Quitaron el descenso. ¿Y qué construyeron a cambio?

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Por Jorge Cruz Camberos

Voy a decir algo que probablemente no les guste a muchos aficionados al fútbol:

Eliminar el ascenso y descenso en México no necesariamente fue una mala decisión.

El problema es lo que hicimos después.

En 2020, el fútbol mexicano tomó una de las decisiones más polémicas de su historia reciente: suspendió durante seis temporadas el ascenso y descenso entre la Liga MX y la entonces división de Ascenso.

La razón oficial era preocupante.

Había clubes con problemas financieros serios, proyectos cerca de desaparecer y un déficit promedio reportado superior a 25 millones de pesos anuales por equipo. El propio TAS terminó reconociendo que la decisión había sido adoptada por razones financieras y económicas, incluyendo los efectos de la pandemia. (TAS/CAS)

La intención tenía cierta lógica:

Dar estabilidad para reconstruir el sistema.

Seis años después, la pregunta es inevitable:

¿Qué construimos con esa estabilidad?

Porque para la temporada 2026-27 seguimos sin ascenso ni descenso. El nuevo reglamento establece que ningún equipo de Liga MX baja y ninguno de Expansión sube. (N+)

Y aquí comienza la discusión verdaderamente interesante.

Estados Unidos tampoco tiene descenso


• NBA.
• NFL.
• MLB.
• NHL.
• MLS.

Ninguna funciona con ascenso y descenso.

Y difícilmente podríamos decir que eso ha impedido la inversión.

Todo lo contrario.

Las franquicias deportivas estadounidenses se han convertido en algunos de los activos más codiciados del mundo.

¿Por qué?

Porque cuando alguien compra una franquicia no está comprando solamente un equipo.

Compra un lugar escaso y protegido dentro de una plataforma económica enorme.

Televisión.

Streaming.

Patrocinios.

Merchandising.

Datos.

Estadios.

Contenido.

Audiencias.

Y una participación en el crecimiento futuro de la liga.

El propietario sabe algo fundamental:

Su equipo seguirá perteneciendo a esa competencia el próximo año.

Esa certeza tiene valor.

Entonces quizá México entendió solamente la mitad de la ecuación

Eliminar el descenso reduce riesgo para el propietario.

Hasta ahí, económicamente tiene sentido.

Pero reducir riesgo no crea valor automáticamente.

La estabilidad tenía que servir para profesionalizar clubes, fortalecer la segunda división, mejorar estadios, desarrollar jugadores, centralizar ingresos comerciales, atraer capital y aumentar el valor de las franquicias.

Si haces todo eso, una liga cerrada puede convertirse en una poderosa plataforma de inversión.

Pero si solamente eliminas el descenso…

Proteges al propietario.

Y eso es completamente diferente.

Porque entonces un equipo puede terminar último y seguir ahí.

Puede administrar mal y seguir ahí.

Puede invertir poco y seguir ahí.

Quitaste el castigo deportivo sin necesariamente crear suficientes incentivos económicos para hacerlo mejor.

Ese es el verdadero peligro de una liga cerrada.

Y también perdimos algo muy valioso

El ascenso tenía una característica extraordinaria:

Permitía soñar.

Una ciudad podía empezar abajo.

Un empresario podía construir un proyecto.

Una afición podía llenar un estadio.

Un equipo podía subir divisiones.

Leones Negros, Atlante, Morelia o cualquier proyecto regional podía aspirar a llegar deportivamente a Primera.

Eso tiene un enorme valor social y deportivo.

El ascenso es, de alguna manera, movilidad social aplicada al deporte.

Puedes empezar abajo y llegar arriba.

Por eso eliminarlo debería haber tenido un costo de oportunidad muy alto.

Si íbamos a sacrificar esa posibilidad, teníamos que recibir algo extraordinario a cambio.

¿Y qué debimos haber recibido?

Una Liga MX mucho más poderosa.

Franquicias financieramente sólidas.

Estados financieros auditados.

Mejor gobierno corporativo.

Grandes inversiones en infraestructura.

Una segunda división sostenible.

Derechos comerciales mejor organizados.

Más inversión institucional.

Y equipos aumentando constantemente su valor.

Entonces podríamos haber dicho:

Sacrificamos movilidad deportiva para construir estabilidad económica.

Pero hoy resulta difícil hacer esa afirmación.

Para Chihuahua esto debería importarnos

Porque detrás del ascenso y descenso existe otra pregunta:

¿Cómo puede una ciudad que hoy no tiene Primera División llegar algún día?

Juárez tuvo una ruta.

San Luis tuvo una ruta.

León tuvo una ruta.

Otros mercados mexicanos también la tuvieron.

Pero cuando cierras completamente el sistema, llegar deja de depender principalmente del resultado deportivo.

Depende de que exista una franquicia disponible, una expansión o una decisión administrativa.

Eso cambia completamente las posibilidades para ciudades que están fuera del máximo circuito.

Y también cambia los incentivos para que empresarios regionales inviertan desde abajo.

¿Por qué invertir durante diez años en fuerzas básicas, estadio y afición si ganar el campeonato no te garantiza llegar arriba?

Yo no regresaría simplemente al modelo anterior

Ese también sería un error.

El viejo ascenso mexicano tenía problemas financieros evidentes.

No necesitamos regresar al pasado.

Necesitamos construir algo mejor.

Yo establecería un sistema muy sencillo:

Puedes ascender, pero primero tienes que demostrar que estás preparado para permanecer.

Campeón deportivo.

Capital mínimo.

Estadio certificado.

Estados financieros auditados.

Cero adeudos.

Fuerzas básicas.

Gobierno corporativo.

Plan financiero a cinco años.

Y garantías suficientes para operar.

El ascenso se gana en la cancha.

La permanencia institucional se gana fuera de ella.

Eso permitiría combinar lo mejor de ambos mundos:

Competencia deportiva y disciplina financiera.

Porque el verdadero objetivo no debería ser proteger equipos

Debería ser construir franquicias valiosas.

Equipos que empresarios importantes quieran comprar.

Clubes donde family offices y fondos quieran invertir.

Estadios llenos.

Mejores academias.

Mejores jugadores.

Más contenido.

Más aficionados.

Y franquicias que dentro de diez años valgan varias veces lo que valen hoy.

Ahí está la gran lección de la NBA.

No necesitamos copiar su modelo.

Necesitamos entender su lógica.

La NBA convirtió equipos deportivos en activos escasos.

Nosotros eliminamos el descenso, pero todavía tenemos pendiente convertir esa estabilidad en valor.

Por eso la pregunta ya no debería ser solamente:

¿Debe regresar el ascenso y descenso?

La pregunta importante es otra:

¿Qué tipo de fútbol queremos construir para que empresarios quieran invertir miles de millones en nuestros equipos?

Porque cerrar una liga es fácil.

Lo difícil es hacer que pertenecer a ella valga cada vez más.

Por Jorge Cruz Camberos


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