¿Qué tan preparado está México para un gran sismo? Estos países llevan ventaja con sus sistemas de alerta

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Japón, Taiwán, México, Chile, Estados Unidos y China han desarrollado sistemas capaces de detectar terremotos y emitir avisos antes de que llegue el movimiento más intenso. La diferencia puede medirse en segundos, pero esos segundos pueden ser decisivos.

Un terremoto no puede predecirse con precisión. Lo que sí puede hacer la tecnología es detectar rápidamente que uno ya comenzó y advertir a determinadas poblaciones antes de que las ondas sísmicas más destructivas lleguen a una ciudad.

En esa carrera contra el tiempo, países como Japón, Taiwán, México, Chile, Estados Unidos y China han desarrollado diferentes redes de monitoreo y alerta temprana.

México forma parte de ese grupo gracias al Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX), una infraestructura particularmente conocida por los habitantes del centro del país.

México: segundos que pueden hacer la diferencia

El principio detrás de una alerta sísmica es relativamente sencillo: las señales pueden viajar a través de sistemas de comunicación más rápido de lo que avanzan determinadas ondas sísmicas.

Cuando los sensores detectan un terremoto potencialmente peligroso, la información se procesa y puede generar una advertencia para ciudades ubicadas a cierta distancia del epicentro.

Dependiendo de dónde ocurra el sismo y de la ubicación de la población, el margen de anticipación puede variar considerablemente. No todos los terremotos permiten recibir una alerta con suficiente tiempo y, cuando el epicentro está muy cerca, el aviso puede ser mínimo o incluso inexistente.

Ese detalle importa: una alerta sísmica no predice terremotos; detecta uno que ya está ocurriendo.

Japón y Taiwán llevan la tecnología a otra escala

Japón destaca por contar con una de las infraestructuras de monitoreo sísmico más desarrolladas del mundo, con más de mil estaciones sismográficas y sistemas capaces de distribuir advertencias mediante teléfonos celulares, televisión y radio.

Taiwán también cuenta con una extensa infraestructura, con más de 700 estaciones sísmicas, que permite procesar rápidamente información sobre los movimientos registrados.

Ambos territorios tienen una razón evidente para invertir fuertemente en esta tecnología: están ubicados en regiones con una elevada actividad sísmica.

Chile, Estados Unidos y China también han desarrollado sus propios modelos

Chile combina sistemas de monitoreo y comunicación de emergencias con una característica especialmente importante para un país con una extensa costa: la coordinación ante posibles tsunamis.

En Estados Unidos, California y otros estados de la costa oeste cuentan con sistemas de alerta temprana que pueden distribuir avisos mediante dispositivos móviles y otras plataformas.

China, por su parte, ha desarrollado sistemas urbanos de alerta capaces de enviar información mediante televisión, teléfonos celulares y otros canales.

No existe, por tanto, un único modelo mundial. Cada país construye su infraestructura de acuerdo con su territorio, nivel de riesgo, población y capacidad tecnológica.

¿Y Chihuahua?

Aquí está la diferencia que conviene entender desde nuestro estado.

Chihuahua no tiene la misma exposición sísmica que entidades del centro y sur de México, donde la interacción de placas tectónicas genera algunos de los terremotos más importantes del país.

Eso no significa que en Chihuahua sea imposible registrar movimientos telúricos. El estado ha presentado actividad sísmica y puede experimentar temblores, pero su contexto geológico y nivel de riesgo son distintos a los de estados como Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Michoacán o zonas del centro del país.

Por ello, para un chihuahuense resulta más habitual asociar Protección Civil con fenómenos como lluvias intensas, inundaciones, temperaturas extremas, fuertes vientos, incendios forestales o nevadas que con una alerta sísmica.

La tecnología compra tiempo, no elimina el riesgo

Los sistemas de alerta temprana tienen una limitación imposible de ignorar: no pueden detener un terremoto.

Lo que hacen es comprar tiempo.

A veces pueden ser decenas de segundos; otras, apenas unos cuantos. Ese margen puede permitir detener procesos industriales, interrumpir determinadas operaciones, abrir puertas de emergencia o simplemente darle a una persona tiempo para reaccionar.

Japón, Taiwán, México, Chile, Estados Unidos y China muestran distintas formas de enfrentar un mismo problema: cuando la naturaleza no puede controlarse, la información y la velocidad se convierten en parte de la infraestructura de seguridad de una ciudad.

Y quizá esa sea la verdadera lección para cualquier territorio, incluso Chihuahua: prepararse para una emergencia comienza mucho antes de que ocurra.

Redacción por: Jesús Cota

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