“Hacer fácil lo complicado” es la premisa de la psiquiatra Marian Rojas Estapé en su primer libro, Cómo hacer que te pasen cosas buenas, convertido en best seller después de haber alcanzado ya su decimoquinta edición en menos de un año y que la semana pasada presentó en A Coruña. “En este libro no invento nada nuevo, simplemente transmito mi enfoque del ser humano. He intentado llevar al lenguaje que todos entendemos la maquinaria del cuerpo y de la mente”, subraya.

Yo diría que es un libro de inspiración. Inspira a ser mejor, a entenderte y a recomendárselo a la gente a la que quieres porque sabes que les va a ayudar.

Que nos pasen cosas buenas, ¿depende de nuestra actitud ante la vida?

Depende, en un 80%, de la manera que tenemos de enfrentarnos a la realidad. La atención es la ventana al mundo exterior y las cosas buenas pasan en la vida real, no en la virtual. El principal inhibidor es la pantalla, hemos dejado de conectar con la realidad.

¿Internet y las redes sociales lo complican tanto todo?

Vivimos a base de las gratificaciones instantáneas que nos producen las apps del móvil, las redes sociales, las compras online, los vídeos… Este sistema de gratificación instantánea depende de la dopamina, la hormona del placer, pero también de las adicciones. Nuestro cerebro se ha vuelto adicto a este tipo de cosas, y no dárselas conlleva una baja tolerancia a la frustración. Hoy en día, las personas tenemos una muy mala tolerancia a la frustración.

¿Facebook e Instagram actúan como una droga?

Generan felicidad a golpe de clic. A nuestro cerebro le hemos cambiado la felicidad real, a la que deberíamos aspirar, por una gratificación instantánea, que funciona a base de chispazos de dopamina. Quiero esto y lo consigo. Esos chispazos son los mismos cuando se consume alcohol o drogas, pero luego vienen el bajón y la abstinencia.

¿En qué consiste, entonces, la felicidad?

En conectar de forma sana con el presente, habiendo superado las heridas del pasado y mirando con ilusión al futuro. Los que se enganchan en el pasado, son los depresivos; los que viven angustiados por el futuro, son los ansiosos. Depresión y ansiedad son, precisamente, las dos grandes enfermedades del siglo XXI. En mi libro trato el sufrimiento y su valor para hacernos crecer si sabemos aceptarlo y gestionarlo de forma correcta.

¿El fracaso enseña lo que el éxito oculta?

Así es. La vida tiene un componente muy importante de dolor, de sufrimiento, de enfermedad. Si tú lo niegas, acabas con un gran vacío. Estamos obsesionados con alejar el sufrimiento de nuestras vidas, y yo no digo que nos obsesionemos con eso, pero la negación nos va a impedir ser felices. No podemos huir de la gente que sufre ni nosotros huir del sufrimiento personal. El sufrimiento bien enfocado convierte a la gente en seres superiores.

En su libro aborda la importancia del perdón como herramienta para superar traumas.

Perdonar es ir al pasado y volver sano y salvo. La gente resentida no puede ser feliz. Esa lección la aprendí durante mi estancia con la fundación Somaly Mam en Camboya, de las niñas que tenían que prostituirse. Se reponían una y otra vez y sonreían. Siempre sonreían. No hay nada como ir a lugares donde el sufrimiento es permanente para aprender de la capacidad que tenemos los humanos para reponernos a pesar de la adversidad.

Habla de superar las heridas del pasado, pero también de mirar al futuro con ilusión. ¿Marcarse objetivos ayuda a ser feliz?

Hay que luchar por sacar la mejor versión de nosotros mismos. Los defectos no tienen por qué hacernos daño si los conocemos y somos capaces de neutralizarlos con nuestras fortalezas. Esa mejor versión tiene un componente clave, la pasión. Muchas de las personas que sufren, que no les pasan cosas buenas, es porque no saben lo que quieren que les pase. Es fundamental tener un plan, una meta y unos objetivos. No deben ser inamovibles, pero sirven de guía en los momentos de caos y de incertidumbre. El que no tiene un plan, acaba siendo esclavo de lo inmediato. Si sabes lo que deseas, lo que anhelas, tu mente te mostrará el camino de forma más nítida.