Claudia Sheinbaum estuvo este sábado en Ciudad Juárez para presentar resultados de su Segundo Informe y sostuvo una reunión privada con la gobernadora Maru Campos. Su visita deja una pregunta poco convencional, pero interesante para entender dos modelos de gobierno: si las prioridades que Sheinbaum ha aplicado desde la Presidencia se trasladaran al Gobierno de Chihuahua, ¿cómo se verían temas como agua, seguridad, infraestructura, industria y programas sociales?

Ayer Claudia Sheinbaum estuvo en Chihuahua.
Y en lugar de quedarnos únicamente con quién la recibió, qué dijo en el evento o qué diferencias existen entre gobiernos, podemos hacer otro ejercicio.
Uno mucho más raro.
Pero también más útil.
¿Cómo sería Chihuahua si Claudia Sheinbaum fuera gobernadora?
No hay forma de saberlo con certeza.
Sheinbaum nunca ha gobernado Chihuahua y dirigir un estado fronterizo, extenso, industrial y con una fuerte economía agropecuaria no es lo mismo que gobernar Ciudad de México o encabezar el Gobierno Federal.
Pero sí podemos hacer algo:
tomar las políticas que ha impulsado como presidenta, observar sus prioridades y preguntarnos cómo podrían aterrizarse en problemas concretos de Chihuahua.
Esto no es una predicción.
Es un ejercicio de escenario.
Primero: Chihuahua probablemente tendría un gobierno muy obsesionado con el agua
Si hay un tema donde el modelo de Sheinbaum permitiría anticipar una dirección relativamente clara, es este.
Su administración federal colocó el agua entre sus prioridades estratégicas y construyó un Programa Nacional Hídrico centrado en derecho humano al agua, ordenamiento de concesiones, sostenibilidad, infraestructura y gestión más estricta del recurso.
Trasladado a Chihuahua, eso probablemente significaría una administración estatal con mucho más énfasis en:
modernización de distritos de riego, tecnificación agrícola, recuperación de acuíferos, tratamiento y reúso de agua, medición y coordinación estrecha con Conagua.
Y aquí aparecería inmediatamente el choque con la realidad chihuahuense.
Chihuahua necesita agua para sus ciudades.
Pero también para una enorme economía agrícola y ganadera.
Un gobierno estatal inspirado en el modelo hídrico de Sheinbaum tendría que encontrar un equilibrio particularmente complicado entre consumo urbano, producción agrícola y recuperación de acuíferos.
No bastaría con abrir o cerrar la llave.
Seguridad: menos discurso de patrullas y más inteligencia
La estrategia de seguridad de Sheinbaum se sostiene oficialmente sobre cuatro pilares:
atención a las causas, Guardia Nacional, inteligencia e investigación y coordinación entre gobiernos.
Si ese modelo se llevara directamente al Gobierno de Chihuahua, es razonable pensar que la Secretaría de Seguridad estatal tendría mayor énfasis en investigación criminal, intercambio de información, construcción de expedientes y coordinación con autoridades federales.
Y aquí hay una coincidencia curiosa con algo que Chihuahua ya ha intentado desarrollar:
la tecnología.
El debate probablemente no sería únicamente cuánto invertir en cámaras, centros de mando o plataformas como Centinela.
La pregunta sería:
¿qué tanta inteligencia útil generan?
El Gobierno Federal ha colocado precisamente el análisis de información y la investigación como piezas centrales de su estrategia.
Para Chihuahua eso sería especialmente relevante en Juárez, la Sierra, los corredores carreteros y los municipios donde operan estructuras criminales que no respetan fronteras municipales.
También habría otra característica:
una relación mucho más estrecha con Federación.
De hecho, durante la visita presidencial de este sábado, Sheinbaum y Maru Campos hablaron precisamente de coordinación en seguridad.
Probablemente veríamos más obra pública como política económica
Sheinbaum ha utilizado la infraestructura como una de las herramientas principales de su estrategia económica.
Su Gobierno presentó para 2026-2030 un programa de inversión pública y mixta de 5.6 billones de pesos en sectores como energía, carreteras, trenes, agua, educación, salud, puertos y aeropuertos.
Una versión estatal de ese modelo probablemente intentaría hacer algo similar a menor escala.
Carreteras.
Puentes.
Agua.
Escuelas.
Hospitales.
Transporte.
Infraestructura energética.
Pero Chihuahua tiene una peculiaridad:
las distancias son enormes.
No es lo mismo construir infraestructura en una entidad compacta que hacerlo en un estado donde conectar comunidades puede implicar cientos de kilómetros.
Un gobierno de ese perfil tendría que decidir cuánto concentrar en Chihuahua y Juárez y cuánto llevar realmente al resto del territorio.
Esa decisión terminaría definiendo buena parte de su legado.
¿Y el transporte público?
Aquí también habría una pregunta interesante.
Sheinbaum llega a la Presidencia después de haber gobernado Ciudad de México, donde la movilidad pública, electrificación del transporte e infraestructura urbana ocuparon un lugar importante en su administración.
Pero copiar ese modelo literalmente en Chihuahua tendría poco sentido.
Chihuahua capital y Ciudad Juárez tienen densidades, distancias y patrones urbanos muy diferentes a la capital del país.
Así que el experimento sería otro:
¿apostaría un gobierno estatal suyo por fortalecer sistemas troncales como Bowí y JuárezBus?
¿Impulsaría más autobuses eléctricos?
¿Invertiría en corredores de transporte?
¿Buscaría reducir la dependencia del automóvil?
No podemos afirmarlo.
Pero movilidad e infraestructura serían temas difíciles de ignorar bajo un gobierno con ese origen político y técnico.
Industria: aquí tendría que gobernar diferente
Chihuahua también obligaría a Sheinbaum a adaptarse.
Este es uno de los estados más vinculados al comercio con Estados Unidos, manufactura de exportación, industria automotriz, aeroespacial, electrónica y cadenas internacionales de suministro.
Por eso un eventual gobierno suyo tendría que convivir estrechamente con grandes empresas privadas.
El Gobierno Federal ha promovido el llamado Plan México, que combina política industrial, inversión, infraestructura, relocalización de empresas y fortalecimiento de proveedores nacionales.
Sheinbaum ha relacionado ese esquema con inversión pública, productividad de pequeñas y medianas empresas, simplificación y desarrollo industrial.
En Chihuahua, eso probablemente significaría intentar que el nearshoring deje algo más que nuevas naves industriales.
La conversación podría pasar a:
proveedores locales, formación técnica, energía disponible, agua, vivienda para trabajadores, movilidad industrial y mejores salarios.
Porque atraer una fábrica es una cosa.
Construir una economía alrededor de ella es otra.
Más programas sociales, pero con una limitante importante
El Gobierno de Sheinbaum ha mantenido y ampliado una estrategia basada en programas sociales y transferencias directas.
En su Segundo Informe, la Presidencia reportó que los Programas para el Bienestar llegarían al cierre de 2026 a más de 42 millones de beneficiarios, además de mantener becas e inversión en infraestructura educativa.
Un gobierno estatal encabezado por ella probablemente tendría una política social fuerte.
Pero aquí aparece una diferencia fundamental:
un gobernador no tiene la chequera de la Presidencia.
Chihuahua no podría simplemente replicar todos los programas federales.
Tendría que escoger.
Podrían aparecer complementos estatales dirigidos a estudiantes, adultos mayores, mujeres, vivienda o comunidades de alta marginación.
Y probablemente existiría mucho interés por programas dirigidos a jóvenes, porque la atención a las causas también forma parte de su estrategia de seguridad.
La Sierra sería una prueba enorme
Aquí es donde el escenario se vuelve particularmente interesante.
Gobernar Chihuahua desde Palacio de Gobierno puede hacer que Chihuahua capital y Juárez absorban prácticamente toda la conversación.
Pero existe otro Chihuahua.
Guadalupe y Calvo.
Guachochi.
Urique.
Bocoyna.
Batopilas.
Comunidades indígenas.
Localidades pequeñas y dispersas.
Caminos complicados.
Problemas de acceso a servicios.
Un modelo que presume política social territorial tendría que demostrar allí si realmente puede funcionar.
No sería suficiente anunciar programas desde la capital.
El verdadero examen estaría en llegar.
Y tendría que convivir con un Chihuahua políticamente distinto
Ese quizá sería uno de los experimentos más interesantes.
Sheinbaum pertenece a Morena.
Chihuahua ha tenido en los últimos años una dinámica política distinta a la de varias entidades gobernadas por su partido.
Así que un eventual gobierno suyo tendría que negociar permanentemente con empresarios, agricultores, ganaderos, organizaciones civiles, alcaldes y sectores con posiciones diferentes a las de Morena.
Eso podría producir acuerdos.
También conflictos.
Particularmente en asuntos como agua, seguridad, relación con Estados Unidos, energía y política agropecuaria.
La propia visita de este sábado dejó una muestra de esa necesidad de diálogo: Sheinbaum y Maru Campos sostuvieron una reunión privada después de meses de diferencias públicas y ambas partes hablaron de mantener coordinación institucional.
Entonces, ¿cómo sería un Chihuahua gobernado por Sheinbaum?
Probablemente veríamos un estado con mayor peso de:
infraestructura pública, política hídrica, coordinación federal, programas sociales, inteligencia en seguridad y planeación técnica.
Pero eso es únicamente lo que podemos inferir de su trayectoria y de las políticas que actualmente impulsa.
No sabemos cómo resolvería específicamente la carretera Chihuahua-Juárez.
Ni qué haría con el transporte público.
Ni cómo manejaría el conflicto por el agua.
Ni cuánto invertiría en seguridad estatal.
Ni qué relación tendría con empresarios, agricultores o ganaderos.
Porque gobernar Chihuahua obliga a cualquier proyecto político a enfrentarse con una realidad propia.
Un territorio gigantesco.
Una frontera internacional.
Una economía exportadora.
Una Sierra difícil de comunicar.
Escasez de agua.
Ciudades que siguen creciendo.
Y una población que no vive los mismos problemas en Juárez que en Parral, Cuauhtémoc, Delicias o Guadalupe y Calvo.
Por eso quizá la pregunta interesante no sea simplemente:
¿qué haría Claudia Sheinbaum si gobernara Chihuahua?
Sino otra:
¿cuánto tendría que cambiar su propio modelo para poder gobernar Chihuahua?
Ese, probablemente, sería el verdadero experimento.
Redacción por: Jesús Cota
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