Cada vez que abrimos una llave en Chihuahua capital, utilizamos agua que, en su inmensa mayoría, fue extraída de depósitos subterráneos. El problema es que algunos de esos acuíferos están perdiendo agua más rápido de lo que pueden recuperarla. Y eso plantea una pregunta importante: ¿cómo seguirá creciendo la ciudad si su principal fuente de abastecimiento está bajo presión?
Abrimos la llave para bañarnos, preparar café, lavar los platos o llenar un vaso de agua. Es algo tan cotidiano que pocas veces nos preguntamos de dónde viene realmente el líquido que llega a nuestras casas.
¿De una presa? ¿De algún río cercano? ¿De la lluvia?
En Chihuahua capital, la respuesta está principalmente debajo de nuestros pies.
De acuerdo con información del Gobierno Municipal y de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS), el 99% del agua que abastece a la ciudad proviene de fuentes subterráneas.
Es decir, nuestra ciudad depende casi por completo del agua almacenada bajo tierra.
Y aunque ese sistema ha permitido abastecer a generaciones de chihuahuenses, también enfrenta un desafío: hay acuíferos donde el volumen comprometido para extracción supera la cantidad de agua que reciben naturalmente.
¿De dónde llega el agua hasta nuestras casas?
Para entenderlo, primero hay que conocer qué es un acuífero.
Aunque solemos imaginar grandes lagos escondidos bajo tierra, en realidad los acuíferos son formaciones geológicas que almacenan y permiten el movimiento del agua a través de materiales como arena, grava y rocas.
Parte del agua de lluvia se infiltra lentamente en el suelo y, cuando las condiciones geológicas lo permiten, llega a estas reservas subterráneas.
En Chihuahua, la JMAS extrae el agua mediante pozos profundos. Después, el líquido se incorpora a la infraestructura de abastecimiento, donde recibe los procesos de control y tratamiento necesarios antes de distribuirse a través de tuberías, tanques y redes que llegan a las colonias.
Pero no toda el agua procede de un solo lugar.
¿Cuáles son los acuíferos que abastecen a Chihuahua?
La documentación técnica utilizada en la planeación urbana identifica seis acuíferos relacionados con el suministro de agua de la capital:
- El Sauz-Encinillas.
- Chihuahua-Sacramento.
- Tabaloapa-Aldama.
- Aldama-San Diego.
- Laguna de Hormigas.
- Laguna del Diablo.
Entre ellos destaca El Sauz-Encinillas, una fuente especialmente importante para el abastecimiento de la ciudad.
También sobresale el acuífero Chihuahua-Sacramento, que se extiende por parte del entorno urbano y cuya situación ha motivado estudios y proyectos de recuperación.
Estos depósitos no son exclusivos del consumo doméstico. En distintas zonas también existe aprovechamiento del agua subterránea para actividades agrícolas y otros usos.
Eso significa que el agua disponible debe atender distintas necesidades de una región que sigue desarrollándose.
¿Qué está pasando con el acuífero Chihuahua-Sacramento?
Aquí aparece el dato que merece nuestra atención.
La Comisión Nacional del Agua (Conagua) identifica al acuífero Chihuahua-Sacramento con la clave 0830 y reporta las siguientes cifras en su información de disponibilidad:
Recarga media anual
56.6
Millones de m³
Volumen registrado para extracción
122.5
Millones de m³
Disponibilidad media anual
−65.9 millones de m³
Déficit calculado por Conagua
¿Qué significa?
Que, bajo la metodología oficial de disponibilidad, el volumen considerado para extracción supera ampliamente la recarga media anual del acuífero.
La diferencia se traduce en una disponibilidad negativa de aproximadamente 65.9 millones de metros cúbicos anuales.
Hay una precisión importante: el volumen utilizado por Conagua para este cálculo corresponde a derechos y volúmenes de extracción registrados conforme a su metodología; no debe confundirse automáticamente con una medición de toda el agua efectivamente bombeada durante un año específico.
Aun con esa distinción, el resultado oficial es claro: el acuífero presenta un déficit.
¿Qué significa que un acuífero esté sobreexplotado?
Imagina que tienes una cuenta de ahorros.
Cada mes depositas cierta cantidad de dinero, pero retiras mucho más de lo que ingresas.
Durante un tiempo puedes seguir utilizando tus ahorros. Sin embargo, si esa diferencia continúa, el saldo disponible disminuye.
Con el agua subterránea sucede algo parecido.
La lluvia y otros procesos naturales permiten que parte del agua vuelva a infiltrarse. Pero cuando la extracción es demasiado alta respecto a la recarga, se genera presión sobre las reservas.
Entre las posibles consecuencias se encuentran el descenso de los niveles del agua subterránea, mayores dificultades para extraerla y la necesidad de invertir más en infraestructura.
Esto no significa que Chihuahua vaya a quedarse sin agua mañana.
Significa que mantener el abastecimiento durante las próximas décadas requiere cuidar mejor las reservas y planear cuánto puede crecer la demanda.
¿Y qué tiene que ver esto con el crecimiento de Chihuahua?
Mucho más de lo que parece.
Cada nuevo fraccionamiento, parque industrial, comercio, escuela u hospital necesita agua.
Y una ciudad que se extiende hacia nuevas zonas también requiere más tuberías, infraestructura de distribución, almacenamiento y capacidad de bombeo.
Por eso, hablar de desarrollo urbano no debería limitarse a preguntar dónde se construirán nuevas viviendas o vialidades.
También implica preguntarse de dónde vendrá el agua para abastecerlas.
En Chihuahua, esta relación es especialmente importante porque la principal fuente del recurso no es un gran embalse superficial, sino un conjunto de reservas subterráneas cuya recuperación depende de procesos naturales que pueden tardar años.
El desafío consiste en equilibrar las necesidades de la población actual con las de quienes vivirán aquí en el futuro.
¿Qué se está haciendo para recuperar el agua subterránea?
Una de las estrategias consiste en facilitar que el agua de lluvia regrese al subsuelo, en lugar de perderse rápidamente como escurrimiento superficial.
En marzo de 2026, el Gobierno Municipal informó sobre la conclusión de una obra de recarga en la comunidad de El Jardín, destinada a beneficiar al acuífero Chihuahua-Sacramento.
Se trata de una presa filtrante construida con gaviones, estructuras que ayudan a disminuir la velocidad del agua y favorecen su infiltración.
La inversión reportada fue de 1 millón 180 mil pesos.
Este tipo de infraestructura busca contribuir a la recuperación de los mantos acuíferos, aunque una obra aislada no resuelve por sí sola el déficit de toda una reserva subterránea.
También se trabaja en la elaboración de un Plan Municipal Hídrico, con participación del Municipio, la Universidad Autónoma de Chihuahua, la JMAS y otras instituciones, para contar con información que permita tomar mejores decisiones sobre el abastecimiento futuro.
¿Qué podemos hacer desde nuestras casas?
Aunque la gestión de los acuíferos requiere decisiones de autoridades, organismos operadores y grandes usuarios del agua, también existen acciones cotidianas que ayudan a reducir el desperdicio.
Reparar fugas, revisar sanitarios que pierden agua, evitar el riego excesivo y utilizar equipos de bajo consumo son medidas que pueden disminuir la demanda doméstica.
También es importante reportar fugas en la vía pública y no confundir el ahorro de agua con dejar de atender necesidades básicas de higiene.
Sin embargo, sería equivocado responsabilizar únicamente a las familias del problema.
La conservación del recurso también depende de reducir pérdidas en la red, administrar las extracciones, proteger las zonas de recarga y planear el crecimiento urbano.
Hace 317 años, el agua ayudó a decidir dónde nacería Chihuahua
Hay un detalle histórico que vuelve especialmente relevante esta conversación durante el aniversario de la ciudad.
En 1709, cuando se discutía dónde establecer la nueva población, existían dos alternativas principales: mantener la cabecera cerca de las minas de Santa Eulalia o establecerla en el valle donde confluían los ríos Chuvíscar y Sacramento.
La disponibilidad de agua fue uno de los factores que favorecieron la elección del valle.
Aquella decisión terminó marcando el lugar donde creció Chihuahua capital.
Hoy, 317 años después, la ciudad es muy diferente. Tenemos fraccionamientos, industrias, hospitales, universidades y una infraestructura que sus primeros habitantes difícilmente habrían imaginado.
Pero hay algo que no ha cambiado:
El futuro de Chihuahua sigue dependiendo de dónde obtiene su agua y de cómo decide utilizarla.
En corto: ¿qué debemos saber sobre el agua de Chihuahua?
El 99% del agua que abastece a Chihuahua capital proviene del subsuelo.
La ciudad utiliza distintos acuíferos, entre ellos El Sauz-Encinillas y Chihuahua-Sacramento.
Este último presenta una disponibilidad negativa de aproximadamente 65.9 millones de metros cúbicos anuales, según las cifras oficiales consultadas de Conagua.
Esto no significa que el agua vaya a desaparecer de inmediato, pero sí evidencia la necesidad de gestionar mejor las extracciones, proteger las zonas de recarga y planear el crecimiento urbano.
Hace más de tres siglos, la disponibilidad de agua ayudó a decidir dónde fundar Chihuahua.
Hoy, la pregunta es distinta, pero igual de importante:
¿Cómo vamos a garantizar el agua de la ciudad que estamos construyendo para los próximos 317 años?
Redacción por: Jesús Cota
Únete al canal oficial de WhatsApp de Chihuahua ES! y recibe nuestras guías, recomendaciones, historias e información útil para vivir y entender mejor Chihuahua.
Canal de WhatsApp de Chihuahua ES!:


