En los confines de nuestro sistema solar, la nave de la NASA se topó con un gigantesco muro de plasma que protege la Tierra de la radiación galáctica. Mientras atravesaba la heliopausa —el borde donde termina la influencia del Sol—, Voyager 1 encontró un territorio infernal invisible: plasma a 30,000–90,000 °F, acumulado donde los vientos solares chocan con la presión del espacio interestelar.
Este “muro” no es sólido, sino un hervidero cósmico donde las partículas solares se frenan y se amontonan, formando un límite espectacular entre nuestro vecindario solar y el profundo cosmos. Y aunque las temperaturas sean extremas, el plasma es tan escaso que no sentirías calor si estuvieras ahí.
Más allá de lo extremo, este límite es un escudo protector vital que desvía gran parte de la radiación cósmica dañina, manteniendo la vida en la Tierra a salvo. A más de 15 mil millones de millas, Voyager 1 sigue enviando datos, revelando que el borde de nuestro sistema solar es mucho más violento y complejo de lo que imaginábamos.
¡El universo nos sigue sorprendiendo y Voyager 1 nos cuenta todos sus secretos!
Fuente: Stone, E. C., Cummings, A. C., McDonald, F. B., Heikkila, B. C., Lal, N., & Webber, W. R. Voyager 1 Observes Low-Energy Galactic Cosmic Rays in a Region Depleted of Heliospheric Ions. Science.
Por Chihuahua Es Cultura