Ciudad de México, noviembre de 1995.
Una historia de humanidad y sensibilidad marcó uno de los momentos más emotivos en la carrera del cantautor Juan Gabriel, al cumplir el último deseo de Rosa Morales, una niña de nueve años que permanecía internada en el Hospital Infantil de México luchando contra una leucemia avanzada.
Rosa llevaba seis meses hospitalizada y, debido a la gravedad de su estado de salud, los médicos habían informado a su familia que no podría abandonar la habitación. En medio del dolor y los tratamientos, la música de Juan Gabriel se convirtió en su principal consuelo, especialmente la canción “Amor eterno”, que escuchaba diariamente en un reproductor de casetes.
Conmovida por la fortaleza y la serenidad de la menor, la enfermera Luisa Hernández decidió escribir una carta al artista, en la que le explicó la situación de Rosa y le solicitó, de manera discreta, una breve visita para cumplir su único deseo: escucharlo cantar en vivo.
Dos semanas después, la respuesta llegó de manera inesperada. A través de su asistente personal, Juan Gabriel confirmó que acudiría al hospital de forma privada, sin prensa ni cámaras. El encuentro se llevó a cabo un viernes por la tarde, cuando el cantante llegó al hospital acompañado únicamente de su guitarra.
En la habitación 307, Juan Gabriel saludó a Rosa y le interpretó varias canciones, entre ellas “Querida”, creando un momento de profunda emoción para la menor, sus padres y el personal médico presente. El gesto transformó por unos minutos el ambiente hospitalario en un espacio de esperanza y consuelo.
El acto, realizado lejos de los reflectores, dejó un testimonio imborrable de la calidad humana del “Divo de Juárez”, así como del impacto que la música puede tener en los momentos más difíciles de la vida.