La paradoja convive en el ser humano.

Las redes sociales son el tablero de ajedrez donde se muestran sus luces y sus sombras.

Su principal ventaja, la posibilidad de expresarse libremente, es uno de sus mayores riesgos, todos pueden emitir su opinión y leer la de los demás. Entre este gentío, oculto detrás de la pantalla, surge sin censura el lado oscuro de las personas.

Muchos usan estas plataformas digitales no sólo para compartir su información o propagar opiniones, sino para volcar sus frustraciones. Marina acaba de romper con su novio, su primera reacción ha sido poner un mensaje en Facebook pidiendo tiritas para su corazón partido. Sus muchos amigos virtuales arrasan su muro: “Nena tú vales mucho, todos son iguales”. De esta manera obtiene desahogo virtual rápido y consuelo inmediato sin coste añadido.

Escribir es una herramienta terapéutica, a través de las redes algunos se atreven a expresar mucho más:

ira, miedo, tristeza o amargura sin filtros. Cada “me gusta” o aumento de seguidores se convierte en el termómetro de su reconocimiento social y su autoestima.

¿Cuál es el perfil del que propaga cuanto le sucede?

Personalidades propensas a la teatralidad histriónica con intensas historias dramáticas que sus amigos virtuales han de conocer enseguida. Los narcisistas con afán de protagonismo y poco interés en los demás salvo para que hinchen su ego con alabanzas. Los adolescentes, en pleno desarrollo de su identidad, por lo que necesitan a sus amigos para que les ayuden a discernir en su particular “ser o no ser”. Los dependientesque buscan aceptación y validación sin arriesgar demasiado. Los extrovertidosque disfrutan comunicando y los incautos que, atraídos por el clamor popular, no saben dónde se meten.

‘HACKERS’ EMOCIONALES

Algunos consideran que su sentido común natural es ser “un poco psicólogo” y asumen el rol.

Los bloggers son buenos comunicadores pero, ¿saben de la materia de la que hablan?

Existe el riesgo de confundir opiniones personales con verdades. Los grupos se crean de forma natural por intereses comunes, es de esperar que todos tengan ideas similares compartidas, se retroalimenten con ellas y rechacen las diferentes. ¿No les parece esto una forma de hackeo emocional que bloquea los circuitos de la capacidad de decisión?

La ciencia, precisamente, se aleja de los titulares fáciles para buscar los diferentes prismas de una misma cuestión.

Muchas veces estos mensajes no hacen daño a nadie pero existen unos personajes virtuales denominados haters (odiadores) que, protegidos por el anonimato, se dedican a criticar, desprestigiar y volcar toda su ira hacia una persona u opinión.

En la misma línea de degradar y ofender está el troll, su intención es provocar y generar polémica. En ambos casos, la motivación es tener más popularidad.

Lo mejor es actuar con calma y serenidad y bajo ningún concepto alimentar la polémica respondiendo al comentario.

Como ve, la expresión de sus emociones en la Red puede ser un arma de doble filo pero, además, su función es meramente expresiva, no resolutiva.

Si en este momento de su vida necesita consejo, recurra a un amigo de carne y hueso, nada puede sustituir a la escucha y al abrazo afectuoso. Si lo que desea es entender lo que le pasa o adquirir herramientas para hacer los cambios que anhela en su vida, acuda al psicólogo, eso es terapia.

El diván ‘online’

Si elige ir a un psicólogo, ya sea en su versión online o en holograma, si eso es lo que el futuro nos depara, sepa que la relación terapéutica es fundamental. Se trata de un proceso vivencial y de diálogo basado en la empatía, el respeto y la comprensión, aún a través de internet. Pensar que la terapia consiste en desahogarse es como creer que sólo con comer usted se está nutriendo: en ambos casos hay que hacerlo de la manera apropiada. Frente a la terapia de pantufla y redes sociales que uniformiza y juzga, la psicología busca encontrar aquello que hace a los seres humanos únicos y especiales: su fortaleza y su capacidad de recuperación.

En su proceso con el terapeuta podrá disponer de toda la información que necesite sobre lo que están trabajando y por qué. Hacer terapia no es cosa de locos, sino de aquellos que eligen la responsabilidad de empezar su proceso de cambio sin perderse en echar la culpa a los otros, la mala suerte o la crisis.

La alianza entre redes sociales y psicología permite resultados sorprendentes como detectar posibles señales de alarma en individuos con riesgo, por ejemplo, de suicidio gracias a aplicaciones que analizan las publicaciones de los usuarios o estudiar la felicidad de los países por las palabras positivas detectadas en las redes en distintos idiomas. Si la plataforma donde se encuentra no reúne estas características aplíquese las palabras de Bertolt Brecht: “¡Loada sea la duda!”.