San Antonio de los Arenales, al norte de la ciudad de Chihuahua, fue el destino elegido por los primeros menonitas que llegaron a México a finales de 1922. Procedentes de Alemania y Holanda, estos colonos arribaron en familias completas, trayendo consigo no solo sus pertenencias, sino también sus costumbres, aspiraciones y un firme compromiso con sus preceptos religiosos.
El nombre de esta comunidad proviene de Menno Simmons, su líder más importante, cuya influencia ha perdurado por generaciones. La migración hacia México se precipitó tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, cuando el conflicto puso en riesgo sus principios pacifistas y su forma de vida. Fue entonces cuando adquirieron grandes extensiones de tierra cultivable en el norte del país, donde echaron raíces definitivas.
50 mil miembros entre conservadores y liberales
En la actualidad, la comunidad menonita de Chihuahua está integrada por aproximadamente 50 mil personas, divididas en dos grupos que conviven y colaboran a diario: un 80 por ciento se identifica como conservador, mientras que el 20 por ciento restante es considerado liberal. Pese a sus diferencias, ambos sectores han acordado que ello no impedirá trabajar juntos por el bienestar común.
La distinción entre unos y otros es clara. Los liberales han incorporado tecnología a su vida cotidiana: utilizan internet, teléfonos celulares y asisten a escuelas incorporadas a la Secretaría de Educación Pública (SEP) hasta los 14 años. Los conservadores, en cambio, limitan su educación a las escuelas propias de la comunidad. Una vez que concluyen el bachillerato, los jóvenes liberales se incorporan a las labores del campo —en el caso de los varones— o del hogar —en el de las mujeres—, siguiendo patrones tradicionales de género.
Idioma, educación y matriarcado
Los menonitas han preservado su lengua materna, el alemán bajo, un dialecto derivado del alemán tradicional que se enseña en sus escuelas. Aunque las autoridades mexicanas les han otorgado permiso para mantener un sistema educativo distinto al oficial, cada lunes la comunidad entona el himno nacional mexicano en alemán tradicional, un gesto que refleja su respeto por el país que los acogió.
Uno de los rasgos más notables de su organización social es el matriarcado. En la toma de decisiones, la mujer tiene la última palabra, un modelo que contrasta con muchas otras estructuras comunitarias. Además, una de sus reglas fundamentales es contraer matrimonio únicamente entre miembros de la propia comunidad.
Filosofía de trabajo colectivo y reparto equitativo
La filosofía de vida menonita se sostiene sobre un principio básico: se trabaja para la comunidad, y los frutos de esa labor deben ser repartidos entre todos sus integrantes. Gracias a ello, nadie carece de alimento ni vestido. La comunidad se apoya mutuamente y no se permite la acumulación de bienes materiales o riquezas. Cualquier excedente de producción debe destinarse a generar más, no al enriquecimiento personal.
Mientras los niños asisten a la escuela, sus familias aportan una cuota para compensar la ausencia de esa fuerza de trabajo en el campo, una muestra más de la solidaridad interna que los caracteriza.
El queso menonita: un producto nacional con historia propia
Finalmente, vale la pena recordar que el famoso queso menonita que hoy se consume en cualquier rincón de México es un producto nacional. Su origen se remonta a un trabajador menonita de Chihuahua, quien aprendió la técnica de elaboración de su patrón, un farmacéutico mormón. Ese conocimiento, transmitido y perfeccionado dentro de la comunidad, dio lugar a un alimento que trascendió las fronteras locales para convertirse en un emblema gastronómico del país.



