¿Por qué Chihuahua tiene que entregar agua a Estados Unidos? Así funciona el tratado que vuelve a poner a las presas bajo presión

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La discusión regresó a Chihuahua ante la posibilidad de utilizar agua del estado para cumplir compromisos con Estados Unidos. Pero el tema suele explicarse mal: Chihuahua no tiene una “deuda” propia con el vecino país; México tiene una obligación internacional y el río Conchos es una pieza clave para cumplirla.

El agua vuelve a colocarse en el centro de la discusión en Chihuahua.

Esta semana, el titular de la Junta Central de Agua y Saneamiento, Mario Mata, advirtió sobre una posible aportación de 300 millones de metros cúbicos provenientes de presas de Chihuahua para cumplir compromisos con Estados Unidos. Sin embargo, representantes de Conagua en Chihuahua rechazaron públicamente esa versión y señalaron que no existe sustento para afirmar que actualmente se prepara una extracción en esos términos.

Detrás de la disputa política existe una pregunta mucho más importante para quienes viven en Chihuahua:

¿Por qué México tiene que enviar agua a Estados Unidos y qué tienen que ver nuestras presas?

La explicación comienza en 1944.

México entrega agua, pero también recibe

El Tratado de Aguas de 1944 establece cómo México y Estados Unidos comparten el agua de los ríos Colorado, Tijuana y Bravo.

En el caso del río Bravo, Estados Unidos tiene derecho a una tercera parte del agua que llega desde seis afluentes mexicanos: Conchos, San Diego, San Rodrigo, Escondido y Salado, además del arroyo Las Vacas.

La aportación mexicana debe alcanzar un promedio mínimo de aproximadamente 432 millones de metros cúbicos anuales, contabilizados en periodos de cinco años. Eso equivale a alrededor de 2 mil 158 millones de metros cúbicos por ciclo.

Pero hay otra mitad de la historia que suele olvidarse.

Estados Unidos entrega a México alrededor de 1,850 millones de metros cúbicos cada año provenientes del río Colorado, aproximadamente cuatro veces el volumen promedio anual que México aporta por el sistema del Bravo.

Es, por tanto, un acuerdo de distribución de agua en ambos sentidos.

¿Por qué Chihuahua termina en medio?

Por una palabra: Conchos.

El río Conchos nace en Chihuahua, atraviesa buena parte del estado y finalmente desemboca en el río Bravo.

Es además el único de los seis afluentes contemplados por el tratado que corresponde a Chihuahua; los demás se encuentran principalmente en Coahuila y Tamaulipas.

Aquí aparece la diferencia fundamental:

Chihuahua no tiene una cuota individual que deba entregar a Estados Unidos.

El compromiso pertenece al Estado mexicano. Sin embargo, el agua del Conchos forma parte del sistema utilizado para cumplirlo.

Por eso nombres como La Boquilla, Las Vírgenes y El Granero reaparecen cada vez que México enfrenta dificultades con sus entregas internacionales.

México terminó el último ciclo con un faltante

La situación actual tiene además un antecedente importante.

El ciclo de entregas comprendido entre octubre de 2020 y octubre de 2025 coincidió con condiciones de sequía histórica en la cuenca del río Bravo y México no logró completar el volumen correspondiente.

El propio Gobierno federal informó que el Tratado permite que, ante condiciones de sequía extraordinaria, los faltantes existentes al finalizar un ciclo puedan recuperarse durante el siguiente.

Eso significa que México dispone del actual periodo, que concluye en octubre de 2030, para atender el faltante heredado.

Y esa es una de las razones por las que el agua continuará siendo tema durante los próximos años.

¿Entonces van a sacar agua de La Boquilla?

No está confirmado.

Esta distinción es especialmente importante ante las versiones difundidas durante los últimos días.

Mario Mata ha advertido que podría prepararse una entrega de aproximadamente 300 millones de metros cúbicos utilizando agua de Chihuahua. Conagua en el estado ha rechazado esa afirmación.

Por tanto, no existe hasta ahora una confirmación pública suficiente para afirmar que La Boquilla será abierta específicamente para enviar ese volumen a Estados Unidos.

El Gobierno federal ha sostenido además que el cumplimiento del tratado debe realizarse garantizando primero el abastecimiento para consumo humano y las actividades agrícolas.

¿Por qué preocupa tanto al campo?

Porque detrás de los millones de metros cúbicos hay hectáreas sembradas, empleos y comunidades enteras.

El agua almacenada en las presas del centro-sur de Chihuahua sostiene uno de los corredores agrícolas más importantes del estado.

Cuando existe menos disponibilidad, los distritos de riego deben reducir superficies de cultivo y los productores enfrentan decisiones sobre qué sembrar, cuánto producir y si existe agua suficiente para el siguiente ciclo.

Por eso el debate no consiste simplemente en estar “a favor” o “en contra” del tratado.

La verdadera discusión es de dónde obtiene México el agua necesaria para cumplirlo y cómo distribuye el costo de hacerlo entre las diferentes cuencas y usuarios.

Una historia que Chihuahua ya vivió

El estado conoce perfectamente lo delicado que puede convertirse este asunto.

En 2020, las extracciones relacionadas con el cumplimiento del tratado detonaron protestas de productores y una fuerte confrontación alrededor de las presas de Chihuahua.

Aquella crisis dejó una huella que explica buena parte de la reacción inmediata que provoca cualquier nueva posibilidad de utilizar agua almacenada en el estado.

Seis años después, la pregunta sigue siendo prácticamente la misma:

¿cómo cumplir un compromiso internacional cuando el agua también hace falta de este lado de la frontera?

El Tratado de 1944 seguirá vigente y México continuará teniendo obligaciones con Estados Unidos.

Pero eso no significa que Chihuahua tenga que entregar automáticamente una cantidad determinada desde La Boquilla.

Significa algo más complejo: el río Conchos forma parte de un sistema binacional de agua y, mientras la sequía reduzca la disponibilidad del recurso, cada metro cúbico será más difícil de repartir entre ciudades, agricultores, ecosistemas y compromisos internacionales.

Ahí está el verdadero problema.

No solamente en cuánta agua queda en una presa, sino en cómo administrar un recurso cada vez más disputado en el norte de México.

Redacción por: Jesús Cota

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