Por Dra. Nicté Ortiz
Hay lugares que guardan tesoros bajo la tierra.
Santa Eulalia es uno de ellos.
Su historia está ligada a las minas, a los minerales y a las personas que levantaron una comunidad alrededor de esas montañas. Sin embargo, en la profundidad de sus antiguas cavidades existe otro tesoro: una colonia formada por millones de murciélagos que, cada atardecer, abandona su refugio para comenzar una silenciosa jornada de trabajo.
En 2025, el Santuario de los Murciélagos de Santa Eulalia fue reconocido por la Red Latinoamericana y del Caribe para la Conservación de los Murciélagos como Sitio de Importancia para la Conservación de los Murciélagos.
La Universidad Autónoma de Chihuahua ha desempeñado un papel fundamental en su estudio y protección mediante el trabajo de docentes, investigadores y estudiantes.
Tal vez durante mucho tiempo imaginamos a los murciélagos como animales misteriosos, asociados con cuevas oscuras, historias de miedo y noches de octubre.
Pero cuando la ciencia nos permite conocerlos, descubrimos algo muy diferente.
Los aliados nocturnos del campo chihuahuense
Los murciélagos que habitan el santuario de Santa Eulalia son aliados del campo chihuahuense.
Al salir de la cueva se alimentan de insectos, entre ellos algunos que pueden convertirse en plagas para la agricultura.
Mientras nosotros dormimos, recorren grandes distancias y realizan un control biológico que beneficia a los cultivos. Su presencia contribuye al equilibrio de los ecosistemas y puede ayudar a disminuir la presión que ejercen ciertas plagas sobre las zonas agrícolas.
Es una tarea que ocurre de noche y que casi nunca vemos.
Quizá por eso resulta tan importante hablar de ellos.
Es difícil proteger aquello que no conocemos y todavía más aquello que aprendimos a mirar con miedo.
Cuando la ciencia sale del laboratorio
Durante esta semana, la Universidad Autónoma de Chihuahua realizará diversas actividades para acercar a la comunidad al mundo de los murciélagos.
La intención es llevar el conocimiento fuera de los laboratorios y convertirlo en conversaciones, experiencias y encuentros en los que podamos comprender la relación que existe entre esta especie, nuestros ecosistemas y la economía local.
Investigar es indispensable.
Pero compartir lo aprendido también lo es.
Cuando una universidad abre sus puertas para explicar qué sucede en una caverna, cómo se monitorea una colonia o por qué un pequeño mamífero volador puede ser importante para la agricultura, la ciencia deja de parecernos lejana.
Entonces comprendemos que conservar una especie también significa cuidar los alimentos que producimos, el equilibrio natural de la región y las posibilidades de desarrollo de nuestras comunidades.
Una vendimia donde también se habla de biodiversidad
Entre estas actividades se encuentra la Vendimia Cultural Universitaria, un espacio en el que se reúnen conocimiento, cultura, talento universitario, producción regional y convivencia en el corredor universitario del Campus 2 de la UACH.
Una vendimia celebra la cosecha de la uva, pero también todo lo que sucede alrededor de ella:
la tierra,
el clima,
el trabajo de quienes cultivan,
la investigación que mejora los procesos
y la comunidad que se reúne para compartir sus frutos.
En la vendimia universitaria, el vino se convierte en punto de encuentro de distintas disciplinas.
Ahí pueden coincidir estudiantes, investigadores, artistas, productores y familias.
Se puede hablar de viñedos y, al mismo tiempo, de biodiversidad; escuchar música mientras se conocen proyectos científicos y descubrir que la cultura también se construye cuando aprendemos a relacionarnos de una manera más respetuosa con nuestro entorno.
El vino de los murciélagos
La celebración tendrá, además, un protagonista muy especial.
Quienes asistan este 8 de octubre, a partir de las 5:00 de la tarde, tendrán la oportunidad de conocer y probar los vinos universitarios relacionados con este proyecto de conservación.
El primero es Tadarida, una edición especial cuyo nombre hace referencia a Tadarida brasiliensis, el murciélago de cola libre que habita el santuario de Santa Eulalia.
Este vino fue creado como un producto universitario con causa y como una manera de reconocer la resiliencia y el valor ecológico de la especie.
Después aparece Murciélagos, una nueva identidad para acercar el proyecto al público.
El nombre dice de manera directa lo que muchas personas ya expresaban al buscarlo:
“el vino de los murciélagos”.
La propuesta mantiene la relación con la investigación universitaria, la agricultura sustentable y la instalación de refugios para murciélagos insectívoros en zonas de cultivo.
Detrás de una botella hay mucho más que una etiqueta.
Hay viñedos experimentales, conocimiento generado en las facultades, colaboración entre distintas áreas y una pregunta especialmente valiosa:
¿cómo podemos producir y, al mismo tiempo, conservar?
Probar estos vinos también puede convertirse en una oportunidad para conversar sobre el origen de lo que consumimos y sobre las especies que participan, aunque no siempre las veamos, en los ciclos de la agricultura.
La uva crece durante el día bajo el sol de Chihuahua.
Al caer la noche, los murciélagos sobrevuelan los campos y se alimentan de insectos.
Luego, la investigación universitaria estudia esa relación y busca convertir el conocimiento en mejores prácticas.
Al final, una copa de vino puede contar toda esa historia.
Eso también es cultura.
Conservar no significa alejarnos de la naturaleza
Con frecuencia pensamos que proteger la naturaleza significa mantenerla lejos de las personas.
Sin embargo, iniciativas como ésta muestran otra posibilidad:
conocerla,
visitarla de manera responsable,
hablar de ella
y comprender que también somos parte del mismo paisaje.
Santa Eulalia se encuentra muy cerca de la ciudad de Chihuahua y, aun así, puede hacernos sentir que hemos entrado en otro tiempo.
Basta caminar por sus calles, mirar sus construcciones, escuchar las historias de la minería y levantar la vista hacia los cerros que rodean la población.
Ahora existe una razón más para visitarla:
descubrir que debajo de ese paisaje vive una de las comunidades de murciélagos más importantes de la región.
Podemos acudir a las actividades organizadas para conocerlos, aprender de quienes los estudian y observar su vuelo sin perturbarlos.
También podemos comenzar de una forma mucho más sencilla:
dejar atrás algunos prejuicios,
contarles a niñas y niños para qué sirven
y reconocer que la noche está llena de vida.
Porque lo rico de Chihuahua también puede ser un atardecer en Santa Eulalia.
Caminar cerca de la antigua mina mientras el cielo se pinta de rojo.
Sentir cómo baja la temperatura y las primeras sombras se acomodan sobre los cerros.
Esperar unos minutos, en silencio, hasta que desde la cueva comienza a surgir un río de alas.
Miles de murciélagos salen a pintar la noche.
Vuelan sobre nosotros, buscan su alimento y comienzan esa labor invisible que ayuda a proteger nuestros campos.
Nosotros los observamos.
Ellos continúan su camino.
Y por un instante comprendemos que la riqueza de Chihuahua no solamente se encuentra en lo que podemos extraer de la tierra, sino también en la vida que hemos decidido conservar.
Porque lo rico de Chihuahua también vuela de noche.
ES! Visión
Chihuahua no solamente puede construir identidad alrededor de sus paisajes, minas, vinos o tradiciones. También puede hacerlo alrededor del conocimiento que genera sobre su propia biodiversidad.
Santa Eulalia ofrece una historia extraordinaria: patrimonio minero, ciencia, agricultura, conservación y turismo reunidos en un mismo territorio.
El reto será convertir esa riqueza natural en conocimiento y desarrollo sin poner en riesgo aquello que precisamente la vuelve especial.
Opinión por: Dra. Nicté Ortiz
Las opiniones expresadas en este artículo corresponden a su autora y no necesariamente representan la postura editorial de Chihuahua ES!
📲 Únete al canal oficial de WhatsApp de Chihuahua ES! para recibir historias, cultura, ciencia y contenidos para entender y disfrutar mejor Chihuahua:


