Por Jorge Cruz Camberos
Compras tu casa.
Te emocionas. Estrenas cocina, patio, recámara.
Y después descubres la letra chiquita: la escuela está lejos, el tráfico cada vez peor, faltan servicios y el agua empieza a preocupar.
La casa estaba lista.
La ciudad no.
Ese es uno de los grandes retos de Chihuahua.
Entre 2020 y 2025, la capital sumó casi 30 mil viviendas habitadas y alrededor de 28 mil habitantes.
Sí: crecieron más las viviendas que la población.
No necesariamente es malo. Las familias son más pequeñas y la ciudad cambia.
Pero cada casa nueva necesita agua, calles, drenaje, transporte, escuelas, parques y seguridad.
Y muchas veces hacemos todo al revés:
primero construimos y después resolvemos.
Ahí está el problema.
Chihuahua está creciendo y eso hay que celebrarlo. Queremos más inversión, mejores empleos y más oportunidades.
Pero crecer no siempre significa vivir mejor.
Una familia puede encontrar una casa más barata lejos del centro y terminar pagando la diferencia todos los días en gasolina y, sobre todo, en tiempo.
Tiempo que nadie devuelve.
Tiempo que no estás con tus hijos.
Y con el agua pasa algo parecido.
Seguimos creciendo en una región donde el recurso es limitado, mientras todavía perdemos demasiada agua en fugas y redes ineficientes.
No necesitamos frenar el crecimiento.
Necesitamos adelantarnos.
Yo empezaría con tres cosas muy sencillas:
Que ningún desarrollo importante se autorice sin una visión real de agua a largo plazo.
Que quien genera nueva demanda de infraestructura también ayude a pagarla.
Y que cada año Chihuahua publique cinco datos muy fáciles de entender:
cuánta gente llegó, cuántas casas construimos, cuánta agua tenemos, cuánto tardamos en movernos y cuánto invertimos en infraestructura.
Nada más.
Porque lo que no medimos siempre termina explotándonos después.
Todavía estamos a tiempo.
Chihuahua sigue siendo una ciudad con enorme calidad de vida.
Precisamente por eso hay que cuidarla.
Porque una casa puede construirse en meses.
Corregir una ciudad mal planeada puede tomar décadas.
Y la ciudad que queremos dejarles a nuestros hijos no se construye cuando aparece el problema.
Se construye antes.


