día antes de su cumpleaños Benito Juárez, aquel indígena que desafió y combatió al ejército francés, enfermó. El médico le diagnóstico angina de pecho, pasaron meses entre mejorías y recaídas.

El 18 de julio de 1872 a las 11 de la mañana mientras trabajaba, sufrió un gran dolor en el pecho que lo obligó a acostarse en su lecho, no se movía, su corazón latía muy lentamente, el doctor Ignacio Alvarado decidió arrojar agua hirviendo en el corazón, un remedio cruel pero muchas veces eficaz.


El presidente de México gritó:

  • ¡Me está usted quemando!
    El doctor le contestó que era el tratamiento, que lo necesitaba, hubo tranquilidad durante dos horas, después se presentó de nuevo el cuadro y el tratamiento, aunque esta vez no hubo respuesta… Benito Juárez había muerto.

Las noticias sobre un posible envenenamiento empezaron a circular en el pueblo, la culpable una mujer apodada “La Carambada”. Aunque estos rumores fueron desmentidos inmediatamente.

Benito Juárez el hombre que puso a la realeza europea a sus pies suplicando por la vida de Maximiliano de Habsburgo pasaría a la historia como el hombre que recuperó al país de la invasión extranjera, el que expidió las Leyes de Reforma en las cuales declaró la independencia del Estado respecto a la Iglesia dejando sin validez civil el matrimonio canónico.


El hombre que defendió la independencia y libertad de México, exhalaba su último suspiro en el Palacio Nacional, ahí donde aún se conserva su lecho de muerte como un homenaje a ese pequeño gran hombre que rescató de las manos francesas, esta tierra sagrada.