¿Por qué en Chihuahua el Día de Muertos no se celebra como en el centro y sur de México?

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Altares monumentales, campos cubiertos de cempasúchil y comunidades enteras velando durante la noche son imágenes que solemos asociar con el Día de Muertos en México. En Chihuahua la fecha también se celebra, pero históricamente ha tomado formas distintas: desde Los Seremos en Valle de Allende hasta visitas nocturnas al panteón en Uruachi, mientras Halloween encontró en el norte una presencia particularmente fuerte. La explicación está en la historia cultural del estado.

Hay una pregunta que probablemente más de un chihuahuense se ha hecho alguna vez al comparar noviembre aquí con estados como Michoacán, Oaxaca, Puebla o Veracruz:

¿por qué el Día de Muertos se siente diferente en Chihuahua?

No significa que aquí no exista la tradición.

De hecho, Chihuahua conserva expresiones propias con siglos de historia.

El punto es otro:

México nunca ha celebrado a sus muertos exactamente de la misma manera.

La UNESCO señala que las festividades dedicadas a los muertos nacen de la combinación entre creencias indígenas prehispánicas y celebraciones católicas introducidas después de la llegada de los españoles. Esa mezcla fue diferente según cada comunidad y región del país.

Y Chihuahua tuvo una historia cultural distinta a la del corazón mesoamericano.

Primero: el Día de Muertos que conocemos no nació igual en todo México

Cuando pensamos en Día de Muertos probablemente aparecen inmediatamente:

cempasúchil,

altares,

papel picado,

veladoras,

pan de muerto

y cementerios llenos de familias.

Pero muchas de las expresiones más conocidas actualmente están vinculadas con pueblos y regiones donde las tradiciones mesoamericanas conservaron una presencia particularmente fuerte.

Incluso la UNESCO deja claro algo importante:

el Día de Muertos mexicano es diverso.

Las formas de recibir a los muertos cambian según el pueblo, la comunidad y la región.

No existe un manual nacional que diga cómo debe celebrarse.

Chihuahua pertenece a otra historia cultural

Aquí aparece la primera gran diferencia.

El territorio que hoy ocupa Chihuahua quedó fuera de buena parte del núcleo cultural que conocemos como Mesoamérica.

En el norte existieron y existen pueblos con cosmovisiones, rituales funerarios y formas de relacionarse con la muerte diferentes.

Incluso entre los pueblos originarios de Chihuahua existen prácticas propias.

Investigaciones del INAH, por ejemplo, documentan entre comunidades rarámuri rituales mortuorios y ofrendas vinculadas con el Día de los Santos Difuntos, pero dentro de una concepción propia sobre las almas, la muerte y las obligaciones hacia quien falleció.

Así que sería un error pensar:

“en Chihuahua no había tradición”.

Había tradiciones.

Solo que no necesariamente eran idénticas a las que hoy identificamos visualmente con Oaxaca, Michoacán o el centro del país.

Y tenemos una tradición rarísima —y muy chihuahuense—: Los Seremos

Para comprobarlo basta viajar hacia el sur del estado.

Cada noche del 1 de noviembre, niñas, niños y jóvenes de Valle de Allende forman pequeños grupos.

Uno de ellos se recuesta en el suelo cubierto con una sábana, representando a un “angelito” muerto.

Los demás se colocan alrededor, rezan un Padre Nuestro y un Ave María y posteriormente cantan para pedir alimentos, dulces o monedas por las casas.

La tradición se conoce como:

Los Seremos

y está relacionada con el Día de Todos los Santos o Día de los Angelitos.

La práctica se conserva por memoria colectiva en Valle de Allende y comunidades cercanas y ha sido documentada oficialmente como patrimonio cultural inmaterial de Chihuahua.

¿Te suena un poquito a pedir Halloween?

Sí.

Pero Los Seremos no nació como copia del Halloween estadounidense.

Es una tradición local con identidad propia.

Y ése es precisamente el punto de esta historia.

Chihuahua no necesariamente dejó de celebrar a los muertos.

Desarrolló otras maneras de hacerlo.

Uruachi lleva alrededor de 200 años haciéndolo a su manera

Otro ejemplo está en la Sierra.

En Uruachi existe una celebración que, de acuerdo con registros locales difundidos por el Gobierno del Estado, tiene por lo menos:

200 años de historia.

Ahí las familias visitan durante la madrugada del 2 de noviembre el panteón local.

Las tumbas se acompañan con:

velas,

flores,

alimentos,

música

e incluso:

tesgüino.

La celebración se combina actualmente con altares, catrinas, música y actividades comunitarias.

Otra vez:

no estamos frente a una ausencia del Día de Muertos.

Estamos frente a:

una versión chihuahuense.

Entonces… ¿qué pasó con Halloween?

Aquí entra el elefante disfrazado de fantasma en la habitación.

Chihuahua está profundamente conectado económica, social y culturalmente con Estados Unidos.

Y eso también ha influido en estas fechas.

Un estudio etnográfico publicado por el INAH sobre la cultura serrana mestiza señala que Halloween adquirió una presencia importante en buena parte del norte de México, especialmente en Chihuahua, donde las celebraciones mortuorias no tuvieron exactamente la misma influencia de tradiciones prehispánicas mesoamericanas que otras regiones del país.

Eso ayuda a explicar algo que cualquiera que haya crecido aquí reconoce:

niños disfrazados pidiendo dulces el 31 de octubre.

Brujas.

Monstruos.

Fiestas de disfraces.

Casas decoradas.

Y al día siguiente:

altares y Día de Muertos.

Pero hay que tener cuidado con una conclusión demasiado fácil.

Halloween no necesariamente “mató” al Día de Muertos

Decir que Chihuahua cambió Día de Muertos por Halloween sería demasiado simplista.

Las dos tradiciones hoy:

conviven.

Incluso la ficha oficial de Los Seremos señala que la comunidad ha buscado proteger su costumbre frente a la creciente presencia de Halloween.

Pero al mismo tiempo, en Chihuahua capital se montan altares en:

escuelas,

oficinas,

museos,

dependencias,

universidades

y espacios públicos.

El propio Centro INAH Chihuahua ha documentado altares y otras expresiones contemporáneas del Día de Muertos en la ciudad.

Así que una tradición no borró completamente a la otra.

Se fueron mezclando en el calendario chihuahuense.

De hecho, Chihuahua capital está reforzando la celebración

Hay otro dato que derriba la idea de que “aquí no celebramos Día de Muertos”.

Para este 2026, el Municipio ya convocó al desfile:

“Campo Santo, Sendero al Mictlán”

que se realizará el:

2 de noviembre

en el Centro Histórico de Chihuahua.

La convocatoria busca reunir agrupaciones y familias alrededor de elementos vinculados con Día de Muertos.

Es decir:

la celebración también está cambiando.

Muchas expresiones visuales que ahora vemos con mayor frecuencia en Chihuahua capital —catrinas, grandes altares, desfiles y decoraciones monumentales— forman parte de una tradición nacional que se ha fortalecido también en espacios urbanos.

Entonces, ¿por qué parece diferente?

Porque la historia de Chihuahua también lo es.

No tenemos exactamente el mismo pasado indígena que Michoacán.

No tenemos las mismas comunidades que Oaxaca.

No tenemos los mismos rituales que Veracruz.

Tenemos:

Rarámuri,

Ódami,

mestizaje norteño,

misiones y tradición católica,

comunidades serranas,

una frontera cercana

y más de un siglo de intercambio cultural constante con Estados Unidos.

Era prácticamente imposible que de ahí saliera una celebración idéntica.

Y quizá estamos haciendo la pregunta equivocada

En lugar de preguntar:

“¿por qué Chihuahua no celebra Día de Muertos como el sur?”

quizá deberíamos preguntar:

¿cómo celebra Chihuahua a sus muertos?

Y entonces aparecen historias mucho más interesantes.

Niños que representan un angelito muerto en Valle de Allende.

Familias que llegan de madrugada a un panteón en Uruachi.

Comunidades rarámuri que mantienen sus propios rituales.

Altares que aparecen cada noviembre en la capital.

Niños disfrazados pidiendo dulces una noche antes.

Y ahora también desfiles, catrinas y festivales urbanos.

Todo ocurriendo prácticamente durante la misma semana.

En corto

💀 ¿Chihuahua celebra Día de Muertos?
Sí.

🌼 ¿Igual que el centro y sur de México?
No necesariamente.

🏜️ ¿Por qué?
Porque la historia indígena, religiosa y cultural del norte fue distinta.

👻 ¿Halloween influyó?
Sí existe una influencia cultural estadounidense documentada en el norte, pero no explica por sí sola las tradiciones actuales.

🕯️ ¿Hay costumbres propias?
Sí. Los Seremos, en Valle de Allende, y la celebración histórica de Uruachi son dos ejemplos claros.

🎭 ¿Se sigue celebrando actualmente?
Sí. Chihuahua capital incluso tendrá desfile de Día de Muertos este 2 de noviembre.

Al final, quizá no necesitamos buscar en Chihuahua una copia de Pátzcuaro o Oaxaca.

Porque aquí la muerte también tiene sus propias historias.

Unas llegan entre flores y veladoras.

Otras caminan de noche por un pueblo diciendo:

“Seremos, seremos…”

Y otras tocan el timbre disfrazadas esperando dulces.

Todas, de una forma u otra, cuentan algo sobre quiénes somos.

Redacción por: Jesús Cota

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