Podemos construir una Chihuahua más moderna, segura y próspera. Pero hay algo que ningún indicador económico mide: cuánta gente tiene a quién llamar cuando la vida se pone difícil.
Por Jorge Cruz Camberos
Hace unos días pensé en algo muy sencillo.
¿Cuántas personas tenemos en WhatsApp?
¿300? ¿500? ¿1,000?
Ahora viene la pregunta incómoda:
¿A cuántas podríamos marcar a las once de la noche y decirles: “Necesito hablar con alguien”?
Ahí cambia todo.
Nunca habíamos estado tan conectados. Sabemos dónde cenó un amigo, dónde está de vacaciones alguien que no vemos desde hace años y hasta qué canción está escuchando una persona al otro lado del mundo.
Pero muchas veces no sabemos cómo está nuestro vecino.
Y creo que tenemos que hablar de eso.
Chihuahua también necesita comunidad
En Chihuahua hemos dedicado años a hablar —con razón— de inversión, empleo, seguridad, agua, energía, movilidad y competitividad.
Yo mismo insisto muchísimo en esos temas.
Quiero una ciudad que crezca, que genere mejores empleos y donde nuestros hijos tengan oportunidades suficientes para decidir quedarse.
Pero últimamente me ronda otra pregunta:
¿De qué sirve construir una gran ciudad si terminamos viviendo cada vez más solos dentro de ella?
Los datos de suicidio en Chihuahua deben preocuparnos. Sería irresponsable decir que la soledad es la causa de un fenómeno tan complejo.
Pero hay algo que sí sabemos: tener redes de apoyo, sentir que pertenecemos y saber que alguien nos espera importa.
Y mucho.
Tal vez entendimos incompleta la idea de una “buena vida”
Nos enseñaron una ruta bastante clara:
Estudia.
Trabaja.
Compra una casa.
Haz patrimonio.
Viaja.
Crece profesionalmente.
Y creo profundamente en todo eso.
Pero quizá olvidamos incluir algo:
Pertenecer.
Tener amigos.
Conocer a tus vecinos.
Jugar en un equipo.
Sentarte alrededor de una mesa.
Tener un lugar al cual llegar y darte cuenta de que alguien notaría si mañana no apareces.
Eso también es calidad de vida.
Y eso también debería ser desarrollo.
Nuestras ciudades también pueden aislarnos
Pensemos en un martes cualquiera en Chihuahua.
Salimos de nuestra casa.
Subimos al carro.
Llegamos a la oficina.
Volvemos al carro.
Vamos al gimnasio.
Otra vez al carro.
Llegamos a casa.
Cenamos viendo una pantalla.
Y podemos pasar un día entero rodeados de miles de personas… sin realmente convivir con nadie.
Por eso necesitamos empezar a pensar diferente nuestras ciudades.
Un parque no debería medirse solamente por cuántos árboles tiene.
Una cancha no es solamente una cancha.
Una ciclovía no es solamente movilidad.
Un centro comunitario no es solamente un edificio.
Son lugares donde la gente se encuentra.
Y eso tiene muchísimo valor.
No necesitamos otra gran burocracia
Hay cosas relativamente sencillas que podríamos hacer.
Primero, llenar de vida nuestros grandes parques. Deporte, música, talleres, ligas, mercados, actividades para niños y espacios para adultos mayores. No solamente construirlos: hacer que pasen cosas dentro de ellos.
Segundo, recuperar el deporte de barrio. Yo he visto durante muchos años lo que puede hacer un equipo en la vida de un niño. A veces un entrenador termina siendo mentor, amigo y red de apoyo sin siquiera proponérselo.
Tercero, crear una gran red de mentoría en Chihuahua. Imaginen empresarios, profesionistas, maestros, universitarios y jubilados acompañando a jóvenes que necesitan orientación, contactos o simplemente alguien que crea en ellos.
Y también necesitamos hablar de algo particularmente difícil para los hombres.
Nos enseñaron durante generaciones a aguantar.
A resolver.
A no quejarnos.
A decir “todo bien”, aunque no todo esté bien.
Pedir ayuda no nos hace menos fuertes.
La ciudad que quiero dejarles
Quiero que mis hijos vivan en una Chihuahua más competitiva que la que recibimos nosotros.
Con mejores empleos.
Mejores parques.
Mejor movilidad.
Más oportunidades.
Quiero que puedan construir aquí su futuro.
Pero también quiero algo mucho más sencillo.
Que tengan amigos.
Que conozcan a sus vecinos.
Que pertenezcan a una comunidad.
Que tengan lugares donde encontrarse.
Y que, cuando llegue uno de esos días difíciles que tarde o temprano nos llegan a todos, sepan perfectamente a quién marcar.
Porque podemos convertirnos en una de las mejores ciudades de México y, aun así, fracasar en algo esencial.
Podemos tenerlo todo… y sentirnos solos.
La ciudad que queremos dejarles no puede ser solamente más rica, moderna o competitiva.
Tiene que ser más humana.
Porque quizá el verdadero éxito de una ciudad no sea solamente cuánta gente quiere venir a vivir en ella.
Sino cuánta gente siente que pertenece aquí.
ES! Visión
Los artículos publicados en ES! Visión reflejan el análisis y la opinión de sus autores sobre temas relacionados con deporte, economía, sociedad y desarrollo, buscando abrir nuevas conversaciones sobre el papel que las instituciones desempeñan en la construcción de comunidad.


