Cuando se realizó en la Ciudad de México la entrevista Villa-Zapata, el 5 de Diciembre de 1914, el Centauro del Norte recorría las calles más céntricas de la Ciudad Capital, acompañado del coronel Juan M. Medina, conocido cariñosamente como “El Botitas”, porque siempre usaba botas de cinta. Este mismo coronel fue Presidente Municipal de Ciudad Juárez allá por 1915 pavimentando las principales calles de esta frontera, como la Juárez, Lerdo y calle del Comercio, hoy 16 de septiembre. También le tocó construir la conocida Pila de La Chaveña.

Pues bien, en ese recorrido por la avenida San Juan de Letrán (hoy avenida Lázaro Cárdenas), la principal ruta de la antigua Tenochtitlán, el general Villa se quedó sorprendido al ver centenares de niños huérfanos durmiendo en las banquetas, tapados con periódicos, con anuncios despegados de las paredes llenos de engrudo seco, carteleras en que se anunciaban corridas de toros, películas y obras de teatro. Algunos se abrazaban de sus perros para sentir mas calor, pues las noches
estaban muy frías en esa época del año. No pocos lloraban de frío, por no poder conciliar el sueño.


Al verlos en ésas condiciones tan deplorables, el general Villa se conmovió hasta las lagrimas, quizá recordando su infancia llena de carencias y privaciones allá en San Juan del Río, por ser huérfano de padre.

No se aguantó las ganas de preguntarle a su acompañante el porqué de aquella triste y dolorosa situación de aquellos niños marginados por la indiferencia de la sociedad capitalina. Una vez que le pasó la tristeza y la melancolía al general, éste le pregunta a su acompañante:


-Coronel Medina. ¿Porqué están esos niños tirados en las calles y
durmiendo a la intemperie?
-Es que son huérfanos – contesta Medina – no tienen casa.

En el día venden periódico, asean calzado o piden limosna, en la noche duermen en donde pueden.


Antes de que regresaran al Estado de Chihuahua, el general, que amaba a los niños y odiaba a los tiranos, ordenó que los recogieran a todos para traerlos a Chihuahua, con el propósito de adoptarlos como si fueran sus hijos.

Cuando llega a su casa “La Quinta Luz” de la calle Décima, hoy Museo de Villa en la capital de Chihuahua, le dijo a su esposa:
-Güera, ahora que regresé de México me traje 300 niños huérfanos que no tienen papá ni mamá, usted va a ser su mamá y yo su papá.


Ahorita mismo se me va usted a la fábrica de ropa La Paz y me les compra ropa de trabajo, ropa interior, sabanas, almohadas, calcetines y zapatos. Ya los instalé en la escuela de artes y oficios, en donde estudiaran todo lo necesario para que mañana sean hombres útiles a la sociedad.
Así fue, les puso maestros de mecánica, talabartería, hojalatería, electricidad, música y carpintería. El Director de la escuela era el Sr. Antonio Ruiz, el Director de la Banda de Música era el maestro don Antonio Villalba. Comentaba años después la Sra. Luz Corral, que de los trescientos muchachitos que Villa trajo de la capital, solo desertaron 25, pero que los demás fueron hombres de bien, gracias a su marido.

El señor Pedro Rodríguez, fue el comisionado para que se hiciera
cargo y responsable del traslado de esos huérfanos desde la Ciudad de México hasta la Ciudad de Chihuahua y platicaba lo siguiente:


-El general Villa me ordenó organizar la “Brigada de Huérfanos”. Por lo pronto los instalé en el cuartel deZapadores en aquella capital, antes de traerlos en los trenes militares en los que nos regresamos a
nuestra ciudad. Al pasar por el puente del Río Conchos, hubo demora mecánica por espacio de una hora, pues se descompuso una locomotora, momento que los muchachos aprovecharon para bañarse y jugar en el agua del río. Creí que se me iban a fugar todos, pero no lo hicieron.

Al oír el silbato de la maquina, todos corrieron para abordar los carros del tren, unos vestidos, otros en ropas menores o desnudos, pues ya se les figuraba que quedaban abandonados en tierras extrañas.

Pasé lista y no me faltó ninguno. Allí estudiaron y vivieron aquellos muchachos por espacio de unos dos años, pues tuvieron que abandonar la escuela de artes y oficios el 27 de marzo de 1917, cuando tomó esa plaza el general Francisco Murguía, sin embargo 12 de ellos permanecieron en el plantel, pues por ningún motivo querían abandonar sus estudios, relacionados con el oficio que estaban aprendiendo, para después ganarse la vida honradamente.

Del libro: Anecdotario Villista: Hechos, Sucesos y Relatos de mi General.
Autor: Gilberto Jiménez Carrillo.