Es bien conocido que la conmemoración del 1º de mayo tiene su origen en los “mártires de Chicago”, quienes murieron por la represión patronal y gubernamental a su lucha para lograr una jornada laboral de 8 horas diarias. En México, las actividades para conmemorar el hecho estuvieron siempre marcadas por la evocación discursiva de los mártires, aunque la forma en que se construyó la festividad se fue alejando paulatinamente de su origen y —acaso como cualquier conmemoración— fue resignificada y ajustada a las nuevas necesidades de sus protagonistas.

El experto en historia cultural Miguel Rodríguez ha señalado que en México —a diferencia de otros países— el 1 de mayo no fue utilizado por las y los obreros del siglo XX como fecha predilecta para el estallamiento de huelgas o conflictos obrero-patronales, ni como límite para la resolución de demandas. Para el movimiento obrero mexicano la fecha tenía otra función: “la de catalizador, de barómetro de los movimientos sociales y de la coyuntura política; el 1º de mayo se consideraba como un índice de las luchas sociales”.

Y no sólo se medían las fuerzas mediante las actividades públicas de esta conmemoración, también era una oportunidad para hacer visibles las demandas del momento: dependiendo de la situación política del momento uno podía encontrarse en los desfiles obreros del 1 de mayo pancartas denunciando las hostilidades de la prensa contra las centrales obreras (1929), el actuar de la policía (1937), llamando a la defensa de la soberanía nacional (1938), mostrando el “agradecimiento” obrero al presidente de la República (1941), o pidiendo solucionar la grave crisis de alza de precios y pérdida del poder adquisitivo del salario (1951).

Así, la clase obrera en nuestro país aprovechó su conmemoración más importante para colocarse en mejores posiciones de negociación y visibilizar sus demandas. Aunque ello no lograra evitar que eventualmente el corporativismo y charrismo sindicales la dominaran.

En la imagen: “Hombres con pancarta al frente de un contingente en el desfile del 1º de mayo”, 1 de mayo 1978, Fototeca Nacional/SINAFO/CONACULTA/INAH.

Para saber más, consulta: Miguel Rodríguez, “Chicago y los charros: ritos y fiestas de principios de mayo en la ciudad de México”, Historia mexicana, nº XLV, vol. 2, 1995, pp. 383-421,