En el cruce de los bulevares Fuentes Mares y Francisco Portillo, al sureste de la capital del estado, se levanta una estructura que pocos quisieran reclamar como vecina: la Planta de Ávalos, una antigua fundidora de metales cuya actividad dejó una profunda huella de contaminación en la zona. Sin embargo, no todo lo que envuelve a este lugar es plomo y desechos tóxicos. Entre los habitantes de la colonia Villa Juárez también persiste una leyenda de ultratumba.
Cuentan las voces del barrio que, hace décadas, cuando la fundidora aún rugía con sus hornos, ocurrió un accidente que marcó el sitio para siempre. Un incendio de grandes proporciones envolvió la planta y, según la narrativa popular, decenas de trabajadores murieron calcinados entre las llamas. Entre las víctimas se encontraba un hombre recién casado, cuya esposa, deshecha por la pérdida, se negó a aceptar que su amor había quedado sepultado entre el metal fundido.
La leyenda asegura que la viuda, desesperada por volver a tener contacto con su difunto esposo, recurrió a una médium. Juntas, al amanecer, se adentraron en las ruinas humeantes del desastre. Desde entonces, algunos vecinos afirman haber visto sombras que deambulan entre los escombros y escuchado lamentos que se confunden con el viento de la noche.
Más allá del mito, lo cierto es que la Planta de Ávalos sigue siendo un recordatorio incómodo del pasado industrial de Chihuahua: un sitio tan peligroso para la salud como fascinante para los amantes de las historias de aparecidos.



