Durante más de un siglo, Naica fue sinónimo de minería en Chihuahua. Bajo tierra se extrajeron plomo, zinc y plata, pero a casi 300 metros de profundidad apareció algo mucho más extraordinario: cristales de yeso de hasta 11 metros. En 2015, una inundación obligó a suspender la operación minera y el agua volvió a ocupar el espacio que durante décadas había permanecido accesible gracias al bombeo.
Durante generaciones, bajar a Naica significaba una cosa:
trabajo.
Mineros descendían bajo la Sierra de Naica para extraer principalmente plomo y zinc, además de plata asociada a la explotación del yacimiento.
Pero debajo de esa historia industrial había otra mucho más antigua.
Una que llevaba miles de años creciendo lentamente, completamente a oscuras y bajo condiciones que parecían diseñadas para crear algo imposible.
Cristales tan grandes que una persona parada junto a ellos parece diminuta.
Naica comenzó mucho antes de la Cueva de los Cristales
Naica se encuentra en el municipio de Saucillo, Chihuahua.
De acuerdo con Industrias Peñoles, los depósitos minerales de la zona fueron identificados desde 1794, mientras que la explotación formal de la mina comenzó alrededor de 1900. La compañía tomó el control de la unidad en 1964. Industrias Peñoles
Durante décadas, Naica se convirtió en una de las minas de plomo más importantes de México.
Pero los mineros comenzaron a encontrarse con algo extraño desde los primeros años del siglo XX.
La primera pista apareció en 1910
En 1910, trabajadores de la mina encontraron a unos 120 metros de profundidad una cavidad que después sería conocida como la Cueva de las Espadas.
Sus paredes estaban cubiertas por grandes cristales de selenita, algunos de hasta dos metros de longitud. IGME
Dos años después, el Boletín de la Sociedad Geológica Mexicana publicó un trabajo titulado “Unos Cristales Gigantes de Yeso, Procedentes de la Mina de Naica, Chihuahua”. Boletín SGM
Es decir, más de ocho décadas antes de que Naica se volviera famosa mundialmente por sus cristales gigantes, los geólogos mexicanos ya sabían que ahí abajo estaba ocurriendo algo extraordinario.
Sólo que todavía no habían visto lo más impresionante.
Año 2000: aparece la Cueva de los Cristales
El gran descubrimiento llegó en el año 2000.
Los trabajos mineros alcanzaron cavidades ubicadas alrededor del nivel de -290 metros.
Primero apareció el llamado Ojo de la Reina y, pocos días después, los trabajadores encontraron la hoy célebre Cueva de los Cristales. Aguas IGME
Y ahí cambió todo.
La cueva albergaba cristales transparentes de yeso —selenita— de dimensiones nunca antes documentadas.
Algunos alcanzaban hasta 11 metros de longitud y aproximadamente un metro de grosor. Boletín SGM
No eran estalactitas.
No eran formaciones creadas por la mano humana.
Eran cristales individuales que habían crecido lentamente dentro del agua durante enormes periodos de tiempo.
¿Cómo pudieron crecer tanto?
La respuesta está en una combinación extremadamente rara de química, temperatura y estabilidad.
Investigaciones científicas sobre Naica concluyeron que los cristales se formaron dentro de agua rica en minerales cuando la temperatura se mantuvo durante largos periodos muy cerca del equilibrio entre dos minerales relacionados: anhidrita y yeso.
Los estudios sitúan ese proceso aproximadamente entre los 50 y 58 grados Celsius, con un crecimiento extraordinariamente lento. IGME
En términos sencillos:
la naturaleza consiguió mantener durante muchísimo tiempo una especie de laboratorio casi perfecto.
Pocas semillas cristalinas lograron formarse.
Pero las que sí aparecieron tuvieron tiempo, agua y minerales suficientes para seguir creciendo.
Y creciendo.
Y creciendo.
Hasta convertirse en algunas de las mayores estructuras cristalinas naturales conocidas en el planeta. National Geographic
El lugar era tan impresionante como peligroso
Entrar a la Cueva de los Cristales nunca fue algo parecido a una visita turística.
Las primeras mediciones realizadas por investigadores registraron temperaturas superiores a 47 grados Celsius y una humedad cercana al 100%. Revistas BGM
Las primeras exploraciones sólo podían durar algunos minutos.
La combinación de calor extremo y humedad hacía muy difícil que el cuerpo humano pudiera enfriarse mediante la transpiración.
Posteriormente se desarrollaron trajes especiales y sistemas de respiración refrigerada que permitieron a los científicos permanecer dentro durante periodos mayores. Revistas BGM
Así que no, aunque las fotografías parezcan de otro planeta, nunca fue un lugar pensado para recibir turistas.
Pero hay algo importante: la cueva sólo estaba seca porque la mina bombeaba agua
Aquí está la parte que cambia completamente la historia.
La Cueva de los Cristales originalmente se encontraba dentro del sistema de aguas termales subterráneas de Naica.
Fue la actividad minera —y específicamente el bombeo constante necesario para mantener seca la mina— lo que permitió que los trabajadores y científicos pudieran entrar.
El propio trabajo científico sobre las cuevas explica que el abatimiento artificial del nivel de agua permitió alcanzar esas cavidades. Aguas IGME
Dicho de otra manera:
durante miles de años los cristales crecieron bajo el agua.
Los humanos pudieron verlos porque sacaron esa agua.
Y mientras la mina siguiera funcionando, había que continuar bombeando.
Hasta que llegó 2015
El 1 de enero de 2015, un flujo extraordinario de agua comenzó a inundar una parte importante de la mina.
Peñoles informó posteriormente que durante más de nueve meses se realizaron esfuerzos para reducir el nivel del agua.
No funcionó de manera sostenible.
El 13 de octubre de 2015, la empresa comunicó la suspensión por tiempo indefinido de las operaciones de Naica. Industrias Peñoles
Una mina que llevaba más de un siglo vinculada a la historia económica de la zona dejó de operar.
Y el agua empezó a recuperar su sitio.
La Cueva de los Cristales volvió a inundarse
Esto no fue exactamente una sorpresa para los científicos.
Años antes ya advertían que si se detenía el bombeo, el nivel freático natural regresaría y las cuevas volverían a llenarse de agua termal. National Geographic
Eso terminó ocurriendo.
Para 2017, National Geographic reportaba que la mina estaba nuevamente inundada por agua subterránea y que la Cueva de los Cristales había quedado otra vez sumergida. National Geographic
Y ahí aparece una de las paradojas más fascinantes de Naica.
Lo que para la minería fue el final de una operación, para los cristales significó algo mucho más parecido a regresar a casa.
¿Los cristales podrían seguir creciendo?
En teoría, sí.
El agua caliente y rica en minerales es precisamente el ambiente en el que se formaron.
Investigadores habían señalado incluso antes del cierre que, si la cueva volvía a quedar sumergida, podrían restablecerse las condiciones naturales para que continuara lentamente la precipitación de yeso. National Geographic
No significa que dentro de unos años aparecerán cristales varios metros más grandes.
Su crecimiento ocurre a escalas de tiempo enormes.
Pero sí significa que la inundación no necesariamente representa la destrucción del sistema.
En cierto sentido, puede ser justamente lo contrario.
¿Se puede visitar Naica hoy?
La Cueva de los Cristales no está abierta al público.
Además de permanecer asociada a una mina con operaciones suspendidas, sus condiciones internas son extremas y el acceso ha sido históricamente restringido a trabajadores, científicos y equipos especializados.
Reportes recientes continúan señalando que el sitio no funciona como atractivo turístico abierto al público. OEM
Así que esas fotografías donde aparecen personas caminando entre cristales gigantes corresponden a exploraciones realizadas durante los años en que la mina permanecía drenada.
Un lugar donde la minería terminó revelando algo mucho más grande
Naica buscaba minerales.
Y los encontró.
Durante décadas produjo plomo, zinc y plata.
Pero probablemente su legado más conocido nunca fue algo que pudiera salir de la mina en toneladas.
Fue una cámara escondida dentro de la montaña.
Un lugar oscuro, caliente y lleno de agua donde, durante miles de años, la química trabajó prácticamente sin interrupciones.
El ser humano logró entrar por un breve periodo.
Lo suficiente para fotografiarlo, estudiarlo y entender parcialmente cómo había ocurrido.
Después el agua regresó.
Y quizá esa sea la parte más extraordinaria de toda la historia:
pasamos más de un siglo excavando Naica para sacar minerales de la montaña y, en el proceso, descubrimos uno de sus secretos mejor guardados.
Pero cuando el bombeo terminó, el subsuelo hizo exactamente lo que había hecho durante miles de años.
Volvió a llenarse de agua.
La mina se detuvo. Los cristales se quedaron.
Redacción por: Jesús Cota
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