“Cuando una persona muere su cerebro se queda en estado de meditación…”

El cerebro no sólo tarda mucho en “apagarse”, sino que comienza a actuar de otra manera cuando el corazón ha dejado de latir. En la Universidad de Wéstern O. pudieron observar mediante electroencefalogramas, las ondas cerebrales de los pacientes que han muerto de alguna manera semifulminante –por ejemplo, de un paro cardíaco– predominan las “ondas delta”. Estas ondas son las mismas que se generan durante la meditación profunda.

Si sumamos esto a experiencias como las del artista Shiv Grewal, no podemos dejar de pensar que la muerte es más bien un proceso de expansión de la conciencia. Desde una perspectiva budista, dicha expansión no terminaría cuando el cerebro deja de tener actividad.

Más bien es un momento más en ese viaje, sea cual sea, que hacemos al morir, una transformación de un vehículo consciente.

“En los momentos prolongados antes de morir, tu cuerpo libera DMT. La misma droga que te hace soñar. La misma droga que se encuentra en todos los animales vivos. No es un truco evolutivo para hacerte sobrevivir. Tu cuerpo está eligiendo liberar este medicamento ahora porque cree que tu destino es demasiado sombrío para que lo comprendas. Así que sueñas. Sueñas que todo estará bien. Sueñas que nada sucedió en absoluto. Es en este momento que tu cuerpo se sienta frente a ti. Te dice que ‘parece que no lo lograremos esta vez’. Te sientas alrededor de un fuego y recuerdas el pasado antes de separarte pronto del éter atómico. Tu cuerpo hace esto porque te ama. Nunca has conocido a nadie como tu cuerpo. Tu cuerpo ha estado contigo todos los días, en lo bueno y malo. Incluso mantiene un diario de su vida tallado en cicatrices” .