Por Jorge Cruz Camberos
Bajada: El problema de movilidad de Chihuahua no empieza en el tráfico. Empieza en una ciudad donde, para demasiadas cosas, no tenemos otra opción que subirnos al coche. Y la factura la estamos pagando con algo mucho más valioso que la gasolina: nuestro tiempo.
Son las 6:50 de la mañana.
Una mamá sube a dos niños al coche. Uno todavía va medio dormido.
Hay que dejarlos en la escuela y después correr a la oficina.
Waze dice: 14 minutos.
Termina haciendo casi 40.
No hay una ruta de transporte público que realmente le resuelva. Caminar no es opción. La bicicleta, con dos niños, tampoco.
Así que hace lo mismo que hacemos miles de chihuahuenses todas las mañanas:
Subirse al coche.
Y quizá ahí está algo que no hemos querido reconocer.
El tráfico no es el problema.
Es el síntoma.
Una ciudad donde manejar dejó de ser opción
Durante décadas, Chihuahua creció siguiendo una lógica bastante sencilla.
Si la ciudad crece, construimos calles.
Si hay tráfico, ampliamos avenidas.
Si llegan más automóviles, hacemos más espacio para ellos.
Y durante un tiempo funcionó.
Hasta que dejó de funcionar.
Hoy el automóvil domina nuestros desplazamientos cotidianos. Lo usamos para trabajar, llevar a los niños a la escuela, comprar comida, hacer ejercicio, visitar a nuestros padres o ir por un café.
No necesariamente porque nos encante manejar.
Muchas veces porque no tenemos una alternativa mejor.
Y eso tiene consecuencias.
El tráfico no nos quita kilómetros. Nos quita vida.
Normalmente calculamos el costo del automóvil en gasolina, mensualidad, seguro y mantenimiento.
Pero falta el costo más importante:
El tiempo.
Esos 20 o 30 minutos adicionales de tráfico parecen poca cosa.
Hasta que los multiplicamos por cinco días.
Después por 50 semanas.
Después por diez años.
Entonces dejamos de hablar de minutos.
Estamos hablando de meses de nuestra vida.
Y esas horas tienen nombre.
Son desayunos que no tuvimos con nuestros hijos.
Juntas a las que llegamos estresados.
Partidos que comenzaron sin nosotros.
Tiempo que pudimos utilizar para trabajar, hacer ejercicio, descansar o simplemente llegar a casa un poco antes.
Por eso, la movilidad no es solamente un problema de ingeniería vial.
Es un problema de calidad de vida.
Y también de competitividad.
El talento también elige ciudades
En Chihuahua hablamos mucho de atraer inversiones, nearshoring y competir con Texas o Arizona.
Está bien.
Pero las empresas siguen al talento.
Y el talento también compara ciudades.
Compara salarios, vivienda, seguridad, escuelas, espacios públicos y, cada vez más, algo muy sencillo:
¿Cuánto tiempo de mi vida voy a perder todos los días trasladándome?
Una ciudad donde cada nueva colonia obliga prácticamente a comprar otro automóvil termina siendo una ciudad más cara.
Para las familias.
Para los trabajadores.
Y también para las empresas.
No podemos pavimentar Chihuahua para siempre
Necesitamos mejores calles.
Necesitamos puentes donde hagan falta, intersecciones eficientes, semáforos inteligentes y tecnología para administrar mejor el tráfico.
Pero existe un límite físico.
No podemos pavimentar Chihuahua indefinidamente.
La conversación tiene que cambiar.
El objetivo no puede ser solamente mover más coches.
Tiene que ser mover mejor a las personas.
Eso significa construir un transporte público tan bueno que incluso quien tenga automóvil considere dejarlo en casa algunos días.
Significa acercar vivienda, escuelas, comercio, servicios y empleo.
Significa utilizar datos para administrar semáforos y flujos vehiculares en tiempo real.
Significa que las empresas también participen con transporte de personal, horarios escalonados y esquemas laborales que reduzcan la presión en las horas pico.
Y significa recuperar algo que poco a poco hemos ido perdiendo:
Una ciudad que también pueda recorrerse a pie.
Banquetas dignas. Cruces seguros. Ciclovías donde realmente tengan sentido. Espacios públicos conectados con nuestra vida cotidiana.
Esto no es una guerra contra el automóvil
Yo uso coche.
Probablemente usted también.
Y lo vamos a seguir utilizando.
La discusión no es eliminarlo.
La discusión es mucho más sensata:
Que no necesitemos utilizarlo absolutamente para todo.
Porque quizá hemos estado midiendo mal el progreso de nuestras ciudades.
Una ciudad moderna no necesariamente es aquella donde puedes manejar más rápido.
Es aquella donde necesitas manejar menos.
Donde una familia puede vivir con un automóvil en lugar de necesitar dos.
Donde un joven puede llegar seguro a la universidad sin pedirle el coche a sus papás.
Donde un adulto mayor conserva su independencia aunque ya no pueda manejar.
Y donde aquella mamá que salió de casa a las 6:50 para realizar un trayecto de 14 minutos no tenga que regalarle otros 25 minutos de su vida al tráfico.
Chihuahua todavía está a tiempo.
No tenemos los congestionamientos permanentes de las grandes metrópolis mexicanas.
Y precisamente por eso, este es el momento de actuar.
La pregunta no es si queremos automóviles.
La pregunta es mucho más importante:
¿Queremos una ciudad construida alrededor del coche o una ciudad construida alrededor de nuestra vida?
Porque entre esas dos opciones se juega mucho más que el tráfico.
Se juega nuestro tiempo.
ES! Visión
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