El alcance del narcotráfico ha sido tan amplio y se ha extendido tanto por el país que su jerga se utiliza en la calle, de boca de personas que nunca han tenido contacto con la gente de un cartel o un gran grupo criminal”, le dice a BBC Mundo el académico Marco Lara Klahr, autor de los libros “Hoy te toca la muerte” y “Días de furia”.

En México el tema del narcotráfico siempre está presente, muchas veces permanece adormilado, pero de pronto renace con nuevas facetas y nueva energía. Primero, debemos hacer un intento por explicar lo que es la narcocultura. Desafortunadamente por ser un fenómeno relativamente nuevo, carecemos de fuentes de referencia que esclarezcan el concepto. Sin embargo, la lógica nos dice que la narcocultura son aquellas manifestaciones sociales que giran alrededor del mundo del tráfico de estupefacientes. Para las personas que vivimos en países con un alto índice de narcotráfico el concepto de narcocultura puede resultar evidente, mientras que para las personas que se encuentran alejadas del fenómeno, el término puede resultar bastante etéreo.

La narcocultura tiene su propio lenguaje y sus propios medios de comunicación, es aparentemente un mundo aparte que en ocasiones intenta penetrar al mundo cotidiano en búsqueda de aceptación social o como un reto a lo tradicionalmente aceptado. El narco, por su naturaleza ilegal, intenta mantenerse en un velo de misterio, lo que puede crear un sentimiento de romanticismo en torno a éste. Dicho sentimiento le ha ayudado a adquirir un gran número de seguidores que no necesariamente están involucrados en actividades ilegales de consumo y venta de drogas.

Las nuevas comunidades hispanas (no sólo los mexicanos son partícipes de la narcocultura) en los Estados Unidos importan y consumen la narcocultura en un anhelo de pertenecer a algo que les es familiar. La vestimenta norteña, el sombrero vaquero, la hebilla dorada y las botas picudas son manifestaciones que pueden encontrarse desde San Francisco hasta Centroamérica, como si la vida fronteriza y sus símbolos de identidad se extendieran fuera de su territorio geográfico. Es parte de un ideal que ciertamente el cine y los medios han ayudado a fomentar. El lenguaje, la música y esa actitud romántica de bandolero incomprendido también vienen denotados en el narcocine.

Hace 10 años, algunas palabras como “levantón”, “encajuelado”, “encobijado”, tenían un significado diferente para los mexicanos, sin embargo, ahora éstas son directamente relacionadas con el crimen organizado y sus actividades delictivas, mientras que especialistas consideran que ese “narcolenguaje”, nació en Chihuahua y Sinaloa.
De acuerdo al licenciado en Lingüística Aplicada, Jaime Hernández, muchos de los términos relacionados con el crimen organizado, que hoy son utilizados a nivel nacional, nacieron en los estados de Chihuahua y Sinaloa. De donde son originales dos de los cárteles más poderosos del país, entidades en las que esta subcultura se empezó a arraigar muchos años antes del sexenio de Felipe Calderón Hinojosa.

Otro de los factores que han contribuido a popularizar los términos relacionados con el crimen organizado es la música regional mexicana, especialmente la banda sinaloense, la cual ha generado centenares de canciones y corridos dedicados a los narcotraficantes y sus historias.

“Este crecimiento tan grande de la drogadicción en México ha producido un vocabulario nuevo del crimen y nuestra obligación es incluirlo“, señaló el lingüista Luis Fernando Lara, investigador del Colegio de México y líder del equipo que trabaja en la actualización del diccionario mexicano, a la agencia AFP.

La capital del estado, se colocó en el centro de atención nacional, cuando el Ayuntamiento anunció que los “narcocorridos” no podrían ser interpretados en eventos públicos, situación que más adelante derivaría en una multa a los organizadores de un concierto de Los Tigres del Norte, quienes cantaron éxitos como “La Reina del Sur” y “La Suburban Dorada”.

Otra de las deformaciones del vocabulario que nacieron a partir de la “guerra” de Felipe Calderón contra el crimen organizado, es la inclusión del prefijo “narco” a decenas de palabras, para formar nuevos vocablos como “narcotúnel”, “narcomanta”, “narcoejecución”, entre otras.

Palabras como “mota”, “tacha” o “bazuko”, claves para referirse a diversas drogas, “buchón”, que describe al narco novato y ostentoso, o “encobijado”, que alude a un cadáver envuelto en mantas, salen del mundo del narcotráfico para instalarse en las páginas del Diccionario del Español de México.

El prestigioso Colegio de México prepara la segunda edición de este diccionario que incluirá la jerga de las drogas que se ha ido tejiendo durante décadas entre adictos, capos, autoridades y prensa hasta masificar algunos términos a fuerza de utilizarlos en medio de la violencia del narcotráfico que sacude al país.

Si busca encapuchado en el diccionario, encontrar que es una palabra que se aplica a una persona que va cubierta con una capucha, mientras que ese mismo término es utilizado por los narcotraficantes para referirse a los asesinos que irrumpen con la cara cubierta a algún lugar para liquidar a alguna o varias personas.

Jaime Hernández explica que el problema no solamente radica en que los criminales utilicen esas palabras, sino que el vocabulario del ciudadano común se ha visto invadido por toda esta terminología.

Las deformaciones del vocabulario incluso han originado nuevos verbos, como “sicarear”, utilizado por los criminales como sustituto de la palabra “asesinar” o “acribillar”, o cambiar el significado de otros como “levantar”, el cual tiene diferentes acepciones pero lo más general es la acción de poner algo más alto de lo que se encontraba, mientras que actualmente, se utiliza en lugar del verbo secuestrar.

¿Es un asunto de imposición violenta en la cultura? ¿Se ha masificado su uso por la fascinación que genera lo oscuro y marginal, o es simplemente una combinación de códigos que facilitan el habla y eso, a su turno, promueve su expansión?

La normalización de la jerga narco es aún más llamativa si se mira a la luz de las estadísticas en los años que lleva la declarada guerra contra el narcotráfico han muerto más de 258.000 personas, señalan los datos oficiales.