La Catedral de Chihuahua, joya del barroco en el norte de México

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Imponente, labrada en piedra y cargada de historia, la Catedral de Chihuahua se alza en el corazón de la ciudad como el más destacado ejemplo del estilo barroco en el norte de México. Declarada como tal en 1891, cuando el Papa León XIII estableció la Diócesis de Chihuahua, este recinto religioso es hoy sede de la Arquidiócesis y uno de los símbolos de identidad más importantes de la región.

Su historia comenzó el 21 de junio de 1725, fecha en que se colocó la primera piedra del templo. Ubicada frente a la Plaza de Armas y el Palacio del Ayuntamiento, la catedral es un testimonio vivo del esplendor colonial que marcó el desarrollo de la entonces villa de San Felipe el Real de Chihuahua.

Arquitectura que cautiva

El diseño del templo responde a la clásica planta de cruz latina, con naves laterales, ábside cuadrado, coro alto a los pies, una imponente cúpula y dos torres de tres cuerpos. Pero lo más notable es su fachada barroca salomónica, considerada una de las más ricas del norte novohispano.

En ella destacan el apostolado esculpido en el imafronte frontal, así como sus proporciones monumentales: cinco calles, tres cuerpos y un elaborado remate que atrapa la mirada de locales y visitantes. Además de su valor arquitectónico, la catedral alberga una capilla anexa que añade mayor riqueza al conjunto.

Un legado vivo

Más allá de su valor estético y religioso, la Catedral de Chihuahua es una ventana al pasado colonial de la región y un puente con su presente vibrante. Cada año recibe a miles de fieles y turistas que recorren sus naves, descubren sus secretos y se maravillan con su historia.

Para quienes recorren la capital del estado, visitar este recinto es sumergirse en la herencia histórica y religiosa que forma parte integral de la identidad de Chihuahua.

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