En Chihuahua, varias de esas piezas llevan la firma de un hombre que, desde su natal Camargo, decidió que el arte no debía encerrarse en museos, sino salir a plazas y avenidas para encontrarse con la gente. Ese hombre es Enrique Carbajal González, mejor conocido como Sebastián, un escultor cuya obra monumental ha cruzado fronteras sin perder jamás el vínculo con su tierra originaria.
El reconocimiento a su legado llegó este año cuando el Congreso del Estado le otorgó el título de “Chihuahuense Distinguido”, una distinción que, para muchos, llegó tarde, pero que confirma lo que los chihuahuenses ya sabían: Sebastián es uno de los embajadores culturales más importantes que ha dado la entidad . Su obra, presente en capitales de todo el mundo, tiene en el estado norteño una concentración de piezas que narran la historia, identidad y aspiraciones de su gente.
Un nombre con historia
Antes de ser el creador de estructuras geométricas que desafían la gravedad, Enrique Carbajal fue un joven que en la Academia de San Carlos de la Ciudad de México comenzó a construir su leyenda. El apodo que lo inmortalizaría llegó por casualidad o, quizás, por designio artístico. El poeta Carlos Pellicer le dijo en una ocasión que parecía “salido de un Sebastián de Botticelli”, y el nombre se le quedó pegado con la fuerza de una escultura de acero.
Desde entonces, su visión ha sido clara: el arte debe ser público. “Desde la época de las cavernas hasta hoy, el ser humano se ha esforzado por poner obras escultóricas en el espacio público, donde nadie tiene que pagar para verlo”, ha expresado el artista . Esa filosofía lo ha llevado a erigir más de 269 esculturas monumentales en puntos clave del planeta, pero es en Chihuahua donde su discurso cobra un significado especial.
La puerta de entrada y el abrazo de la ciudad
Para quien llega a la capital del estado por el sur, la bienvenida no es un cartel ni un arco convencional. Es la Puerta de Chihuahua, una pieza de hierro de formas geométricas que Sebastián donó a su estado . La obra, que se ha convertido en un ícono para los viajeros, no es un simple adorno. Su diseño guarda una intención arquitectónica que dialoga con el pasado: representa, en sus tres órdenes, el mestizaje chihuahuense, el caserío de los pueblos de Paquimé y las primeras misiones españolas de la región . Es, en esencia, la historia de un territorio sintetizada en acero.
El símbolo que define a una frontera
Si la Puerta de Chihuahua es el saludo, la “X de Juárez” o Monumento a la Mexicanidad es el grito de identidad de la frontera norte. Ubicada en Ciudad Juárez, esta estructura de 210 pies de altura (aproximadamente 64 metros) es mucho más que una letra; es un manifiesto cultural .
Cuando le pidieron que creara un monumento en honor a Benito Juárez, Sebastián se negó a hacer una estatua más del Benemérito de las Américas. En lugar de eso, se sumergió en la historia para encontrar un gesto más profundo: la “X” que Juárez le devolvió a la palabra México, reemplazando la “j” mestiza por la “x” de origen prehispánico . La escultura, inspirada en la geometría del Calendario Azteca, representa los cuatro rumbos del universo y el dios del sol. “La X de Juárez ya no es mía, es del pueblo”, ha dicho el escultor, y la gente de la ciudad así lo ha asumido: se toma fotos con ella, la han hecho suya. Es un faro que no solo alumbra el paisaje citadino, sino que ilumina un pedazo de la identidad mexicana.
Un museo disperso por el territorio
Pero la obra de Sebastián en Chihuahua no se agota en estas dos piezas. Su legado se encuentra diseminado por todo el estado, a veces en lugares tan cotidianos como una universidad.
- Libra y Puerta del sol: En la Universidad Autónoma de Chihuahua se levantan dos de sus obras más representativas. “Libra”, de 7 metros de altura, y la monumental “Puerta del sol”, que alcanza los 35 metros, son testimonio de su vínculo con las instituciones educativas y su convicción de que el arte debe formar parte del proceso de aprendizaje.
- Derecho a huelga: En la ciudad de Chihuahua, una escultura de 5 metros con este nombre recuerda la lucha social y la fuerza de los trabajadores.
- Guirnalda: Ubicada en el Parque Central El Palomar, esta pieza se integra al espacio de esparcimiento familiar.
- Chac Mool: Creada en el año 2005, esta obra se suma al catálogo de piezas que el artista ha dedicado a reinterpretar la iconografía prehispánica, una constante en su trayectoria que lo ha llevado incluso a exponer en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México .
- Tsuru: En Ciudad Juárez, una obra de 8 metros engalana el paisaje urbano.
Futuro y legado
Con casi 80 años de vida y una carrera que no se detiene, Sebastián sigue proyectando el nombre de Chihuahua al mundo. Recientemente, ha manifestado su interés en colaborar con el municipio de Ciudad Juárez para instalar una nueva obra en el Parque Suroriente, una muestra de que su compromiso con el espacio público sigue vigente.
El escultor que se formó entre las aulas de San Carlos y que fue testigo de los movimientos sociales de 1968, no ha dejado de sorprender. Su obra, basada en disciplinas científicas como la geometría y la física, demuestra que el arte y el conocimiento pueden caminar de la mano. Y en cada una de sus piezas, como él mismo señala, debe haber “algo de magia y misterio” . En Chihuahua, esa magia está a la vista de todos, al alcance de quien quiera detenerse a mirar.




