Fue padre a los 16 años, combinó sus estudios con trabajos en una desponchadora, la construcción y el campo, y encontró en la educación una oportunidad para cambiar su vida. Hoy, Adrián Coronado recuerda los sacrificios de su familia y explica por qué decidió utilizar el boxeo como una herramienta para apoyar a los jóvenes de su comunidad.
Antes de convertirse en abogado y promotor deportivo, Adrián Coronado terminaba sus clases de preparatoria y se dirigía a trabajar a una desponchadora.
Su jornada comenzaba a las ocho de la mañana en la escuela, concluía a las tres de la tarde y continuaba entre llantas y herramientas hasta las diez de la noche.
Mientras otros jóvenes de su edad comenzaban a descubrir qué querían hacer con sus vidas, él ya tenía una responsabilidad que cambiaría la suya: se había convertido en padre a los 16 años.
Originario de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua, Coronado ha construido una trayectoria marcada por distintos oficios, dificultades económicas, decisiones familiares y una convicción que, asegura, heredó de su abuelo: nunca abandonar la preparación académica.
En una entrevista con Martín, el abogado compartió los momentos que marcaron su historia, desde su infancia en las colonias populares de Nuevo Casas Grandes hasta su participación en la promoción del boxeo.
De las colonias populares de Nuevo Casas Grandes a Alaska
Adrián Coronado nació y creció en un entorno de familias trabajadoras de Nuevo Casas Grandes, en el noroeste de Chihuahua.
Durante su infancia vivió en colonias como La Ladrillera y Reforma, mientras que su historia familiar también está relacionada con la Primero de Mayo.
Aproximadamente a los cinco años, su familia emigró a Estados Unidos buscando mejores oportunidades económicas.
Su destino fue Alaska, donde permanecieron alrededor de cuatro años y medio.
La experiencia no fue sencilla.
Llegó a una escuela donde no hablaba inglés y tuvo que adaptarse a una realidad completamente distinta.
Su madre tampoco dominaba el idioma, mientras que su padre enfrentaba largas jornadas laborales.
Coronado recuerda que, durante ese periodo, aprendió inglés aproximadamente en un año, una experiencia que considera importante para su desarrollo.
Antes de cumplir diez años regresó con su familia a México, donde retomó sus estudios y comenzó a involucrarse en el deporte.
Su padre trabajaba en la construcción y su madre contribuía a la economía familiar mediante distintas actividades, entre ellas la elaboración de tortillas.
Ese entorno de esfuerzo cotidiano marcaría buena parte de sus decisiones posteriores.
Padre a los 16 años: estudiar y trabajar al mismo tiempo
Durante su adolescencia conoció a Paola, quien años después se convertiría en su esposa y una de las personas más importantes de su vida.
Ambos comenzaron a formar una familia siendo muy jóvenes.
Coronado relata que convertirse en padre a los 16 años lo obligó a asumir responsabilidades económicas mientras todavía estudiaba la preparatoria.
Su primer trabajo formal de esa etapa fue en una desponchadora que había instalado su abuelo.
Después de salir de clases, cambiaba su uniforme escolar por ropa de trabajo y dedicaba el resto del día a reparar llantas.
Durante aproximadamente dos años mantuvo esa rutina.
El dinero que ganaba tenía un destino claro: contribuir a los gastos de su hija y de su hogar.
Pero las dificultades económicas no terminaron ahí.
El abogado recuerda que hubo épocas en las que el presupuesto familiar era de aproximadamente 700 pesos, de los cuales cerca de 400 se destinaban a leche y pañales.
Con el resto tenían que resolver otras necesidades.
En ocasiones, incluso una salida sencilla para comprar una nieve representaba un esfuerzo que debía calcularse cuidadosamente.
Coronado reconoce que el respaldo de Paola y de sus familiares fue fundamental para continuar estudiando.
Con el tiempo, la pareja formó una familia de tres hijas.
De la desponchadora a la maquiladora y los campos agrícolas
La necesidad de generar ingresos llevó a Coronado a desempeñar diferentes trabajos.
Después de la desponchadora, comenzó a colaborar en una oficina de bienes raíces de su abuelo.
También ayudaba a su padre en trabajos de albañilería durante los fines de semana.
Cuando ingresó a la universidad, combinó sus estudios con actividades en la oficina familiar y jornadas laborales en una maquiladora.
Pero una de las experiencias que más recuerda ocurrió cuando estaba por terminar su carrera.
Necesitaba incrementar sus ingresos y encontró una oportunidad para trabajar como cuadrillero en actividades agrícolas.
En esta labor se encargaba de organizar y trasladar trabajadores a los campos, donde participaban en actividades relacionadas con cultivos como chile, cebolla y frijol.
Cada mañana recorría distintas colonias de Nuevo Casas Grandes para recoger a los integrantes de su cuadrilla.
El trabajo también implicaba enfrentar problemas mecánicos, dificultades de traslado y diferencias entre trabajadores de distintos barrios.
Coronado recuerda que, con apenas 21 años, tuvo que aprender a dirigir al grupo y establecer reglas de convivencia.
Su prioridad era que las personas pudieran trabajar en un ambiente de respeto, independientemente de la colonia de la que provinieran.
Aquella experiencia le dejó aprendizajes sobre liderazgo, organización y relaciones humanas.
Incluso recuerda que algunos trabajadores comenzaron a llamarlo “el padre”, un apodo que relaciona con la manera en que procuraba orientar y mantener unido al grupo.
El abuelo que le enseñó a no abandonar la escuela
Una de las principales influencias en la vida de Adrián Coronado fue su abuelo.
Lo recuerda como un luchador social que, pese a haber estudiado solamente hasta tercer grado de primaria, consideraba indispensable que las nuevas generaciones continuaran su educación.
Durante los años de preparatoria, su abuelo llegó a apoyarlo con 600 pesos para cubrir gastos escolares.
Pero, según Coronado, el respaldo económico era solamente una parte de la enseñanza.
Su abuelo insistía en que debían prepararse porque las oportunidades podían aparecer en cualquier momento, aunque sería difícil aprovecharlas sin los conocimientos necesarios.
Esa idea se convirtió en una motivación para concluir su carrera.
Coronado eligió estudiar Derecho porque veía en la profesión una posibilidad de ayudar a otras personas.
Actualmente, asegura que esa convicción también forma parte de la manera en que trabaja con su equipo.
Relata que en su despacho llegan a atender asuntos de personas que no cuentan con recursos suficientes para contratar representación legal.
Para él, ejercer la abogacía también implica reconocer las necesidades de quienes enfrentan dificultades.
Su filosofía parte de una idea que ha compartido con sus colaboradores: devolverle a la vida algo de lo mucho que ya les ha dado.
Cuando estuvo a punto de ser gerente y decidió renunciar
Después de concluir sus estudios universitarios, Coronado enfrentó otra dificultad: encontrar una oportunidad profesional.
Su primer empleo en esa nueva etapa fue en Banco Azteca, dentro del área de crédito y cobranza.
Ahí aprendió a desenvolverse bajo presión y a desarrollar habilidades de organización y liderazgo.
Su desempeño lo llevó a ser considerado para una gerencia.
Incluso presentó una evaluación de aproximadamente 1,200 preguntas y, según recuerda, obtuvo un resultado favorable.
Sin embargo, todavía no cumplía con el tiempo de antigüedad requerido para asumir el puesto.
Mientras esperaba esa oportunidad, comenzó a cuestionarse si realmente quería continuar por ese camino.
Las largas jornadas laborales también habían reducido el tiempo que podía compartir con su esposa y sus hijas.
Finalmente tomó una decisión que sorprendió a algunos compañeros: renunciar.
Lo hizo sin tener asegurado otro empleo.
Durante un tiempo regresó a trabajar con su padre en la construcción.
Coronado recuerda que algunos de sus antiguos compañeros se sorprendían al verlo nuevamente desempeñándose como ayudante de albañil, especialmente cuando había estado cerca de obtener una gerencia.
Pero él consideraba que se trataba de una etapa temporal.
Posteriormente trabajó como técnico en instalaciones de gas natural, donde aprendió a realizar reparaciones y labores de mantenimiento en equipos domésticos.
Más adelante llegó una oportunidad laboral en Quálitas, empresa aseguradora que, según su testimonio, representó otro momento importante en su trayectoria.
¿Por qué decidió dedicarse también al boxeo?
El deporte siempre estuvo presente en su vida.
Durante la primaria practicó futbol y participó en una competencia nacional en San Luis Potosí.
Aproximadamente a los diez u once años comenzó a entrenar boxeo en un gimnasio de Nuevo Casas Grandes.
Su afición también creció por influencia de su padre, con quien acostumbraba ver peleas los fines de semana.
Con el paso de los años, aquella afición se transformó en algo más.
Al involucrarse con gimnasios y jóvenes deportistas, Coronado comenzó a identificar necesidades que iban más allá del entrenamiento físico.
Conoció a muchachos que encontraban en el boxeo una razón para mantener la disciplina, continuar sus estudios o alejarse de situaciones de riesgo.
Recuerda casos de jóvenes que le compartieron haber dejado de consumir sustancias durante varios meses gracias a la constancia de sus entrenamientos.
También conoció a estudiantes que se esforzaban por mejorar sus calificaciones para poder seguir asistiendo al gimnasio.
Estas experiencias modificaron su manera de entender el deporte.
Para él, los gimnasios también pueden convertirse en espacios de acompañamiento y orientación para jóvenes que enfrentan dificultades personales o familiares.
El boxeo como una oportunidad para los jóvenes del noroeste
Coronado explica que decidió involucrarse en la promoción de funciones de boxeo al observar las dificultades que enfrentaban algunos peleadores cuando comenzaban su carrera profesional.
No quería que los jóvenes de los gimnasios locales participaran únicamente como rivales de paso en funciones organizadas fuera de su comunidad.
Su intención era contribuir a que tuvieran mayores oportunidades para desarrollarse.
Sin embargo, organizar una función de boxeo también implica un esfuerzo económico importante.
De acuerdo con su experiencia, un evento pequeño puede requerir alrededor de 100 mil pesos, mientras que una función de mayor tamaño, con varios peleadores locales, puede representar inversiones cercanas a 200 mil pesos.
Son cantidades que muestran parte de las dificultades de impulsar este deporte a nivel regional.
Pero Coronado asegura que su relación con los boxeadores no termina al concluir una pelea.
También ha acompañado a jóvenes durante situaciones personales difíciles, enfermedades y pérdidas familiares.
En su experiencia, el trabajo de promoción deportiva implica estar presente en momentos que no siempre son visibles para el público.
Porque detrás de cada deportista hay una historia que continúa fuera del gimnasio.
El papel de la familia en su trayectoria
A lo largo de la entrevista, Adrián Coronado reconoce repetidamente el respaldo de su esposa Paola.
Se conocieron cuando eran estudiantes y comenzaron a construir una familia en condiciones económicas difíciles.
Mientras él combinaba estudios y trabajo, ella asumía distintas responsabilidades del hogar y del cuidado de sus hijas.
Coronado considera que ese acompañamiento fue indispensable para continuar su preparación académica.
También recuerda el apoyo de su padre, su madre y su abuelo, quienes contribuyeron de distintas maneras a su desarrollo.
Su historia refleja una realidad que viven muchas familias: estudiar mientras se trabaja, criar hijos siendo jóvenes y buscar oportunidades laborales sin tener garantizado el siguiente paso.
En su caso, asegura que esas experiencias le ayudaron a comprender mejor las dificultades de las personas con quienes hoy convive y trabaja.
El mensaje de Adrián Coronado para quienes piensan abandonar sus estudios
Al finalizar la conversación, Coronado compartió un mensaje dirigido especialmente a jóvenes que se convirtieron en padres a temprana edad o que enfrentan dificultades para continuar estudiando.
Reconoció que las responsabilidades económicas pueden hacer que abandonar la escuela parezca la salida más inmediata.
Sin embargo, considera que la preparación académica puede abrir oportunidades a largo plazo.
También insistió en la importancia de mantener la constancia, incluso cuando los resultados no aparecen de inmediato.
Para él, comenzar algo es importante, pero también lo es encontrar la disciplina para terminarlo.
Su mensaje final fue una invitación a confiar en las propias capacidades y no permitir que las dificultades definan por completo el futuro.
“Cuando alguien les diga que no pueden, no les crean, porque ustedes pueden lograr más allá de lo que ustedes piensan”, expresó.
Una historia que comenzó mucho antes de ejercer la abogacía
La trayectoria de Adrián Coronado reúne experiencias que, a primera vista, parecen pertenecer a vidas diferentes.
Fue estudiante, desponchador, trabajador de la construcción, empleado de maquiladora, cuadrillero agrícola, colaborador bancario y técnico de gas natural.
También fue padre adolescente mientras intentaba concluir sus estudios.
Con el tiempo llegó a ejercer la profesión que había elegido y encontró en el boxeo otra manera de involucrarse con su comunidad.
Su historia no elimina las dificultades que implica formar una familia a temprana edad ni demuestra que todos puedan superar las mismas circunstancias de la misma manera.
Pero sí permite observar cómo el acompañamiento familiar, la educación y las oportunidades laborales pueden influir en una trayectoria personal.
Para Coronado, el esfuerzo de sus padres, el respaldo de su esposa y las enseñanzas de su abuelo continúan presentes en las decisiones que toma.
Y desde los gimnasios de Nuevo Casas Grandes busca compartir parte de esa experiencia con una nueva generación.
Porque, como plantea durante la entrevista, los resultados no siempre llegan de inmediato, pero la constancia permite seguir construyendo oportunidades.
Redacción por: Jesús Cota
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