LA ULTIMA VOLUNTAD DE:
UN DORADO.

En uno de tantos años revolucionarios hubo un pleito de cantina entre dos dorados de Villa, donde salieron a relucir las armas, el que sobrevivo fue conducido al paredón, Villa había dictado una ley que mandaba al paredón a aquel que matara a uno de sus dorados.
El Dorado, pueden llamarlo como gusten, perdió aplomo al estar frente al batallón de fusilamiento con voz lastimera pidió su ultima voluntad:
-Capitán ¿ me concede mi última voluntad ?
el fusilado estaba al borde del llanto, al verlo con esa actitud, el capitán, no puede sentir mas que desprecio por ese cobarde,
-¿Cuál es?
-¿de verdad me la va a conceder?
si, lo voy a hacer
-¿de verdad me da su palabra?
-tiene mi palabra
-!júremelo por favor!
-fastidiado por tanta cobardía el capitán asiente:
-¡se lo juro!
Al escuchar la respuesta, el Dorado se endereza, compone el gesto y le dice con firmeza, para que todos escuchen:
-mi ultima voluntad es que busque usted a Villa y le diga de mi parte:

-¡que vaya y chingue a su madre!

Jorge Cabrera Vargas