Durante su vida bandida, Villa demostró valor muchas veces. Desde muy joven defendió el honor de su hermana Martina.

En 1894, contando con 16 años hirió en una pierna al dueño de la hacienda Santa Isabel de Berros, Agustín Lopez Negrete, sorprendiéndolo cuando intentaba abusar de ella.


Fue atrapado y encarcelado en la prisión de San Juan del Río, Durango. Al poco tiempo logró escapar, golpeando al guardia con la mano del metate.


Unas veces burló a sus guardias, otras salió de emboscadas a punta de pistola, arriesgando la vida entre lluvias de bala, demostrando valor a pesar de las heridas que recibió.


El 27 de noviembre de 1910, al inicio de la Revolución, bajo las órdenes de Castulo Herrera, el coronel Villa fue enviado a una misión de reconocimiento, al mando de 40 hombres.


El grupo se dividió en dos, 30 hombres por un lado y 10 más al lado de Villa.


El grupo más grande llegó a la cima del cerro del Tecolote, desde donde observaron un batallón Federal de unos 700 hombres.

Desobedeciendo la orden de reportar el avistamiento de enemigos decidieron presentar batalla, un intenso tiroteo, superados por la gran cantidad de federales, se prolongó por media hora, para salir con vida del problema en que se metieron colocaron los sombreros entre las rocas, aprovechando la distracción para escapar sin sufrir bajas.


Villa y sus hombres ansiosos de participar en batalla no repararon en el peligro, atacaron a los federales, cuando el grupo mayor se retiraba.


A punto de ser acabados sus compañeros regresaron a rescatarlos, defendiéndose por casi una hora lograron escapar.


Fue un acto de valor, demasiado arriesgado y absurdo, diría Villa más tarde.


Los federales no podían creer que se enfrentaron con tan solo 40 hombres.
Siete fueron las bajas de los rebeldes, entre ellos murió Eleuterio Soto, miembro de la banda de Francisco Villa y compañero de andanzas desde la época con Ignacio Parra en 1890.

Jorge Cabrera Vargas