Las copas de helado “Holanda”, las pasitas de chocolate “Escalona”, las lenguas de gato “Bremen”, los muéganos en una bolsita en la que se pegaba la mayor parte, los gaznates, y las siempre tradicionales palomitas de maíz hacían mucho más grata la experiencia, los refrescos que eran vaciados de su envase de vidrio para llenar un vaso “encerado”

En los cines “baratos” a los que se les llamaba “piojitos” vendían tortas de “galantina” (que por cierto nunca he sabido que tipo de carne fría es), o las clásicas de jamón con queso amarillo con sus rajas de chile en vinagre, en los cines de más categoría los sándwiches envueltos en su bolsita de plástico, comprar en la dulcería de los cines era un “lujo”.

Había gente que compraba sus golosinas antes de entrar al cine en esos “carritos” anaranjados con ruedas metálicas de las llamadas “baleros”, ahí se podía comprar las “gomitas” de sabores, los mazapanes “cerezo”, las “peritas” de hierbabuena o de anís, los “corazoncitos perfumados”, la bolsita de cacahuates, las pepitas o simplemente los chicles ya sean “Canels” “chiclets Adams” en su presentación de cuatro pastillas de sabor menta, canela, hierbabuena y tutifruti.

Tomado de la red.