IKEA transformó manzanas excedentes en un jugo de edición limitada para hablar del desperdicio de alimentos. La idea nació en Reino Unido, pero abre una pregunta mucho más cercana: ¿qué sucede en Chihuahua con frutas, verduras, pan y otros productos que siguen siendo aprovechables cuando ya no pueden venderse?
Una manzana que no cumple con el tamaño esperado, que tiene alguna imperfección estética o simplemente forma parte de un excedente puede tener varios destinos.
Uno de ellos es terminar desperdiciada.
IKEA decidió utilizar precisamente esa realidad para lanzar en Reino Unido un producto con un nombre bastante peculiar: Great British Bin Juice, un jugo elaborado con manzanas británicas excedentes que podían terminar sin aprovecharse.
La edición limitada fue presentada en junio de 2026 como parte de una campaña contra el desperdicio de alimentos y se distribuyó gratuitamente en tiendas seleccionadas de IKEA en Reino Unido.
La idea resulta llamativa, pero detrás del marketing existe una pregunta que también aplica para Chihuahua:
¿qué hacemos con toda la comida que todavía sirve, pero ya no se vende?
Del supermercado a la basura… o a una segunda oportunidad
El problema no se limita a una manzana golpeada.
En supermercados, restaurantes, mercados, centrales de abasto, panaderías y hogares existen alimentos que pueden perder su valor comercial antes de perder necesariamente su utilidad.
Puede ocurrir por excedentes de inventario, apariencia, maduración, cercanía de determinadas fechas de consumo o simplemente porque nadie los compró.
Y la dimensión del problema en México es considerable.
La FAO ha reportado que en el país se pierden aproximadamente 20.4 millones de toneladas de alimentos al año, equivalentes a alrededor del 34% de la producción nacional, con un costo económico superior a 400 mil millones de pesos.
Eso no significa que toda esa comida provenga de supermercados: las pérdidas y desperdicios pueden producirse en diferentes puntos de la cadena, desde producción y almacenamiento hasta comercialización y consumo en los hogares.
De hecho, durante 2026 México comenzó a fortalecer la medición de este fenómeno mediante un ejercicio desarrollado por INEGI y FAO que analiza pérdidas en productos fundamentales como maíz, frijol, tomate, cebolla, aguacate, limón y también manzana, uno de los productos emblemáticos de Chihuahua.
Chihuahua acaba de poner nuevas reglas sobre la mesa
Aquí es donde la historia de IKEA deja de ser solamente una curiosidad internacional.
El pasado 12 de agosto de 2026, el Periódico Oficial del Estado publicó el Reglamento de la Ley para la Donación, Rescate y Aprovechamiento Integral de los Productos Alimenticios para el Estado de Chihuahua.
El reglamento establece mecanismos relacionados con la donación, rescate, distribución y aprovechamiento de alimentos, además de contemplar instrumentos para coordinar a autoridades, donantes y organizaciones receptoras.
Uno de sus objetivos es precisamente prevenir el desperdicio alimentario y fortalecer el acceso a alimentos para personas en situación de vulnerabilidad.
En otras palabras, Chihuahua ya cuenta con un marco que busca que parte de los alimentos aprovechables tenga una segunda oportunidad antes de convertirse en desperdicio.
Entonces, ¿qué pasa con la comida que no vende un supermercado?
No existe una sola respuesta.
Que un alimento deje de venderse no significa automáticamente que pueda donarse. Su estado, inocuidad, conservación y características son fundamentales para determinar si todavía puede aprovecharse.
Pero cuando un producto continúa siendo apto para consumo, existen alternativas a simplemente desecharlo.
Ahí entran los esquemas de rescate y donación de alimentos.
En Chihuahua existen organizaciones dedicadas precisamente a recuperar productos aprovechables y canalizarlos hacia población que los necesita.
Y la discusión adquiere todavía mayor importancia cuando pensamos en el volumen de alimentos que circula diariamente por supermercados, restaurantes, mercados y productores del estado.
El desperdicio también ocurre en nuestra casa
La historia tampoco termina en las tiendas.
Parte importante del desperdicio ocurre después de que nosotros mismos pagamos por los alimentos.
Compramos demasiado, olvidamos algo en el refrigerador, dejamos madurar una fruta hasta que ya no queremos consumirla o cocinamos más de lo necesario.
Es dinero que literalmente termina en la basura.
La campaña de IKEA buscó precisamente conectar el problema con los hábitos cotidianos: además del jugo, la compañía ofreció incentivos relacionados con productos para almacenar alimentos y promovió formas de conservarlos durante más tiempo.
La empresa asegura que desde 2017 ha reducido 60% el desperdicio de alimentos en sus propias cocinas, evitando el equivalente a 47.5 millones de comidas.
¿Y si Chihuahua hiciera algo parecido con sus excedentes?
La pregunta resulta especialmente interesante en un estado productor de alimentos.
Chihuahua es reconocido por productos como la manzana, nuez, chile, carne y lácteos, entre muchos otros.
No todo excedente es desperdicio y no todo alimento puede rescatarse, pero experiencias como la de IKEA muestran que existen posibilidades adicionales: transformación, conservación, donación y redistribución.
Una manzana que quizá ya no resulta atractiva para venderse individualmente puede convertirse en jugo, puré, conserva u otro producto siempre que conserve las condiciones adecuadas para su aprovechamiento.
Y esa es probablemente la parte más interesante de Great British Bin Juice.
No se trata realmente del jugo.
Se trata de preguntarnos por qué un alimento que todavía tiene valor termina perdiéndolo antes de llegar a alguien que podría aprovecharlo.
IKEA convirtió esa pregunta en una botella.
Chihuahua ya comenzó a convertirla en regulación.
Ahora falta observar qué tanto de lo que todavía puede comerse logra efectivamente rescatarse antes de llegar a la basura.
Redacción por: Jesús Cota
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