Lo rico de Chihuahua comienza al atardecer

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Por: Dra. Nicté Ortiz

Chihuahua es rico en tradiciones, cultura, paisajes y, sobre todo, en su gente. Pero también es rico en esos momentos sencillos que forman parte de la vida diaria y que, por cotidianos, algunas veces dejamos de mirar.

De eso hablaremos aquí.

De los lugares que recorremos, de las personas comunes con historias extraordinarias, de las costumbres que nos reúnen y de todo aquello que podemos encontrar al salir de casa. Porque la riqueza de Chihuahua no está solamente en lo que posee, sino en la manera en que lo vivimos, lo compartimos y lo hacemos nuestro.

Y en esta ocasión quiero comenzar por algo que todos conocemos: el clima.

De acuerdo con el Servicio de Cambio Climático de Copernicus, agosto de 2026 fue el agosto más cálido registrado y empató con julio de 2023 como el mes más cálido de toda la serie histórica. La temperatura media global alcanzó los 16.96 grados centígrados.

Quienes vivimos en Chihuahua sabemos de temperaturas extremas. Sabemos del sol intenso que parece caer directamente sobre nosotros durante el verano y también de los inviernos con heladas que nos obligan a sacar chamarras, bufandas, cobijas y calentones.

Aquí el clima no pasa inadvertido. Se mete en nuestras conversaciones, modifica nuestros horarios y hasta determina la manera en que habitamos la ciudad.

“Hace mucho calor”, repetimos durante los meses de verano.

Y tenemos razón.

Los registros históricos no son solamente cifras alarmantes publicadas en algún informe. Son una advertencia sobre la transformación del planeta y sobre la necesidad de revisar la manera en que cuidamos nuestros recursos, nuestras ciudades y nuestra propia vida.

Sin embargo, septiembre y octubre llegan a Chihuahua con una pequeña tregua.

No borran los registros del verano ni desaparecen la alerta climática, pero cambian nuestra experiencia cotidiana. Un día, casi sin avisar, comenzamos a sentir ese viento que anuncia el frío. El sol sigue presente, pero ya no pesa de la misma manera. Las tardes se vuelven más amables y la ciudad comienza a recuperar sus espacios abiertos.

Cuando el sol se despide, algo cambia.

Basta observar el Parque El Rejón, El Palomar, la Deportiva o cualquier parque de colonia. Hay personas caminando, niños corriendo, jóvenes reuniéndose, familias festejando y mascotas que parecen disfrutar tanto como sus dueños la posibilidad de salir.

Algunas personas corren. Otras avanzan sin prisa y se detienen a conversar. Hay quienes llevan audífonos, quienes empujan una carriola y quienes simplemente buscan una banca desde donde mirar cómo termina el día.

Los parques se convierten entonces en el escenario de la vida común.

Y quizá ahí se encuentra una de las riquezas que menos reconocemos: poder salir, caminar unos pasos y encontrarnos con una ciudad que también nos pertenece.

Caminar al aire libre favorece la salud física. La actividad regular ayuda a prevenir distintas enfermedades y contribuye al bienestar. Pero sus beneficios no terminan en el movimiento del cuerpo.

Una caminata puede regalarnos una conversación que teníamos pendiente. Puede ayudarnos a ordenar las ideas, mirar a otras personas, reconocer los árboles del camino o detenernos frente a un atardecer que no volverá a repetirse de la misma manera.

También puede recordarnos que no todo lo valioso tiene que comprarse.

A veces basta salir de casa. Dar una vuelta. Respirar un poco más despacio. Mirar cómo cambia la luz sobre los cerros y agradecer que existen lugares en los que todavía podemos encontrarnos.

Los espacios públicos son parte de la riqueza de una comunidad porque permiten algo profundamente humano: coincidir.

En ellos convivimos con personas que quizá no conocemos, pero con quienes compartimos una ciudad. Nos reconocemos en las familias que pasean, en quienes hacen ejercicio, en los niños que juegan y en los adultos mayores que vuelven cada tarde a la misma banca.

Tal vez por eso me gusta tanto la expresión “darse una vuelta”. No exige una gran preparación ni promete una experiencia extraordinaria. Es solamente una invitación a salir, caminar, mirar y dejar que algo suceda.

Podemos ir solos. Pero también podemos invitar a alguien.

“Vamos a dar una vuelta” puede ser el inicio de la mejor plática. Una oportunidad para guardar el teléfono, escuchar con calma y acompañarnos mientras el viento comienza a sentirse más frío.

Chihuahua es conocido por su clima extremo. Pero también por esos otoños breves que se anuncian al caer la tarde y nos devuelven el gusto por caminar.

Por sus parques grandes y pequeños.

Por sus espacios abiertos.

Por su gente que sale a ocuparlos y, al hacerlo, les da vida.

De eso quiero hablar en este espacio: de lo que tenemos cerca, de aquello que parece normal y de las pequeñas experiencias que también hacen rico a Chihuahua.

Hoy la invitación es sencilla: cuando el sol comience a despedirse, sal a dar unos pasos. Mira a tu alrededor. Tal vez descubrirás que una parte de la riqueza de Chihuahua siempre estuvo ahí, esperando que tuviéramos tiempo para verla.

¿Cuál es tu parque preferido? ¿Hace cuánto que no vas a darte una vuelta?

Lo rico de Chihuahua comienza al atardecer. Disfrútalo.


ES! Visión

Los artículos publicados en ES! Visión reflejan el análisis y la opinión de sus autores sobre temas relacionados con deporte, economía, sociedad y desarrollo, buscando abrir nuevas conversaciones sobre el papel que las instituciones desempeñan en la construcción de comunidad.

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