Hay atletas de Chihuahua trabajando para llegar a los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2028. Conocerlos y acompañarlos puede dejar algo muy valioso en nuestra comunidad desde hoy.
Más que un equipo | Por Jorge Cruz
Cuando un mexicano gana una medalla, se nos enchina la piel.
Y si es de Chihuahua, todavía más. Compartimos el video, presumimos de dónde viene y sentimos, por un ratito, que también nosotros estuvimos ahí.
A mí me pasa.
Pero, leyendo las historias de los atletas de Meta Olímpica CUU, me quedé pensando: ¿cuánto sabemos de ellos antes de que llegue ese momento?

(Da click en la imagen para más información del talento chihuahuense)
¿Sabemos dónde entrenan? ¿Quién los ha acompañado? ¿Qué han tenido que hacer para seguir compitiendo?
Porque nosotros vemos unos segundos en la televisión. Ellos llevan años preparándose para estar ahí.
Hay mucho que pasa antes de una medalla
Alegna González ganó plata en los 20 kilómetros de marcha del Mundial de Tokio en 2025. Erick Portillo consiguió plata en el Mundial bajo techo de Polonia, en marzo de este año, con un salto de 2.30 metros.
Son resultados para sentirse orgullosos.
Pero a mí también me interesa lo que pasó antes. Los entrenamientos que nadie grabó. Las competencias donde las cosas salieron mal. La decisión de volver al día siguiente, aunque hubiera cansancio o frustración.
Quienes hemos estado cerca del deporte sabemos que así se va construyendo una trayectoria.
También sabemos cuánto importa tener gente alrededor. Un entrenador que sabe cuándo exigir y cuándo escuchar. Una familia que acompaña. Alguien que ayuda a resolver un viaje, una inscripción o una necesidad de equipo.
El atleta es quien compite. Hay muchas personas que le ayudan a llegar.
Por eso me gusta la idea de Meta Olímpica CUU: reunir esfuerzos para acompañar a deportistas de nuestra tierra rumbo a Los Ángeles 2028.
Su reporte de septiembre presenta a once atletas de marcha, salto de altura, natación, paratriatlón y flag football. Cada uno tiene su historia y su camino por recorrer. Todavía hay que buscar la clasificación y seguir trabajando.
Ahí es donde podemos estar cerca.
Que un niño de Chihuahua pueda decir: “Yo también quiero”
Me gustaría que nuestros hijos conocieran más a estos deportistas.
Que supieran quién es Alegna. Que vieran saltar a Erick y a Jair. Que conocieran a Byanca, Humberto, Daniela y a los demás integrantes del programa.
Y, si se puede, que algún día pudieran platicar con ellos.
Preguntarles si también se ponen nerviosos. Si alguna vez quisieron dejarlo. Qué hacen cuando entrenan mucho y, aun así, no ganan.
Esas conversaciones pueden quedarse con un niño durante años.
A veces basta conocer a alguien de tu tierra que llegó lejos para empezar a imaginar tus propias posibilidades.
Después viene nuestra parte: ayudarle a encontrar una cancha, una alberca, una pista o un equipo donde pueda comenzar. Un lugar donde lo reciban bien y le den ganas de regresar.
También cuidar cómo lo acompañamos. Desde la grada podemos animarlo, escucharlo y dejar que aprenda. Que sepa que nuestro cariño sigue ahí, gane o pierda.
Desde las empresas podemos hacer algo
Yo creo que los empresarios de Chihuahua tenemos una buena oportunidad de sumarnos.
Podemos acercarnos, preguntar qué hace falta y encontrar una manera de ayudar que podamos sostener.
Tal vez sea equipo. Tal vez transporte, servicios profesionales o apoyo para una competencia. Para una empresa, algo así puede ser manejable; para un atleta, puede resolver una parte importante de su preparación.
Me gustaría ver a más empresas locales siguiendo estas historias junto con sus colaboradores. Saber cuándo compiten, cómo les fue y qué viene después.
Que el apoyo tenga continuidad. Que podamos conocer sus avances y también entender los días difíciles.
Y desde los medios tenemos mucho por hacer. Podemos darles espacio, presentarlos a la comunidad y contar lo que van viviendo. Hay historias que merecen conocerse mientras están ocurriendo.
Tenemos tiempo para hacer equipo
Falta camino para Los Ángeles 2028.
Ojalá veamos a estos atletas representar a México. Ojalá lleguen con salud, buena preparación y la tranquilidad de haber tenido respaldo.
Mientras tanto, aquí podemos empezar por conocerlos.
Seguir sus competencias. Compartir sus historias. Preguntar cómo sumarnos. Llevar a nuestros hijos a ver deporte y darles la oportunidad de practicarlo.
Creo mucho en lo que el deporte puede dejar en una ciudad: amistades, disciplina, confianza y gente que aprende a levantarse después de un mal día.
Por eso vale la pena acompañar a quienes hoy están intentando llegar más lejos.
Qué bonito sería verlos en Los Ángeles y poder decir: “Me acuerdo cuando apenas iban en camino. Nosotros también estuvimos ahí”.
ES! Visión
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