Los ferrocarriles en la Revolución Mexicana.

Desde que inició la Revolución Mexicana, el uso militar del ferrocarril se generalizó no sólo para el traslado de los ejércitos a lo largo del país, sino que dicho medio de transporte adquirió importancia estratégica en los procedimientos de la lucha armada. Para la facción que los controlaba garantizaba su movilización, podía emprender ataques o retiradas, cercaba poblaciones y, a aveces, a bordo de los trenes tomaban plazas.

Contingentes federales o revolucionarios de distintos bandos destruían vías, descarrilaban o volaban ferrocarriles, dinamitaban puentes, incendiaban estaciones, inutilizaban tanques de agua y otras instalaciones en patios y talleres, y destruían locomotoras y material rodante. Lo anterior ocasionó perjudicaba fuertemente a las poblaciones y al comercio, y severos daños a las finanzas de las empresas ferroviarias que vieron afectados sus ingresos por venta o alquiler de servicios.

La distribución geográfica de las vías férreas y el dominio sobre ellas marcaron la estrategia de guerra a seguir en el triunfo del Ejército Constitucionalista en contra de la usurpación huertista. También fueron primordiales durante la guerra civil. Villistas y carrancistas pugnaban por garantizar la comunicación ferroviaria con su base de operaciones. Pretendían dominar las fronteras y los centros petroleros, que eran fuente de recursos y de suministros de combustible para sus locomotoras.

Muchas de las principales batallas de la Revolución Mexicana se llevaron a cabo en poblaciones de importancia ferroviaria, como Torreón y Celaya. Gran número de combates y escaramuzas tuvieron lugar a lo largo de las vías férreas, cuyo control era vital para quienes atacaban o defendían alguna plaza.

Tácticamente, en algunos momentos los ferrocarriles marcaron el triunfo y la derrota. El rumbo de la historia pudo haber cambiado con la llegada oportuna de un tren de municiones, impidiendo el avance o la defensa de los adversarios, o con la posibilidad de un ataque por la retaguardia gracias al transporte rápido de tropas enemigas por vía férrea.

Los trenes militares utilizados durante la Revolución Mexicana no sólo sirvieron para transportar tropas y haberes de guerra. Fueron también cuarteles, campamentos, hospitales y viviendas. Los soldados viajaban en muchos casos acompañados por sus familias en los techos, en convoyes integrados por una mezcla de coches de pasajeros de segunda clase, carros caja, góndolas, tanques y jaulas para ganado, que eran acondicionados efímeramente por las tropas con sencillos elementos para tratar de llevar a cabo sus actividades diarias, como las de higiene y alimentación, lo más agradable y cómodamente posible durante los extensos periodos de tiempo que pasaban en ellos.

Había otro tipo de trenes que contrastaban con los anteriores; eran los convoyes de los generales y sus estados mayores, conformados por coches-dormitorio, comedores y furgones con aparatos telegráficos, armamento, municiones y oficinas. Los trenes-hospital llegaron a tener mucha fama en cuanto la atención de los heridos, sobre todo en la División del Norte, bajo el mando del general Francisco Villa. Estos convoyes médicos estaban equipados con instalaciones, bien abastecidos de medicinas y atendidos por personal profesional.

Durante la Revolución Mexicana, las columnas del Ejército Federal jamás operaban fuera de las vías férreas, mientras que los revolucionarios realizaban hazañas que frecuentemente emprendían campañas que significaban alejarse de ellas.

Las batallas que tuvieron lugar en las zonas con presencia de ferrocarril fueron mas espectaculares y sangrientas debido a que podían trasladarse contingentes más numerosos y artillería con gran poder destructivo. En cambio, en los lugares apartados de las vías férreas, donde ciertamente había descontento y hombres dispuestos a pelear por sus ideales o intereses, los revolucionarios combatían a caballo, dedicados a la guerrilla en pequeñas partidas que hostilizaban continuamente a las guarniciones de los federales o facciones enemigas, y con procedimientos de lucha y armas cuyos efectos eran menos costosos en vidas humanas. En muchos sentidos, este último fue el caso del levantamiento zapatista en su lucha por la tierra.

Fotografía: General Benjamin Hill y sus tropas. Ca. 1914. Hnos. Abitia