Por Jorge Cruz Camberos
Compramos una catrina fabricada en China, vemos una película producida en Estados Unidos y nos tomamos una foto celebrando una tradición mexicana.
La cultura es nuestra. Pero el negocio puede estar pasando por otra caja registradora.
Y nosotros tenemos con qué participar.
En Chihuahua, Halloween y Día de Muertos conviven con naturalidad. Nuestros hijos piden dulces, se disfrazan y también ponen la fotografía de sus abuelos en un altar.
Así somos en el norte. Podemos querer nuestras raíces y disfrutar lo que compartimos con nuestros vecinos. Aquí caben la calabaza y la catrina.
La industria del entretenimiento lo entendió. Coco y El libro de la vida encontraron en nuestras tradiciones historias capaces de emocionar al mundo. James Bond fue todavía más lejos: el desfile que apareció en Spectre inspiró después un desfile real en Ciudad de México.
Una película imaginó una experiencia. Una ciudad encontró una oportunidad.
¿Qué podemos imaginar nosotros para Chihuahua?
Lo pregunto como empresario, pero también como papá. Muchas veces llega el fin de semana y terminamos preguntándonos lo mismo: “¿A dónde llevamos a los niños?”.
Tenemos campo, cosechas, gastronomía, historias y gente creativa. Podemos conectarlos para construir una temporada de otoño que las familias quieran disfrutar y los visitantes quieran conocer.
En gastronomía ya tenemos una base: CUUlinaria, un festival consolidado que lleva nuestros sabores al escaparate nacional. Según el Municipio, por segundo año consecutivo fue incluido en Agenda México como el único festival gastronómico de esa selección.
Ahora imaginemos lo que puede pasar alrededor.
Una mañana en un laberinto de maíz. Niños escogiendo calabazas. Productores vendiendo directamente. Una tarde entre altares e historias de Chihuahua. Y una mesa donde probar nuestra cocina, nuestros vinos y nuestro sotol.
Que una familia venga por CUUlinaria y encuentre razones para quedarse todo el fin de semana.
Que quienes vivimos aquí descubramos que también podemos ser turistas en nuestra propia tierra.
Ahí empieza a repartirse la oportunidad: gana el productor, la cocinera, el músico, el guía, el hotel y el pequeño comercio.
Porque cuando hablamos de desarrollo económico, también hablamos de la señora que vende más pan y del joven que consigue su primera oportunidad organizando una experiencia.
Para lograrlo necesitamos sumar lo que ya existe, anunciarlo con tiempo y facilitar que unos negocios recomienden a otros. Pensar juntos cómo hacemos que una visita se convierta en otra noche de hotel, otra comida y otra compra local.
Y cuidar lo más valioso: las familias y comunidades que mantienen vivas estas tradiciones deben participar del beneficio.
La próxima oportunidad de Chihuahua puede estar en una milpa, en una cocina o en una historia de nuestros abuelos.
Hay que ponerle creatividad, organización y ganas de hacer equipo.
Que México ponga la tradición. Y que en Chihuahua el negocio también se quede en casa.
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